Así fue cómo el COVID-19 cambió a la felicidad en el mundo

COVID-19
/ 7 septiembre 2021

La pandemia puso bajo una lupa la salud mental. Los datos generados en todo el mundo plantean nuevos retos y serán básicos para afrontar nuevas emergencias sanitarias

Una caricia, un sorbo de vino, una charla prolongada, un beso, un baile, un encuentro inesperado, una carcajada, un abrazo. Muchos de los pequeños momentos con los que se hilvana la felicidad, se condimentan con la presencia del otro. El miedo al contagio del coronavirus y la incertidumbre constante fueron empañando muchos de los rituales que llenaban de endorfinas al ser humano. Después de más de año y medio de pandemia, varias preguntas se vuelven a plantear: ¿Qué nos hace felices?, ¿cómo se adapta la sensación de bienestar a nuestro nuevo entorno?, ¿cuál ha sido el impacto de la pandemia en nuestra salud emocional?, ¿de qué manera puede la ciencia brindar certidumbre?

Decía Immanuel Kant que la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación. A más de dos siglos de enunciada la frase por el célebre filósofo y científico prusiano, la imaginación no pierde vigencia, pero probablemente sus detonantes sí hayan cambiado. La felicidad depende directamente de nuestra subjetividad, esa individualidad impulsada por la imaginación, y gobernada por nuestra historia y expectativas. De hecho, hay quien le ha puesto porcentajes a los elementos que detonan esta sensación de bienestar.

Sonja Lyubomirsky, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Riverside, Estados Unidos ha considerado que la felicidad depende 50% de la genética, 40% de nuestro propio control y un 10% de las circunstancias de la vida; pero la resiliencia necesita datos más profundos.

Un mundo diferente

El mundo cambió con la pandemia y la adaptación a las nuevas dinámicas cotidianas no ha sido fácil. Para la doctora Ana Karen Talavera, Coordinadora de la Licenciatura en Psicología Biomédica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Lerma), nos encontramos en una etapa de buscar recuperar nuestra vida, pero considerando que nada es igual. “Seguimos con la incertidumbre, no tenemos certeza de cuándo vamos a poder volver a abrazarnos, a estrechar nuestras manos. El reto es regresar a nuestras actividades con el virus y el riesgo. Eventualmente se regresa a lo que había antes, acomodando rutinas y horarios, pero de forma diferente, con la conciencia de que la pandemia no termina”.

La académica asegura que las diferencias en nuestro país hacen que el regreso a las actividades también sea diferente para todos, pues las posibilidades de escuela y trabajo han sido enfrentadas de manera muy diversa. Parecería incluso que para un grupo de la población, la vida no se ha detenido, ha seguido de manera más cercana a cómo se construía antes de la pandemia. Añade que las enormes diferencias culturales y socioeconómicas del país, también generan opiniones muy diversas sobre lo que significa el virus en sí y cómo pesa en la vida cotidiana.

En este vasto panorama de diferencias de cómo entendemos el mundo y enfrentamos el peligro, hay recomendaciones generales de estrategias de autocuidado emocional: actividad física de la mano de actividades recreativas individuales y en grupo, manteniendo el valor de las herramientas tecnológicas para fomentar la cercanía.

“Estas son recomendaciones en general, pero para un país como México, hay retos particulares. Hace poco surgían estudios donde ponían a México como uno de los países más felices del mundo, pues se ha encontrado que para sociedades como la nuestra, la felicidad tiene que ver mucho con la familia y los contactos que tenemos en las relaciones humanas”. La doctora Talavera sostiene que a diferencia de otros países donde la felicidad se basa más en la condición económica, en México se basa mucho en la interacción que tenemos con los demás.

Con esas premisas particulares, llama a implementar nuevas estrategias de comunicación presencial para poder sentir la calidez del otro. “Puede parecer una insignificancia, pero con saludos donde ya no hay besos ni abrazos, se debería mantener el choque de puños o de codo y seguir preguntándonos cómo estamos, manteniendo el contacto visual...encontrar nuevas formas de acercarnos al otro”.

“¿Cómo hacemos para que un niño se mantenga feliz si se le prohíbe tocar a los demás? Quizá sería el momento de inventar nuevos juegos”, propone Talavera, y subraya la importancia de establecer nuevas formas de mantener contactos de manera lúdica también como adultos, como aprender de nuevo a mirar a los ojos cuando se tenga oportunidad de tener a alguien enfrente, por ejemplo, en lugar de mantener los ojos en el celular como ya se ha hecho costumbre. “Recuperar esos contactos y mantener esa cercanía emocional con otras estrategias, creo que puede ser una nueva fuente de felicidad, especialmente en una cultura como la nuestra”.

Salud Mental

Durante la pandemia, la salud mental se puso en la lupa. Investigadores de todo el mundo siguen investigando causas e impactos del estrés generado por la evolución de la pandemia y sus consecuencias. Un grupo de trabajo en salud mental, coordinado por la publicación científica The Lancet, cuantificó los efectos psicológicos de la pandemia basado en alrededor de mil estudios en más de cien países de todo el mundo. Al comienzo de la pandemia, los niveles promedio de ansiedad y depresión con manifestaciones clínicas aumentaron drásticamente en todo el mundo, multiplicándose casi al triple. De acuerdo con cifras de INEGI, los suicidios se incrementaron en México 9% de 2019 a 2020.

