‘Salimos con los niños y una bolsa de documentos’: familia pierde todo tras desbordamiento del Arroyo Frontera
Una familia de Frontera perdió prácticamente todas sus pertenencias luego del desbordamiento del Arroyo Frontera. La contingencia dejó cerca de 400 viviendas afectadas y alrededor de mil 700 personas damnificadas
FRONTERA, COAH.- En un abrir y cerrar de ojos, tan solo en cuestión de minutos, el agua les arrebató años de esfuerzo, sacrificios y trabajo.
La madrugada de este lunes, mientras la lluvia azotaba la Región Centro, una familia que habita a las márgenes del Arroyo Frontera sobre la calle Francisco Villa, en la colonia Independencia, vio cómo la corriente entró con fuerza a su vivienda y destruyó prácticamente todo lo que tenían.
Hoy, entre lodo, muebles inservibles y paredes marcadas por el nivel que alcanzó el agua, Ayerin Rodríguez y Jesús Hernández intentan rescatar lo poco que quedó de su patrimonio, mientras enfrentan la incertidumbre de no saber cómo volverán a empezar.
La familia, integrada también por sus hijos de 3 y 14 años de edad, vivió momentos de terror cuando durante la madrugada el arroyo se salió de su cauce y el agua comenzó a avanzar hacia las viviendas cercanas.
Al principio pensaron que se trataba únicamente de la lluvia acumulada.
Como muchas otras familias, intentaron sacar el agua que comenzaba a meterse a la casa, creyendo que lograrían controlar la situación.
Pero de pronto todo cambió.
La lluvia dejó de ser el principal problema.
El verdadero peligro venía desde el arroyo.
LA MADRUGADA EN QUE EL AGUA ARRASÓ CON TODO
“Cuando mi esposo estaba sacando el agua se dio cuenta de que ya no estaba lloviendo igual. Volteó hacia el arroyo y vio que se estaba desbordando”, recordó Ayerin mientras observaba los daños.
La corriente comenzó a entrar con rapidez.
No hubo tiempo para mover muebles; no hubo tiempo para rescatar electrodomésticos; mucho menos hubo tiempo para salvar recuerdos, ropa o pertenencias.
La desesperación se apoderó de la familia cuando comprendieron que el agua seguiría subiendo y que permanecer dentro de la vivienda representaba un riesgo.
“Mi esposo me dijo que ya no había nada que hacer, que agarrara a los niños y saliera”, relató.
Con el miedo reflejado en el rostro y sin saber qué ocurriría en los siguientes minutos, tomó a su hijo menor, llamó a su hija adolescente y abandonó la vivienda.
Lo único que alcanzó a rescatar fue una bolsa con documentos importantes: actas de nacimiento, escrituras de la casa y papelería personal. Nada más.
Todo lo demás quedó dentro de la casa.
“Salí con mi niño, hablé a la mayor y nos salimos. Nada más alcancé a sacar los papeles y mi bolsa”, contó.
Mientras ella ponía a salvo a sus hijos, Jesús Hernández permaneció algunos minutos más intentando rescatar algunas pertenencias.
Sin embargo, en medio de la emergencia sufrió un accidente. Un vidrio se le incrustó provocándole una lesión que obligó a trasladarlo a recibir atención médica a la Cruz Roja.
La familia tuvo que abandonar completamente la vivienda.
REGRESAR A CASA Y ENCONTRAR SOLO DESTRUCCIÓN
Horas después, cuando regresaron, encontraron una escena devastadora.
El agua ya se había retirado, pero había dejado destrucción a su paso.
Las camas estaban arruinadas. La sala quedó inservible. Los colchones terminaron contaminados por el agua y el lodo. El refrigerador quedó dañado. La ropa estaba empapada y cubierta de suciedad. Aunado a ello, todo olía mal por la basura y demás cosas que se arrastraban en el arroyo.
La mercancía de un pequeño negocio familiar prácticamente se perdió por completo.“Ya cuando regresamos estaba todo deshecho”, recordó.
Las pérdidas económicas son difíciles de calcular con precisión, pero la familia estima que superan los 100 mil pesos entre muebles, electrodomésticos y mercancía.
Sin embargo, para ellos el golpe más duro no es únicamente económico.
Es emocional. Porque detrás de cada objeto había años de trabajo.
Detrás de cada mueble existían sacrificios.
Detrás de cada aparato había jornadas laborales, viajes y esfuerzos para poder adquirirlos.
“Nosotros trabajamos mucho para tener nuestras cosas. Todo fue poco a poco y ahora prácticamente ya no quedó nada”, lamentó.
