El Gran Dictador
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Asombroso que el hombre más poderoso de la Tierra haya mostrado preocupación por el trabajo de un artista
Uno de los momentos más brillantes de la carrera de Chaplin lo alcanzó caracterizado no como su álter ego, el icónico vagabundo Charlot, sino parodiando a su contemporáneo, el infausto aunque no menos célebre, Adolph Hitler.
La película "El Gran Dictador" (1940) es en efecto capital en la filmografía del mimo y la primera que grabó con diálogos (en una época en que ya la producción cinematográfica era en su totalidad sonora).
Podemos decir que Chaplin se la jugó para hacer su mordaz caricatura del nazismo y de su Fhürer: Se arriesgó con un largometraje hablado (aunque el mundo jamás había escuchado su voz) y dio vida a dos personajes, protagonista y antagonista.
El primero es un barbero muy semejante a su vagabundo Carlitos, el segundo es el loco y megalómano líder de la ni tan ficticia nación de Tomania, el exacerbado Adenoid Hinkel.
La escena de Hinkel jugando con un globo terráqueo es al día de hoy tan significativa como cualquier imagen real de la Guerra y del régimen nazi, con la enorme ventaja de que la recreación del comediante es sinceramente divertida. Algo que hay que entender es que esta crítica artística al Tercer Reich y a las dictaduras en general, la realizó Chaplin mientras el movimiento nazi iba aun en ascenso.
El mismo Chaplin dice en su autobiografía que de haber conocido las atrocidades del exterminio y los campos de concentración, no habría podido realizar su jocosa sátira.
Entonces, como crítica a una corriente viva, en pleno apogeo y expansión, "El Gran Dictador" enfrentó una censura obvia en los países ocupados por el nazismo.
Incluso, en Estados Unidos Chaplin fue presionado para desistir de realizar esta producción, y es que la postura norteamericana respecto al conflicto era en ese momento neutral y se temían que esa frágil tersura de las relaciones diplomáticas se quebrantara con un comentario de fuerte carga política.
Se dice -un dato que leí hace años- que antes de vetar en definitiva esta película durante su régimen, Hitler la vio en función privada. dos veces.
No encuentro factible verificar este hecho, pero no tendría nada de raro que el mismo Hitler (un artista frustrado) quisiera conocer la visión que un verdadero genio del arte tenía de él y de su política-gobierno.
Dos cosas más se dicen al respecto: Que Hitler guardó siempre en su filmoteca personal esta cinta como una de sus favoritas (a lo mejor la ponía en sus noches de cine para disfrutarla en compañía de Eva Braun y un bote grande palomitas con extra mantequilla), y que Chaplin manifestó que habría dado lo que fuera por conocer la opinión del Fhürer respecto a su obra.
Pero lo que no deja de asombrarme es que el hombre que era en ese momento el más poderoso de la Tierra haya mostrado semejante preocupación por el trabajo de un artista. Sin duda Chaplin era influyente a ese momento, ¿tanto como para derrocar al Tercer Reich?
¡Por supuesto que no!
Ni siquiera es que el loquillo del tío Adolph temiera que la película presentara algo que no fuese ya del dominio público; sus posturas radicales, su intolerancia y los rasgos de su personalidad eran entonces bien conocidos en todo el mundo.
No, el temor de Hitler era volverse vulnerable en el único ámbito donde ni el peor tirano, ni el más despiadado autócrata pueden mandar: el fuero interior de los hombres.
Sucede que cuando un dictador conquista cada centímetro de su imperio y tiene bien agarrado por el cogote a cada súbdito, se vuelve tan pusilánime que ve una amenaza en las expresiones más insignificantes: una caricatura, una canción, una película, un verso.
El momento cumbre de "El Gran Dictador" es su discurso final, cuando el héroe ocupa la tribuna del tirano y se dirige al pueblo con una auténtica declaración de principios y valores universales. Dice Chaplin:
"El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero hemos perdido el rumbo. La codicia ha envenenado el alma del hombre.
"Luchemos por un mundo nuevo, uno decente que dé a los hombres la oportunidad de trabajar, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Fue bajo la promesa de esas cosas que las bestias subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas y nunca las cumplirán. Los dictadores se hacen libres sólo a ellos mismos, pero esclavizan al pueblo...
"Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Luchemos todos para liberar al mundo. un mundo en que reine la razón. donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad. ¡En nombre de la democracia, unámonos!".
Y he aquí lo verdaderamente gracioso de todo, que siendo Chaplin el bufón, puso a pensar al mundo, mientras que Hitler en su delirio imperial fue quien terminó dando risa.
petatiux@hotmail.com