Cuando la industria se desconecta de la naturaleza

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Saltillo
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La expansión de parques industriales exige proteger corredores biológicos, optimizar recursos y reducir afectaciones al entorno natural

El crecimiento industrial es una de las fortalezas económicas de Saltillo y su región. Genera empleos, atrae inversiones y transforma el territorio. Pero ¿qué sucede cuando una instalación industrial se construye sin comprender el ecosistema donde se establece?

Antes de levantar una nave industrial, el terreno ya cumplía funciones ambientales: absorbía lluvia, sostenía vegetación, permitía el desplazamiento de fauna y formaba parte de un paisaje natural. Al desmontarlo, nivelarlo y cubrirlo con concreto, muchas de esas funciones se alteran o desaparecen.

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La transformación no termina con la construcción. Las obras generan escombros, materiales de excavación, polvo y movimientos de maquinaria. Después llegan los residuos de los procesos productivos, el consumo de agua y energía, las emisiones y el tránsito de vehículos de carga. Por ello, la sostenibilidad debe comenzar desde la selección del terreno y el diseño de los parques industriales, no cuando la empresa inicia operaciones.

En una región semidesértica como Saltillo, esto implica conservar vegetación nativa, respetar cauces y escurrimientos, reducir superficies impermeables e incorporar infraestructura verde. Los jardines de lluvia, las áreas de infiltración, el arbolado adecuado al clima y los sistemas de captación pluvial pueden ayudar a disminuir impactos y mejorar las condiciones del entorno.

También es indispensable planear la gestión de residuos desde la obra: separar materiales, recuperar los que puedan reutilizarse y asegurar la disposición adecuada de los restantes. Los escombros no deben terminar en terrenos baldíos ni en arroyos. La economía circular debe incorporarse tanto a la construcción como a los procesos industriales.

El desafío aumenta cuando las instalaciones se ubican en corredores biológicos. Derramadero es un ejemplo cercano: en su entorno conviven parques industriales, comunidades rurales y hábitats utilizados por aves, reptiles y mamíferos, incluido el oso negro. La naturaleza no reconoce los límites de una propiedad.

Una barda puede delimitar una fábrica, pero también interrumpir el movimiento de animales. La iluminación nocturna puede alterar su comportamiento y el tránsito de carga incrementar el riesgo de atropellamientos. Por eso, las empresas necesitan conocer las especies presentes y las rutas que utilizan antes de definir sus proyectos.

Los estudios ambientales deben traducirse en decisiones concretas: conservar conectividad ecológica, prever pasos de fauna donde sean necesarios, proteger vegetación, controlar la iluminación exterior y establecer protocolos de encuentro con animales silvestres. Capacitar al personal es esencial para proteger tanto a los trabajadores como a la fauna.

La colaboración entre empresas, universidades, autoridades y comunidades permite compartir información, identificar riesgos y diseñar soluciones que trasciendan los límites de cada predio. Un corredor biológico no puede protegerse con acciones aisladas.

Tampoco basta con instalar jardines ornamentales a la entrada de una planta. La infraestructura verde debe integrarse a vialidades, estacionamientos, áreas de amortiguamiento y espacios comunes desde el proyecto original.

La competitividad industrial también dependerá de la capacidad para utilizar eficientemente los recursos, reducir impactos y adaptarse a las condiciones ambientales del territorio.

No se trata de detener el desarrollo, sino de reconocer que crecimiento económico y conservación pueden avanzar juntos. La industria necesita del territorio para prosperar y tiene la responsabilidad de cuidarlo. Una empresa sostenible no es solamente la que produce más con menos recursos, sino la que aprende a convivir con la naturaleza que la rodea.

Griselda Salas Alemán es arquitecta, urbanista, ambientalista, investigadora, catedrática y servidora pública. Especialista en desarrollo urbano sostenible, política ambiental, ordenamiento territorial e inundaciones. Ha impulsado proyectos sobre cambio climático, calidad del aire, infraestructura verde, movilidad, gestión del agua y resiliencia urbana.

Cuenta con experiencia en el diseño y adaptación de espacios públicos para poblaciones envejecidas, promoviendo ciudades accesibles, seguras e incluyentes para las personas adultas mayores y personas con discapacidad. Es Presidenta de la Asociación Mexicana de Urbanistas de Coahuila A. C. (AMU Coahuila) para el periodo 2025–2028. Su trabajo ha sido reconocido en el ámbito local y nacional.

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