Censo de fantasmas: Saltillo
revela sus historias de miedo
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Por las noches, Saltillo parece recordar cosas por su cuenta. Fantasmas, brujas, criaturas, crímenes y sucesos difíciles de explicar forman parte de una memoria que sobrevive porque dice algo sobre quienes somos.
Eso es lo fascinante del miedo: no necesita que creamos en él.
Durante octubre, VANGUARDIA contará 31 historias de terror ligadas a lugares reales de Saltillo. Queremos recuperar relatos, ubicar dónde ocurrieron y construir un mapa del miedo en la ciudad: una especie de censo de fantasmas.
Hay ejemplos de sobra. En el Ojo de Agua persiste la historia de Mónico, perseguido por brujas y lechuzas hasta aparecer muerto en la pila de Altamira; también la de Las Galindo, tres hermanas que habrían matado a hachazos a unos ladrones. En el centro sobreviven relatos de casas con apariciones, cadáveres ocultos, cabellos y huesos encontrados entre muros, pianos que tocan solos y viejos expedientes por hechicería.
Sean verdad, leyenda o charlatanería, estas historias importan. Porque una ciudad no sólo se construye con hechos: también con aquello que teme, recuerda y se niega a olvidar.
Y queremos conocer las tuyas. Cuéntanos qué pasó, dónde ocurrió y, si tienes fotografías, videos o documentos, compártelos. Puedes escribirnos por las redes sociales de VANGUARDIA, mandar mensaje o audio por WhatsApp al 844 256 0929, o escribir a cgaytan@vanguardia.com.mx.
La muchacha seguía junto al toro mecánico del Tex-Mex de Saltillo, esperando que el hombre se cayera. Había prometido irse con él si aguantaba. El encargado aumentó la velocidad y ella se apartó un poco para dejarle sitio a la caída. El cuerpo se sacudía, volvía a enderezarse, aguantaba. Una bota salió despedida. La muchacha vio la pezuña buscando apoyo y tardó unos segundos en retroceder. Con ese hombre acababa de bailar un momento atrás. Todavía sentía su mano en la cintura cuando se apagaron las luces. El olor a azufre la acompañó hasta la salida. Alcanzó su carro y arrancó. Más adelante le fallaron los frenos. Murió en el choque, después de haber pisado varias veces, hasta el fondo, un pedal que ya no ofrecía resistencia.