Los grupos más afectados emocionalmente han sido quienes enfrentaron problemas financieros, los enfermos de Covid-19, y quienes tenían trastornos físicos y de salud mental desde antes de la pandemia. Estudios y encuestas realizados en todo el mundo durante la pandemia muestran sistemáticamente que los jóvenes son más vulnerables a una mayor angustia psicológica, en parte porque su necesidad de interacción social es más fuerte. Se espera utilizar la gran cantidad de datos que se recopilan en los estudios sobre salud mental en todo el mundo para vincular el impacto de determinadas medidas de control con los cambios en el bienestar de las personas.

Por otra parte, los estudios a lo largo de las diversas etapas de la pandemia, en comparación con estudios históricos sobre otras situaciones de emergencia, han mostrado en este magno estudio la capacidad de los seres humanos para resistir eventos traumáticos, evidenciando la capacidad de adaptación del ser humano, sobre todo en sociedades más empáticas e igualitarias.

La generación de una gran cantidad de datos sobre la salud mental también será útil para analizar, predecir, describir comportamientos o conocimientos nuevos para la toma de decisiones y para la gestión integral de futuras pandemias. Uno de los lugares que concentrará está información es el recién surgido Centro de Información sobre Pandemias y Epidemias de la OMS, con sede en Berlín.

Para Talavera, una de las cosas positivas que han surgido en medio de la pandemia es que ha habido un avance muy significativo en investigación de salud mental. “Otro paso muy importante es que todos nos percatáramos de su relevancia, pues tener conciencia de la importancia de la salud mental es algo en lo que México todavía estaba en pañales como sociedad”.

En el Informe sobre la Situación de la Salud Mental y el Consumo de Sustancias Psicoactivas en México 2021 se preguntó al grupo considerado (17 mil 267 individuos) sobre su situación emocional en relación a la pandemia. El 18.5% mencionó que consideró necesitar asesoría o apoyo psicológico por la emergencia sanitaria, mientras que el 20.1% comentó que consultó a algún profesional para sobrellevar la emergencia sanitaria.

Talavera dice que la creación de diversos programas de atención gratuita para el impacto emocional de la pandemia abre las puertas para el seguimiento de problemas específicos, pues con el confinamiento se hizo más evidente, por ejemplo, la violencia que se vive en muchas familias, específicamente violencia de género.

Una caricia, un sorbo de vino, una charla prolongada, un beso, un baile, un encuentro inesperado, una carcajada, un abrazo. Muchos de los pequeños momentos con los que se hilvana la felicidad, se condimentan con la presencia del otro. El miedo al contagio del coronavirus y la incertidumbre constante fueron empañando muchos de los rituales que llenaban de endorfinas al ser humano. Después de más de año y medio de pandemia, varias preguntas se vuelven a plantear: ¿Qué nos hace felices?, ¿cómo se adapta la sensación de bienestar a nuestro nuevo entorno?, ¿cuál ha sido el impacto de la pandemia en nuestra salud emocional?, ¿de qué manera puede la ciencia brindar certidumbre?

Decía Immanuel Kant que la felicidad no es un ideal de la razón, sino de la imaginación. A más de dos siglos de enunciada la frase por el célebre filósofo y científico prusiano, la imaginación no pierde vigencia, pero probablemente sus detonantes sí hayan cambiado. La felicidad depende directamente de nuestra subjetividad, esa individualidad impulsada por la imaginación, y gobernada por nuestra historia y expectativas. De hecho, hay quien le ha puesto porcentajes a los elementos que detonan esta sensación de bienestar.

Sonja Lyubomirsky, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Riverside, Estados Unidos ha considerado que la felicidad depende 50% de la genética, 40% de nuestro propio control y un 10% de las circunstancias de la vida; pero la resiliencia necesita datos más profundos.

Un mundo diferente

El mundo cambió con la pandemia y la adaptación a las nuevas dinámicas cotidianas no ha sido fácil. Para la doctora Ana Karen Talavera, Coordinadora de la Licenciatura en Psicología Biomédica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Lerma), nos encontramos en una etapa de buscar recuperar nuestra vida, pero considerando que nada es igual. “Seguimos con la incertidumbre, no tenemos certeza de cuándo vamos a poder volver a abrazarnos, a estrechar nuestras manos. El reto es regresar a nuestras actividades con el virus y el riesgo. Eventualmente se regresa a lo que había antes, acomodando rutinas y horarios, pero de forma diferente, con la conciencia de que la pandemia no termina”.

