Monclova: Entre rezos y horno, monjas dominicas elaboran Roscas de Reyes
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Religiosas monclovenses mantienen viva la tradición con pan artesanal hecho con fe y sentido comunitario
MONCLOVA, COAH.- Entre rezos, silencios y el aroma del pan recién horneado, las monjas dominicas de Monclova mantienen viva la tradición de la Rosca de Reyes, una labor que combina fe, trabajo artesanal y servicio comunitario.
Desde temprana hora, en el convento, las religiosas se organizan para elaborar este pan simbólico que llegará a las mesas de decenas de familias de la región.
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La elaboración de la rosca no es solo un acto culinario, sino una expresión espiritual. Su forma circular representa la corona de los Reyes Magos y, al mismo tiempo, el amor infinito de Dios, sin principio ni fin.
La fruta cristalizada que la decora simboliza las joyas reales, mientras que los pequeños muñecos ocultos en su interior recuerdan el pasaje bíblico en el que el Niño Jesús fue escondido para protegerlo.
Esta tradición, de origen europeo y arraigada en México desde los primeros años de vida independiente, ha adoptado características propias en el país.
En manos de las monjas dominicas, la rosca conserva su significado religioso y se adapta al paladar mexicano, reforzando su valor como símbolo de unión familiar y fe compartida.
Con un marcado espíritu solidario, las religiosas ofrecen roscas a precios accesibles para la comunidad. La rosca chica cuesta 120 pesos e incluye dos muñecos; la mediana, 240 pesos con tres niños; la mediana grande tiene un precio de 380 pesos e incluye cinco niños; mientras que la rosca mega, pensada para reuniones numerosas, cuesta 480 pesos y contiene siete muñecos.
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Durante esta temporada, la producción alcanza entre 300 y 400 roscas de distintos tamaños, además de pedidos especiales. Los recursos obtenidos no tienen un fin comercial, sino que se destinan al mantenimiento del convento, lo que permite a las monjas continuar con su vida de oración y servicio.
Así, cada Rosca de Reyes elaborada en el convento dominico de Monclova lleva consigo algo más que pan: es un gesto de fe, tradición y generosidad que se comparte de mesa en mesa.