El fenómeno del padre Chuy Pedro en El Chapulín (o cómo convertir un sermón en terapia para mil saltillenses)
¿Qué pasa cuando un sermón se convierte en una charla sobre Desarrollo humano, cuando nos ayuda a superar un duelo o depresión? Además de impartir (prácticamente) conferencias, el padre Chuy Pedro muestra a la Iglesia el camino para recuperar a la feligresía con reflexiones que hacen falta
En una ciudad donde una misa cotidiana dista mucho de convocar multitudes, lo que ocurrió en la concha acústica del parque El Chapulín rompe cualquier lógica. Alrededor de mil personas escuchan, guardan silencio, toman nota mental y, en algunos casos, lloran.
No es una misa cualquiera. Ni siquiera ocurre dentro de un templo. Es un ejercicio espiritual... o algo más cercano a una terapia colectiva.
Al frente no hay un altar. Hay pantallas, bocinas, música y videos que acompañan el mensaje. La voz del padre se mezcla con canciones y fragmentos proyectados, que convierten la noche en una experiencia más cercana a una charla motivacional que a una homilía tradicional.
¿Qué pasa cuando un sermón deja de ser un sermón? ¿Qué ocurre cuando hablar de Dios también implica hablar de depresión, duelo, traición y cansancio de vida?
El padre Chuy Pedro no arranca con doctrina. Arranca con una canción.
“Me levanté... salir de la noche oscura del alma”, se escucha entre la multitud, como si fuera una confesión colectiva disfrazada de letra. La gente sonríe, algunos repiten frases en voz baja.
¿Es normal escuchar esto dentro de un evento religioso? No del todo. Al menos, no un tema como “Me levante” de Dave Bolaño, un artista del género urbano que destaca en redes y streaming por sus temas de resiliencia y relaciones personales. Y quizá por eso funciona.
Desde el inicio, el mensaje se aleja del formato tradicional. No hay lectura rígida, ni discurso distante. Hay ejemplos, historias actuales. “La noche oscura del alma no es lo mismo que la depresión... pero puede confundirse”, explica. “No es algo malo. Es necesario. Es como mudar de piel”.
La gente asiente, todos parecen entender de qué habla.
Hay momentos en que la charla parece más consulta que homilía. “¿No les ha pasado que un día están bien y al siguiente no?”¿Que se levantan sin ganas de nada?”No hay que levantar la mano, las respuestas están en los silencios.
Chuy Pedro describe ese desgaste emocional con ejemplos concretos: un funeral por la mañana, una boda por la tarde; reír y llorar el mismo día. Ese contraste –dice– cansa más que cualquier trabajo físico.
Y entonces lanza otra idea que incomoda, pero conecta: “No necesitas que te pase algo trágico para caer en una noche oscura. A veces la vida, así nada más, te lleva”.
El discurso avanza y se vuelve más profundo. Habla de depresiones: de las que vienen por un golpe de la vida... y de las que llegan sin aviso.
“Hay una que es la más peligrosa: la depresión funcional”, advierte. “Trabajas, comes, cumples... pero algo no está bien. Y nadie se da cuenta”.
¿Quién no se ha sentido así alguna vez?
NO HACE FALTA LEVANTAR LA MANO
Una mujer, sentada a mitad del público, seca sus ojos con discreción. “Vine porque una amiga me insistió... y siento que está hablando de mí”, dice en voz baja.
Las pantallas se encienden nuevamente. Un video intenta reproducirse. Hay fallas técnicas por momentos, risas ligeras, paciencia colectiva. Ya van han pasado 30 minutos desde que empezó el evento. El padre continúa. Explica que el corto ‘Te presto mis alas’ habla de acompañar a alguien que no puede salir solo de su proceso. “Si no puedes volar, alguien te presta sus alas”, resume.
El recurso audiovisual no es adorno. Es parte del mensaje. Refuerza lo que se dice desde el escenario y mantiene la atención de un público que no se mueve, a pesar del tiempo.
Luego viene una de las partes más potentes de la noche: las pérdidas. No solo la muerte, también los sueños que no se cumplieron, las relaciones que terminaron, los trabajos que se fueron.
“¿Qué haces cuando pierdes tu punto de referencia?”, pregunta, y no responde de inmediato. Cuenta la historia de una amiga que perdió a su madre y, con ella, el sentido de por qué levantarse todos los días.
“¿Para qué trabajo? ¿Para qué sigo?”, le dijo. La pregunta se queda suspendida en el aire, porque no es ajena. Un joven asistente, al salir, lo resume distinto: “Uno piensa que viene a misa... pero sales pensando en tu vida”.
La respuesta no es rápida ni sencilla. “No puede haber un cadáver y dos muertos”, dice más adelante.
Es una frase dura, pero es también uno de los momentos en que más personas levantan la mirada. El dolor es válido, pero quedarse en él no. ¿Entonces qué se hace con el dolor? Se transforma.
“El dolor es como carbón... te ensucia, pesa. Pero también es combustible”, concluye. Amén.
“NO SON SOLUCIONES, SON PISTAS”
En medio de la reflexión, aparecen más preguntas: “¿Te has sentido cansado... pero no físicamente? ¿Ese cansancio que no se quita durmiendo? Es cansancio de vida”, responde él mismo.
Y también hay espacio para hablar de traiciones, de abusos cotidianos, de ese “drenaje diario” que va desgastando a las personas sin que lo noten.
“Lo peor de la traición es que se derrumba todo lo que construiste sobre alguien”, explica.
No hay citas bíblicas en ese momento; hay testimonios. Pero no todo se queda en el diagnóstico, en ubicar el problema. La charla insiste en una idea que se repite de distintas formas: nadie puede hacer el trabajo por ti.
“Te pueden amar... pero no pueden hacer que te ames a ti mismo”.
¿Entonces para qué sirven estos ejercicios? “No son soluciones. Son pistas”, afirma el sacerdote.
Hacia el final, el tono cambia; se vuelve más íntimo. Las luces bajan ligeramente, la música entra otra vez, la voz se suaviza. “Señor, ayúdame a que mi corazón vuelva a latir... a recuperar mis sueños”.
Muchos cierran los ojos. Algunos lloran. Otros simplemente permanecen en silencio, como si por fin hubieran encontrado un espacio para detenerse.
Lo que ocurre en El Chapulín es una respuesta a algo más amplio: el desgaste emocional, la necesidad de sentido, el vacío que muchas veces no encuentra espacio en lo cotidiano.
Mientras en otros espacios la asistencia disminuye, aquí crece. ¿Por qué?
Porque, tal vez, en lugar de respuestas absolutas, hay preguntas compartidas. Porque, quizás, habla de lo que duele... y eso es lo que se requiere. O podría ser que, en medio de todo, alguien dice en voz alta lo que muchos llevan tiempo necesitando: que a veces la vida nos derrumba... pero siempre hay forma de levantarse.
Ejercicios espirituales 2026
“¡Me levante! Salir de la noche oscura del alma”.
Hasta al 27 de marzo.
Auditorio parque El Chapulin.
20:00 horas.
Misa previa: 19:00 horas.