Presenta el Mude nueva especie de dinosaurio carnívoro descubierta en Coahuila
Investigadores del Museo del Desierto y universidades internacionales identificaron una nueva especie de dinosaurio que habitó el norte de México hace 74 millones de años
Un equipo internacional de paleontólogos, encabezado por expertos del Museo del Desierto (MUDE) y la Universidad Humanista de las Américas, en colaboración con la University of Bath del Reino Unido, presentó oficialmente al Xenovenator espinosai, una nueva especie de dinosaurio carnívoro que habitó el norte de México hace aproximadamente 74 millones de años.
El hallazgo, publicado en la revista científica Diversity, marca un hito en el conocimiento de la evolución de los dinosaurios en Norteamérica.
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UN CAZADOR ESPECIALIZADO Y PARIENTE DE LAS AVES
La mañana de este martes, el grupo de expertos presentó al Xenovenator, el cual pertenece a la familia de los troodóntidos, un grupo de terópodos conocidos por su cercanía evolutiva con el origen de las aves.
El paleontólogo Héctor Rivera explicó que las investigaciones indican que este ejemplar alcanzó dimensiones destacables para su grupo, con un tamaño de alrededor de tres metros de largo y un peso estimado de entre 150 y 160 kilogramos.
“Poseía ojos muy grandes orientados hacia el frente, lo que le permitía cazar con precisión incluso en condiciones de poca luz, como los búhos. Además, contaba con un oído muy desarrollado”, declaró en entrevista.
Aunque el ejemplar principal no conservaba los dientes, el análisis de su familia indica que estos tenían forma de sierra, diseñados para sujetar presas en movimiento y evitar que escaparan.
“Al igual que otros troodóntidos, presentaba un cerebro relativamente grande en proporción a su cuerpo, lo que sugiere comportamientos complejos”, comentó Rivera.
LA TECNOLOGÍA DETRÁS DEL HALLAZGO
La identificación de esta nueva especie fue posible gracias al estudio de un endocráneo excepcionalmente preservado y restos de al menos tres individuos encontrados en la Formación Cerro del Pueblo.
Los científicos utilizaron un CT Scan (tomografía computarizada) para analizar el interior de las piezas óseas. Fue este análisis detallado el que permitió determinar que no se trataba de un dromeosáurido, como el conocido Velociraptor, sino de un género y especie completamente nuevos, debido a características únicas en las líneas de sutura y en la estructura del frontal del cráneo.
Luis Espinosa, director del Museo de Geología de la UNAM, quien estuvo presente en la rueda de prensa, destacó la importancia del hallazgo.
“Quien no conoce su historia no puede interpretar su presente y, sobre todo, ver hacia el futuro. Aquí lo que tenemos es que las rocas tienen memoria, igual que las células, y contienen los elementos de cuando se formaron: la temperatura, el clima y las condiciones de cómo era la Tierra en ese momento. Cada vez más, los geofísicos y geoquímicos nos ayudan a desentrañar esa memoria de las rocas. Por eso, cuando hablamos de organismos que tienen 74 millones de años, esto está basado en datos duros, y desde ese punto de vista podemos ver cómo era la vida en el pasado en Coahuila”, expresó.
“Conocer el pasado nos ayuda a comprender lo que vivimos. En pocas palabras, saber que las condiciones del clima actualmente pueden cambiar muy rápidamente”, añadió.
EL DESAFÍO DE ENCONTRAR FÓSILES EN LA SIERRA MADRE
Héctor Rivera, jefe del Departamento de Paleontología del Museo del Desierto de Saltillo, explicó por qué en México es extremadamente difícil encontrar esqueletos completos, en comparación con países como Canadá o Estados Unidos. La causa principal es la orogenia, el proceso de levantamiento de las placas terrestres que dio origen a la Sierra Madre.
“A diferencia de las planicies canadienses, donde el suelo se mantuvo estable, la geología mexicana ha provocado que la mayoría de los fósiles estén retrabajados y fragmentados”, indicó.
Además, explicó que hace 74 millones de años los ríos de la región arrastraban los cadáveres, lo que solía separar el cráneo del cuerpo antes del proceso de fosilización. De hecho, el cráneo del Xenovenator fue hallado con caracoles prehistóricos en su interior, evidencia de que la pieza ya estaba rota y sumergida antes de convertirse en piedra.
Es importante mencionar que este descubrimiento es el resultado de más de 20 años de trabajo continuo, revisando colecciones y realizando nuevas colectas en el desierto coahuilense.