Fandango en el Desierto: una invitación a que Veracruz suene en Saltillo este sábado
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El encuentro busca reunir a la comunidad veracruzana en Saltillo y reconectar con sus raíces a través de la música, la gastronomía y el fandango
El sábado 3 de octubre, la Casa del Artesano —en la calle Hidalgo, entre Escobedo y De la Fuente, en el centro de Saltillo— se llenará de jaranas, zapateado y olor a café.
De 4:30 a 9:00 de la tarde, el colectivo Fandango en el Desierto convoca al Primer Encuentro de Veracruzanxs en Saltillo: una tarde para compartir comida, recetas familiares, historias de migración y, al final, un fandango.
La invitación es amplia, pero tiene un destinatario claro: quienes, como su fundadora, echaron raíces en el norte y a veces sienten que dejaron un pedazo de sí mismos en el Golfo.
UNA JAROCHA EN EL DESIERTO
Halenia Aguilar nació en el Puerto de Veracruz. Tiene 37 años, es bailarina profesional de danza folclórica y psicóloga. Estudió en la Escuela de Amalia Hernández, en Ciudad de México, y antes de llegar a Saltillo vivió en Córdoba, Xalapa y Monterrey. Llegó a Coahuila en octubre de 2018.
“Yo soy del puerto de Veracruz. Allá estuve como hasta los 19 o 20 años y después me mudé a Ciudad de México a hacer una carrera en bailarín profesional en danza folclórica”, comparte.
Su formación comenzó desde niña, en escuelas que fomentaban el arte, la danza y la música. Pasó por la Casa de la Cultura de Córdoba, el Instituto Regional de Bellas Artes de Orizaba y el grupo representativo de su escuela. Bailó en el Zócalo de Ciudad de México durante el Día del Grito y fue de gira a El Salvador.
Pero la vida adulta la alcanzó en Monterrey. Llegó en 2012, trabajó en call centers y estudió psicología para pagarse la carrera. “Yo trabajaba y estudiaba. Entonces, ¿a qué hora iba a bailar?”. La danza quedó pausada. “El ritmo de la vida en Monterrey es muy rápido y todo el tiempo o estás en el tráfico o estás en el trabajo”, dice entre risas.
DE LA CUENCA DEL PAPALOAPAN A SALTILLO
La historia familiar también es una historia de migración. Su padre, médico general, llegó de Veracruz a Saltillo, donde trabajó en una farmacia frente a la plaza Manuel Acuña y después abrió la suya, junto con un consultorio en el que Halenia lo ayudaba. Falleció en 2020 por COVID-19.
Fue él quien le propuso a su hijo menor, que estudió gastronomía, abrir un restaurante de comida veracruzana. “Mi papá le dice: pues vamos a probar, vender comida jarocha, desayunos”. Así nació Las de Lara, primero en Bella Vista y después en Obregón, en el Centro Histórico de Saltillo.
El nombre viene de Agustín Lara. Halenia recuerda que, durante un proceso personal, escuchó las canciones de “El flaco de oro” y le impresionó que, aunque no era veracruzano, se identificara como jarocho. Ella propuso el nombre y así quedó Las de Lara.
En el restaurante aportaba la parte cultural. Procuraba que las veladas incluyeran son jarocho y música de artistas veracruzanos, con canciones como las de Toña La Negra, para recrear la atmósfera de los portales del puerto. “Tú tienes que llegar a un restaurante de Veracruz y sentir un poco lo que sentimos allá”, dice.
Quería llevar esa identidad también a la danza. Propuso a su padre y a su hermano incorporar un espectáculo en el que ella bailara son jarocho. A través de Facebook contactó a Pepe Anaya, maestro de artes y bailarín de folclor, con quien preparó una coreografía.
Él vestía sombrero, guayabera, paliacate y botines; ella, su traje jarocho. Durante el segundo aniversario del restaurante conectó con músicos que tocaban jaranas. Así, el zapateado y el son jarocho empezaron a sonar en Saltillo. Años después, esa semilla se convertiría en Fandango en el Desierto.
QUÉ ES UN FANDANGO (Y POR QUÉ NO ES UN ESPECTÁCULO)
Para Halenia, el fandango no es una presentación, sino una fiesta que puede acompañar un velorio, un bautizo, una boda, un cumpleaños o una celebración patronal.
“Es una reunión y es una celebración de lo que tú quieras”, explica. Su esencia está en la colaboración: participan quienes preparan la comida, los músicos, los bailadores, quienes construyen la tarima e incluso quienes solo acuden a observar. Todos tienen un papel.
El son jarocho es la música que atraviesa esta tradición. Halenia explica que surgió de una mezcla africana, española e indígena. Durante la Colonia, cuenta, las restricciones contra ciertas formas de baile llevaron a buscar alternativas para preservar los movimientos: en lugar de tambores, se utilizó la tarima para marcar el ritmo.
También está la versada, un intercambio en el que una persona canta una parte del son y otra responde. “Tienes que estar muy pendiente de qué es lo que están diciendo para que si tú quieres cantar, pues tú respondas”.
El zapateado tiene sus propios recursos para aprender y seguir el ritmo. Entre ellos están las onomatopeyas, como el conocido paso “café con pan”: “Café con pan, café con pan, café con café, con café, con café”.
Halenia describe el conjunto como una sinergia en la que música, canto y baile se mueven al mismo tiempo, en armonía, hasta atrapar a quienes participan. Lo compara con el canto cardenche y el flamenco: expresiones que, para ella, nacen de algo profundo, “del sentir”.