La académica asegura que las diferencias en nuestro país hacen que el regreso a las actividades también sea diferente para todos, pues las posibilidades de escuela y trabajo han sido enfrentadas de manera muy diversa. Parecería incluso que para un grupo de la población, la vida no se ha detenido, ha seguido de manera más cercana a cómo se construía antes de la pandemia. Añade que las enormes diferencias culturales y socioeconómicas del país, también generan opiniones muy diversas sobre lo que significa el virus en sí y cómo pesa en la vida cotidiana.

En este vasto panorama de diferencias de cómo entendemos el mundo y enfrentamos el peligro, hay recomendaciones generales de estrategias de autocuidado emocional: actividad física de la mano de actividades recreativas individuales y en grupo, manteniendo el valor de las herramientas tecnológicas para fomentar la cercanía.

“Estas son recomendaciones en general, pero para un país como México, hay retos particulares. Hace poco surgían estudios donde ponían a México como uno de los países más felices del mundo, pues se ha encontrado que para sociedades como la nuestra, la felicidad tiene que ver mucho con la familia y los contactos que tenemos en las relaciones humanas”. La doctora Talavera sostiene que a diferencia de otros países donde la felicidad se basa más en la condición económica, en México se basa mucho en la interacción que tenemos con los demás.

Con esas premisas particulares, llama a implementar nuevas estrategias de comunicación presencial para poder sentir la calidez del otro. “Puede parecer una insignificancia, pero con saludos donde ya no hay besos ni abrazos, se debería mantener el choque de puños o de codo y seguir preguntándonos cómo estamos, manteniendo el contacto visual...encontrar nuevas formas de acercarnos al otro”.

“¿Cómo hacemos para que un niño se mantenga feliz si se le prohíbe tocar a los demás? Quizá sería el momento de inventar nuevos juegos”, propone Talavera, y subraya la importancia de establecer nuevas formas de mantener contactos de manera lúdica también como adultos, como aprender de nuevo a mirar a los ojos cuando se tenga oportunidad de tener a alguien enfrente, por ejemplo, en lugar de mantener los ojos en el celular como ya se ha hecho costumbre. “Recuperar esos contactos y mantener esa cercanía emocional con otras estrategias, creo que puede ser una nueva fuente de felicidad, especialmente en una cultura como la nuestra”.

Salud Mental

Durante la pandemia, la salud mental se puso en la lupa. Investigadores de todo el mundo siguen investigando causas e impactos del estrés generado por la evolución de la pandemia y sus consecuencias. Un grupo de trabajo en salud mental, coordinado por la publicación científica The Lancet, cuantificó los efectos psicológicos de la pandemia basado en alrededor de mil estudios en más de cien países de todo el mundo. Al comienzo de la pandemia, los niveles promedio de ansiedad y depresión con manifestaciones clínicas aumentaron drásticamente en todo el mundo, multiplicándose casi al triple. De acuerdo con cifras de INEGI, los suicidios se incrementaron en México 9% de 2019 a 2020.

Los grupos más afectados emocionalmente han sido quienes enfrentaron problemas financieros, los enfermos de Covid-19, y quienes tenían trastornos físicos y de salud mental desde antes de la pandemia. Estudios y encuestas realizados en todo el mundo durante la pandemia muestran sistemáticamente que los jóvenes son más vulnerables a una mayor angustia psicológica, en parte porque su necesidad de interacción social es más fuerte. Se espera utilizar la gran cantidad de datos que se recopilan en los estudios sobre salud mental en todo el mundo para vincular el impacto de determinadas medidas de control con los cambios en el bienestar de las personas.

Por otra parte, los estudios a lo largo de las diversas etapas de la pandemia, en comparación con estudios históricos sobre otras situaciones de emergencia, han mostrado en este magno estudio la capacidad de los seres humanos para resistir eventos traumáticos, evidenciando la capacidad de adaptación del ser humano, sobre todo en sociedades más empáticas e igualitarias.

La generación de una gran cantidad de datos sobre la salud mental también será útil para analizar, predecir, describir comportamientos o conocimientos nuevos para la toma de decisiones y para la gestión integral de futuras pandemias. Uno de los lugares que concentrará está información es el recién surgido Centro de Información sobre Pandemias y Epidemias de la OMS, con sede en Berlín.

Para Talavera, una de las cosas positivas que han surgido en medio de la pandemia es que ha habido un avance muy significativo en investigación de salud mental. “Otro paso muy importante es que todos nos percatáramos de su relevancia, pues tener conciencia de la importancia de la salud mental es algo en lo que México todavía estaba en pañales como sociedad”.

En el Informe sobre la Situación de la Salud Mental y el Consumo de Sustancias Psicoactivas en México 2021 se preguntó al grupo considerado (17 mil 267 individuos) sobre su situación emocional en relación a la pandemia. El 18.5% mencionó que consideró necesitar asesoría o apoyo psicológico por la emergencia sanitaria, mientras que el 20.1% comentó que consultó a algún profesional para sobrellevar la emergencia sanitaria.

Talavera dice que la creación de diversos programas de atención gratuita para el impacto emocional de la pandemia abre las puertas para el seguimiento de problemas específicos, pues con el confinamiento se hizo más evidente, por ejemplo, la violencia que se vive en muchas familias, específicamente violencia de género.