Arturo Berrueto, 96 años de una historia llena de libros y recuerdos de Saltillo
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En sus más de nueve décadas ha sido maestro, beisbolista, periodista, político, historiador y escritor
Ya desde antes lo conocía, ¿quién no va a conocer al profe Berrueto?
Años atrás, cuando me iniciaba en el excitante mundo del reporterismo callejero, había asistido a alguna de sus conferencias o presentaciones de libros.
Otra vez lo había buscado para que me platicara sobre los lugares de los que en Saltillo se rumoreaba que había relaciones o tesoros escondidos.
Pero fue hasta hace poco que la dirección del periódico me encargó un perfil del profe Berrueto, que pude conocerlo de más cerca.
Y entonces me di cuenta de que, como diría el fabuloso periodista peruano Julio Villanueva Chang, de cerca nadie es normal.
Lo digo porque la vida y obra de Arturo Berrueto González es tan extraordinaria que escapa de lo normal, de lo puramente ordinario, de lo cotidiano.
Y confieso que conocer tan de cerca al hombre beisbolista, maestro de escuela, periodista, político, historiador, escritor, en una palabra, multifacético, que es el profe Berrueto, me puso, como diría el novelista Enrique Serna, los complejos de punta.
Largas horas lo entrevisté para ese perfil, mismas largas horas que me solacé escuchando las anécdotas de su niñez en su muy querido, entrañable, Barrio del Piojo, barrio aquel del Saltillo rural.
Y me solacé escuchando sus travesuras, aventuras, romances, amores y dolores de su más tierna juventud.
Sus días en las aulas y pasillos de la Normal de Maestros, en la que por cierto fue aprobado por unanimidad, algo así como que se graduó con honores.
Y me solace de saber sus inicios y cómo se convirtió en prometedora estrella del rey de los deportes a nivel nacional e internacional.
De cómo penetró en el periodismo y luego en mundo de la política, azaroso mundo éste.
Y conocí lo que había detrás del hombre aquel que dirigió los destinos de Saltillo como alcalde de la ciudad a principios de los setenta, un alcalde que hoy muchos recuerdan como el hombre íntegro, honesto, de altos valores que hoy es extraño observar en la política y sus políticos.
Fueron tres días los que estuve charlando con el profe Berrueto en la oficina – biblioteca de su modesta casa de la esquina de Privada Durango y Distrito Federal.
“Ah chingao, pos irás a escribir un libro”, me dijo el señor humilde, sencillo, modesto, con traje a la americana que yo conocí de cerca sentado detrás de su mesita de pino y que es el profe Berrueto.
Con qué placer, placer que ha de experimentar quien se jacte de ser un contador de historias, recorrí su vida a través de las fotografías que trajeron sus hijos Alejandra y Jorge para endulzar la plática.
Ayer fue el cumpleaños 96 del profe Berrueto, me di el lujo de asistir al festejo y volví a ver al hombre alto, de rostro afable, camisa celeste impoluta, pantalón oscuro y zapatos lustrosos.
El restaurante abarrotado, pletórico, prolijo de amigos que lo saludaban, abrazaban y le expresaba sus parabienes.
No todos los días se cumplen 96 años, pensé.
Que cuántos años querría vivir, recuerdo que le pregunté al profe Berrueto uno de esos días que lo visité en su casa...
- Los que diga “El Güero Chuy...”.