LOS INSTRUMENTOS DEL SON
Entre los instrumentos del son jarocho están la jarana, el requinto, la leona, la quijada de burro, el pandero y el marimbol. La jarana se construye a partir de una sola pieza de madera, generalmente de cedro u otras variedades. Halenia explica que su afinación tradicional también toma en cuenta el clima, pues la humedad afecta tanto la madera como las cuerdas.
LA TARIMA COMO CORAZÓN
“La tarima es el centro de donde se desprende toda la esencia del fandango”, dice Halenia. Alrededor de ella, la gente se reúne a tocar y cantar, mientras el zapateado sostiene el ritmo.
Un son puede durar entre ocho o nueve minutos y media hora, 40 minutos o incluso una hora, dependiendo de cuántas personas canten y versen. Por eso, explica, los fandangos pueden prolongarse hasta el día siguiente.
El ritmo repetitivo lleva a algunos participantes a entrar en una especie de trance. La tarima también tiene reglas para que el baile continúe: quien quiere entrar debe tocar el hombro de quien está bailando para que le ceda el lugar a otra pareja o persona. Hay sones de pareja, de mujeres y de montón.
EL FANDANGO Y LA COMUNIDAD
Fandango en el Desierto nació hace un año, cuando algunas personas se acercaron a Halenia. Habían viajado a Monterrey, donde ya existía una comunidad de veracruzanos, y conocieron el trabajo de Patricio Hidalgo Junior, hijo de Patricio Hidalgo, integrante de la familia de Arcadio Hidalgo, pioneros del son jarocho. Patricio vive en Monterrey desde hace más de una década y ha trabajado en la construcción de comunidad alrededor de esta música.
El primer fandango en Saltillo se realizó el 13 de septiembre del año pasado y el segundo, en noviembre. También hubo talleres de zapateado, requinto, jarana y versada. La comida fue parte central de esos encuentros. La mamá de Halenia preparó tamales y llevó café, agua de Jamaica, tostadas y esquites. También compartieron torito, una bebida veracruzana elaborada con alcohol de caña y crema de frutas. “En el fandango se regala la comida. Hasta te dicen: lleva tu plato y tu vaso”.
LO QUE QUIERE HEREDARLE A SU HIJA
Victoria, la hija de Halenia, tiene cuatro años. Nació en Saltillo, pero cada vez que visita Veracruz, su madre nota cuánto disfruta estar allá. “Mi hija no nació en Veracruz, pero yo veo que mi hija va a Veracruz. Es feliz”.
Halenia quiere que su hija reconozca esa parte de su historia, aunque haya nacido lejos del lugar de origen de su familia. “A mí me gustaría que ella, a pesar de que ella no nació allá, sepa que también tiene parte de esto que es parte de un legado”.
Luego recurre a una imagen que resume esa intención: “Ella es como esta semillita en donde yo también estoy depositando todos estos saberes, toda esta cultura, toda esta cuestión musical, dancística, artística”.
NOSTALGIA QUE ZAPATEA CONTRA LA DISCRIMINACIÓN
Halenia entiende la migración como un fenómeno que ha acompañado a la humanidad y del que ella misma ha sido parte. Reconoce que trasladarse para sobrevivir puede llevar a dejar de lado la identidad, las tradiciones y las raíces para adaptarse al lugar de destino.
La discriminación también forma parte de su experiencia. “¿Cómo tengo que dejar de ser para pertenecer?”, se pregunta. Su respuesta es que no hay que renunciar a lo propio para integrarse.
“Yo no te estoy quitando nada. Al contrario, vengo a contribuir, vengo a tratar de enriquecer esta parte cultural, no nada más para Saltillo, sino para las personas que vienen, como yo, de allá”.
También cuestiona la idea de que quienes llegan de otros lugares representan una amenaza para las oportunidades de quienes ya viven aquí. Para ella, la migración responde muchas veces a una necesidad y al deseo de salir adelante.
El son jarocho, afirma, es una forma de resistencia de los pueblos veracruzanos y también una expresión política. Pero puede ser, además, un puente entre comunidades: “En lugar de dividirnos, nos reúna a través de la fiesta, el baile, la comunidad”.
LA CITA DEL 3 DE OCTUBRE
El Primer Encuentro de Veracruzanxs en Saltillo se realizará este sábado 3 de octubre, de 4:30 a 9:00 de la tarde, en la Casa del Artesano, ubicada en la calle Hidalgo sin número, entre Escobedo y De la Fuente, en la Zona Centro. La entrada es libre.
La jornada incluirá una comida para compartir, una actividad de integración, intercambio de recetas tradicionales veracruzanas y un fandango. Las personas asistentes deberán llevar algo para compartir —un platillo, botanas o bebidas—, una hoja con una experiencia anónima sobre vivir en Saltillo y una receta tradicional de Veracruz. No se aceptarán bebidas alcohólicas, psicoactivos ni estupefacientes.
Quienes tengan instrumentos pueden llevar jaranas, guitarras, panderos, quijadas, maracas, percusiones u otros. No es obligatorio contar con uno para participar.
“No necesitas tener instrumento para participar. También hacemos fandango con nuestra voz y con nuestros pies sobre la tarima”, señala la convocatoria, que resume su espíritu en una frase: “El son es diálogo, comunidad y encuentro: no competencia”.
Halenia lo dice así: “La puerta está abierta a quien quiera acercarse, con un interés genuino”. Y vuelve a Agustín Lara, “El flaco de oro”, quien no era veracruzano, pero decía “yo soy jarocho”: “Veracruz, pedacito de patria que sabe sufrir y cantar”.