Gordofobia: la discriminación que se normaliza bajo la idea de “salud”
Autoaceptación, derechos y lenguaje: la lucha que también se da fuera del cuerpo
Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial contra la Obesidad; sin embargo, en los últimos años, activistas y personas con obesidad han resignificado esta fecha como una jornada para visibilizar la gordofobia, una forma de discriminación estructural que afecta la vida cotidiana, el acceso a la salud y las oportunidades sociales de las personas con cuerpos diversos.
La Lic. Marcela Rumayor Cárdenas, creadora del proyecto “Amor sin tallas”, explica que esta violencia no siempre es evidente, ya que suele disfrazarse de preocupación, humor o consejos bien intencionados. En muchos casos, los comentarios sobre el cuerpo, la comida o el peso se consideran normales, aun cuando generan daño emocional y refuerzan estigmas.
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Su propio proceso comenzó tras más de dos décadas de intentar modificar su cuerpo para encajar en un ideal social. “Habían sido años de una guerra, literal una guerra contra mi cuerpo”.
Esa experiencia le permitió identificar que el problema no era individual, sino social y cultural. Desde su perspectiva, la gordofobia se manifiesta cuando se asume que una persona gorda es menos sana, menos disciplinada o menos valiosa, sin considerar su contexto, ni su historia.
Uno de los ámbitos donde esta discriminación resulta más evidente es el sistema de salud, donde el peso suele convertirse en el primer y único foco de atención. “A la persona gorda lo primerito que le van a decir es baja de peso. Si la persona es delgada y tiene hipertensión, ¿qué le vas a decir? ¿O qué le vas a recomendar?”, señala, lo que puede provocar diagnósticos incompletos o tardíos.
En la vida cotidiana, esta violencia aparece en opiniones no solicitadas, conversaciones centradas en dietas o mensajes persistentes para adelgazar. “El que quieran opinar sobre tu cuerpo, sobre tu plato, sobre lo que vas a comer, eso es gordofobia”.
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Rumayor subraya que la lucha contra la gordofobia no se limita al amor propio, sino que implica el reconocimiento de derechos y dignidad para todos los cuerpos. Una cosa es pasar por un proceso de aceptación, pero afuera hay una sociedad que aún impide ciertos derechos.
Por ello, considera fundamental visibilizar estas prácticas y cuestionar aquello que durante años se ha considerado normal, para avanzar hacia una convivencia más empática e incluyente.
Frases y acciones normalizadas que reproducen gordofobia
Frase: Baja de peso.
¿Por qué es problemática?
Reduce cualquier problema de salud únicamente al tamaño corporal.
Frase: Lo digo por tu salud.
¿Por qué es problemática?
Justifica comentarios no solicitados sobre el cuerpo.
Acción: Opinar sobre el plato o la comida.
¿Por qué es problemática?
Invade decisiones personales y refuerza estigmas.
Frase: Es una broma.
¿Por qué es problemática?
Minimiza el impacto emocional de la violencia verbal.
Acción: Asumir que alguien está así porque quiere.
¿Por qué es problemática?
Culpa a la persona e ignora factores sociales y biológicos.
UN PROCESO PERSONAL QUE SE VOLVIÓ COLECTIVO
La historia de Marcela Rumayor no comenzó en redes sociales, sino muchos años antes, en una relación marcada por el desgaste físico y emocional por el intento constante por modificar su cuerpo. Durante décadas buscó bajar de peso convencida de que ese era el único camino posible hacia la salud y la aceptación.
Esa búsqueda la llevó a someterse a dos cirugías para adelgazar. Una de ellas fue especialmente agresiva: “en la que te cortan el intestino grueso, quedas con secuelas de por vida”, explicó.
A pesar de las promesas de bienestar, el resultado fue el contrario: afectaciones a su salud y sin los cambios que esperaba. Con el paso del tiempo y tras comprobar que ni siquiera una segunda cirugía daba resultados, decidió detenerse y replantear su relación con su cuerpo.
Ese alto marcó un punto de inflexión. Marcela comenzó a buscar información distinta a la que había escuchado toda su vida y se acercó a conceptos como la aceptación corporal, el amor propio, la diversidad de cuerpos y el enfoque de salud en todas las tallas.
En ese proceso entendió que su cuerpo podía estar sano sin seguir siendo intervenido y que muchas de las exigencias que había interiorizado respondían a una construcción social.
Hace un año, esa transformación personal se convirtió en algo que necesitaba compartir. Abrió su cuenta de Instagram @amorsintallas con la intención de acompañar a otras personas que atravesaban procesos similares.
“Al principio era más como que me entendieran, platicarles mi historia”, recordó, pero con el tiempo se dio cuenta de que muchas personas se identificaban con lo que compartía.
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En sus publicaciones habla desde la experiencia: de la presión constante por bajar de peso, de la normalización de comentarios sobre el cuerpo ajeno y de situaciones que suelen pasar desapercibidas, como la insistencia de personas que le ofrecían productos para adelgazar bajo el argumento de la salud, incluso después de haber dicho que no estaba interesada.
Actualmente, Marcela también lleva su testimonio fuera de redes sociales. A través de conferencias presenciales en México y Estados Unidos, comparte su historia como una forma de visibilizar la gordofobia y subrayar que la aceptación personal no es suficiente si no va acompañada de respeto, dignidad y condiciones justas para todos los cuerpos.