La camiseta es muy delgadita: 'Hobbit' Bermúdez

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Christian Bermúdez así respondió cuando le cuestionaron si le pesa portar la playera del América

A simple vista parece un niño. Ingenioso, hábil, inquieto, Christian Bermúdez vuelve locos a sus compañeros en la práctica matutina. Y, frente al micrófono, tímido de apariencia, suele sorprender a su interlocutor, como lo haría cualquier chiquillo.

-¿Pesa la playera del América? -se le cuestiona.

"No, para nada, para nada... mira, es muy delgadita", responde, seguido de una risita juguetona, al tiempo que descubre una mirada ingenua, como lo haría cualquier infante.

Por eso, a nadie sorprende que el popular Hobbit justifique con una ocurrencia el polémico empate de las Aguilas, en su presentación en el Estadio Azteca, vía un penalti inexistente contra el endemoniado Toluca. "Rescatamos un punto como haya sido", dice el muchacho de 24 años, aunque para muchos representa a un travieso chamaquito de 12.

Después, el atacante nota el contraste entre militar en cualquier equipo o pertenecer al América.

"Como que hay diferencia, se habla mucho. Cualquier cosita se hace muy grande", aprecia. "Igual pasó con lo de Tigres [una acción más notoria que favoreció al campeón en su juego frente a los Gallos Blancos] y no se dio tanta polémica, como aquí".

Menudito, pícaro y escurridizo con el balón, El Hobbit tiene pegue con los niños que le van a echar porras al Nido de Coapa.

"¿Sabes?, como me ven niño, yo creo que se identifican", explica y suelta la risita juguetona. "Siempre ha existido esa química con los niños, pero también con las personas grandes y con toda la afición. De jugador y aficionado siempre ha habido mucha química".

La fórmula es la "humildad", comparte Bermúdez: "Si yo les puedo dar una alegría, qué mejor el tomarme una foto, saludarlos. Para mí es importante, motivante que me reconozcan. Esa es una de las alegrías que me incitan a seguir trabajando fuerte".

En la cancha, dada su corta estatura de 1.60 metros, sobre El Hobbit Bermúdez recaen las bromas.

"Seguido mis compañeros de pronto dicen que un niño se metió [a la práctica del equipo], y cosas así, pero bueno, es un ambiente bueno, que no me molesta en absoluto. Trato de disfrutar cada momento. Me hacen una broma, me da risa, y yo trato de divertirme. Así es mi forma de ser", asegura sincero.

Enseguida reconoce que aún le falta algún ingrediente para ser El Hobbit que todos anhelan ver.

"Por ahí tengo que subir mi nivel, tampoco estoy en mal momento, pero reconozco que puedo dar más. En el segundo partido me sentí mejor, más acoplado, con más ritmo. Voy a trabajar fuerte para incrementar mi nivel y aportar más al equipo".

Además, "tomar una mejor decisión en la última jugada; lo que me está faltando es un poquito de tiempo, darme un segundo para pensar y crear una mejor oportunidad".

A nivel grupal "ser contundentes en los momentos clave", promueve.

Con los árbitros, Miguel Herrera les ha pedido respeto absoluto, así haya decisiones a favor o en contra.

Y a los compañeros hayque aplaudirles, así fallen. Son las armas del niño juguetón que lleva a flor de piel.

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