Entre los restos de la vivienda, Ayerin intenta rescatar algunas pertenencias que todavía puedan servir.
El comedor es uno de los pocos muebles que podría recuperarse.
El resto parece condenado a terminar en la basura.
“Lo único que estoy tratando de salvar es el comedor porque era muy pesado. Todo lo demás ya no sirve”, expresó.
La tragedia también llegó acompañada de otro problema.
Jesús Hernández resultó lesionado durante la emergencia y no podrá reincorporarse de inmediato a sus actividades laborales.
Eso significa que además de enfrentar las pérdidas materiales, la familia tendrá que sobrellevar días complicados sin ingresos suficientes.
La preocupación crece conforme pasan las horas.
Hay una casa que limpiar.
Hay pertenencias que reemplazar.
Hay gastos que continúan llegando.
Y hay dos menores que dependen completamente de ellos.
A pesar de todo, Ayerin reconoce que en los momentos más difíciles no estuvieron solos.
Familiares y vecinos acudieron para ayudarlos a sacar lodo, mover muebles y comenzar la limpieza.
“Mi familia fue la que me ayudó. Ellos estuvieron aquí sacando cosas y limpiando porque la verdad solos no hubiéramos podido”, comentó.
Aunque algunas autoridades llevaron apoyos básicos y productos para sanitizar las viviendas afectadas, la familia considera que aún queda mucho por hacer para poder recuperarse de una tragedia que les arrebató prácticamente todo.
Hoy necesitan artículos de limpieza, muebles, electrodomésticos y apoyo económico para poder volver a empezar.
“Lo que más necesitamos es ayuda porque la situación está difícil. Nosotros ya teníamos nuestros gastos y ahora se perdió todo. Mi esposo está lesionado y no podrá trabajar por un tiempo”, señaló.
Mientras observa las marcas que dejó el agua en las paredes de su casa, Ayerin todavía intenta asimilar lo ocurrido.
Hace apenas unos días tenía un hogar equipado, mercancía para trabajar y una vida construida con años de esfuerzo.
Hoy solo le quedan los documentos que alcanzó a sacar en medio de la emergencia.
Lo demás fue arrastrado por la fuerza del agua.
La madrugada del lunes, el Arroyo Frontera no solamente se desbordó.
También se llevó los ahorros, los muebles, la tranquilidad y gran parte del patrimonio de una familia que ahora enfrenta el difícil reto de comenzar nuevamente desde cero.
Y aunque agradecen que sus hijos estén a salvo, el dolor de ver destruido el trabajo de tantos años es una herida que difícilmente podrá borrarse cuando las aguas terminen de retirarse.
La tragedia que golpeó a la familia de Ayerin y Jesús se repitió en cientos de hogares de Frontera.
CIENTOS DE FAMILIAS AFECTADAS POR EL DESBORDAMIENTO
De acuerdo con cifras preliminares proporcionadas por el municipio, el desbordamiento del Arroyo Frontera dejó alrededor de 400 viviendas afectadas y cerca de mil 700 personas damnificadas, luego de que una importante avenida de agua descendiera desde el Cerro del Mercado e inundara los sectores ubicados a las márgenes del cauce.
Las zonas más cercanas al arroyo registraron los mayores daños, con casas anegadas, pérdidas de mobiliario y familias que tuvieron que abandonar temporalmente sus hogares mientras se realizaban labores de auxilio.
Desde las primeras horas de este lunes, cuadrillas municipales, maquinaria pesada y personal de distintas dependencias comenzaron trabajos de limpieza y remoción de lodo para restablecer las condiciones de seguridad en las áreas afectadas.
La alcaldesa Sara Irma Pérez Cantú visitó personalmente a los damnificados; ahí informó que, aunque algunas viviendas registraron daños menores, otras sufrieron pérdidas severas en su patrimonio.
Precisó que el censo preliminar arroja cerca de 400 viviendas dañadas y alrededor de mil 700 personas afectadas por la contingencia, cifras que podrían aumentar conforme avancen las evaluaciones en las colonias perjudicadas.
La edil destacó que personal municipal, dependencias estatales y organismos de apoyo continúan recorriendo los sectores afectados para identificar las necesidades más urgentes de las familias damnificadas, al tiempo que hizo un llamado a la solidaridad de la ciudadanía para apoyar con ropa, muebles y artículos para el hogar a quienes, como Ayerin y Jesús, hoy enfrentan la difícil tarea de comenzar de nuevo después de haberlo perdido todo.