Xenovenator: La verdadera historia del cazador de cabeza dura que emergió en Coahuila con ayuda de la tecnología
La paleontología en Coahuila ha dado un vuelco tras la revelación de la historia detrás del Xenovenator Espinosai, un dinosaurio del grupo de los troodóntidos que ha desafiado los paradigmas de tamaño establecidos sobre los depredadores del Cretácico
“Pocas personas saben que antes ya habíamos encontrado muchísima evidencia de ese grupo de dinosaurios aquí en Coahuila. Una de ellas son los cascarones de huevo ... y posteriormente encontré un diente aislado”.
“Entonces eso confirmaba la presencia de troodóntidos en Coahuila. Y lo más contundente fue el neurocráneo que se reportó en 2023. Sabíamos que era algo nuevo para la ciencia, algo diferente, algo de gran tamaño”, indica emocionada Aguillón, ya el Xenovenator ha llamado la atención internacional por el tamaño del endocráneo. Más grande que los encontrados en otras partes del mundo, lo que rompe el paradigma de los dinosaurios carnívoros eran criaturas con huesos frágiles.
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¿Cómo ayudó la tecnología a darle sentido, a entender, a una pieza que ya se había analizado años anteriores cuando no había estos avances?
“Sí, yo sí, creo que es la historia de mi vida. (Los avances tecnológicos) Nos ayuda a complementar a releer... La paleontología está llena de grandes satisfacciones, pero también de muchísimas frustraciones, porque a veces tú tienes que recordar que tú eres el primero que tiene en sus manos los restos de un ser vivo de hace 70 millones de años”.
“Y ese ser vivo tenía sus propias características biológicas y nadie lo ha visto, entonces la idea es saber correlacionar, estudiar y para eso vamos a congresos internacionales y vemos (la nueva tecnología empleada)”.
CRONOLOGÍA DE UN HALLAZGO
Así, con el apoyo de diversas ciencias y avances tecnológicos, es que se han llegado a descubrimientos que van desentrañando la historia de este territorio que hoy llamamos Coahuila, seguido del eslogan “tierra de dinosaurios”.
La historia del Xenovenator Espinosai no comenzó con un esqueleto completo, sino con pistas aisladas.
Según los registros de los investigadores en 2004 se reportaron los primeros indicios mediante cascarones de huevo en territorio coahuilense. En 2010 el hallazgo de un diente aislado —muy característico por su forma triangular y dentada confirmó la presencia de este grupo en la región.
En 2023 se produjo el hallazgo más significativo: un neurocráneo de gran tamaño. Aunque en ese momento sabían que era algo nuevo para la ciencia, los expertos decidieron no bautizarlo de inmediato para continuar la búsqueda de más evidencia.
Posteriormente, se rescataron del “cajón” de materiales guardados unos huesos frontales encontrados en una zona conocida como la Parrita. Estos restos, que estaban cubiertos de sedimento, fueron preparados bajo microscopio, permitiendo comparar el hueso de la frente con el neurocráneo y con materiales de Nuevo México y Canadá, confirmando así su identidad.
EL ENIGMA DE LA ‘CABEZA DURA’
El aspecto más sorprendente del Xenovenator es su anatomía. Tradicionalmente, la ciencia ha descrito a los dinosaurios carnívoros como criaturas ligeras, veloces y con huesos neumáticos, huecos y frágiles. Sin embargo, este espécimen resultó ser un “cazador extraño”.
Mediante el uso de tecnología de punta como el CT Scan (tomografía computarizada), se determinó que el cráneo de este dinosaurio tenía una morfología de domo y un grosor inusual: más de un centímetro de espesor.
”No esperábamos que tuviera cabeza tan dura”, señala Martha Aguillón, contrastándolo con ejemplares de Mongolia o Canadá cuyos huesos craneales son delgados.
CIENCIA, HIERRO Y TECNOLOGÍA
La reconstrucción no fue sencilla. El uso del CT Scan en el neurocráneo enfrentó dificultades debido a la alta concentración de hierro en la roca, lo que provocaba que la radiación rebotara, entregando imágenes muy blancas. Aun así, la tecnología permitió identificar detalles internos fascinantes, como la presencia de dos caracoles pequeños.
Hoy, el Xenovenator no es solo una nueva especie, es el testimonio de un proyecto de largo aliento que necesitó “una mochila cargada de fe” (fósiles recolectados en expediciones) y tecnología moderna para transformar fragmentos de piedra en un capítulo inédito de la vida prehistórica en Coahuila y el mundo.