El hombre enterrado con el tesoro: historias de terror y leyendas de Saltillo
¿Quién sigue bajando las escaleras de una casa donde nadie ha encontrado todavía lo que quedó enterrado?
En Hidalgo y Juan Antonio de la Fuente hay una casa de dos pisos donde, de madrugada, se escuchan botas y espuelas. El ruido empieza en los escalones del último cuarto y baja hacia el patio trasero. Desde la calle cuesta distinguirlo entre los motores. Cuando dejan de pasar coches, se alcanza a oír.
A esa vivienda le han dicho Casa de las Carranza. Las hijas de don Venustiano se alojaron allí una temporada. También la conocen como la casa de la señora Finita. Quienes cuentan lo del entierro suelen señalarla al pasar, sin detenerse demasiado.
Al comenzar la Revolución, los españoles que vivían en ella vendieron la propiedad y sus pertenencias para marcharse. Les daba miedo llevar las monedas por los caminos. Su sirviente de confianza recibió el encargo de esconderlas dentro de la casa. Cuando acabó, lo enterraron junto al dinero. Así podían irse tranquilos porque nadie iba a decir dónde estaba.
Nunca volvieron. La casa pasó a otras manos y se llenó otra vez de muebles. Los nuevos habitantes oyeron caer cubiertos en la cocina durante la madrugada. En el fondo sonaban las espuelas de un hombre que bajaba los escalones. Alguien explicó que el sirviente seguía cuidando las monedas. Nadie pudo decir en qué parte lo habían enterrado.
Desde entonces, la historia acompaña a quienes van a pie por esa calle. A veces pasan platicando y apenas miran la fachada. A solas, cuando ya cerraron los negocios, se escucha mejor lo que sucede dentro.
Primero baja un pie. La espuela roza el borde del escalón antes de que baje el otro. Hay tiempo de cruzar la calle mientras el hombre llega al patio. También puede uno quedarse, creyendo que va a salir algún vecino.
Las botas avanzan hasta la entrada. Uno se aparta de la puerta por costumbre, para dejarlo pasar. Espera. Del otro lado hay alguien de pie, tan cerca que el siguiente paso tendría que darlo en la banqueta, pero nadie sale.
¿En dónde se supone que ocurrió esta historia?
En la esquina de Hidalgo y Juan Antonio de la Fuente, en el Centro Histórico
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