Fútbol femenino, pasado y presente
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"Queremos hacer historia", aseguró la alemana Steffi Jones, presidenta del comité organizador de Alemania 2011.
Berlín, Alemania.- Un presupuesto millonario, transmisión de los partidos en 200 países y cientos de miles de entradas vendidas: el Mundial de fútbol femenino que comienza el domingo en Alemania muestra un deporte en expansión y con un futuro alentador. Pero también con desafíos acuciantes y un pasado difícil.
"Queremos hacer historia", aseguró la alemana Steffi Jones, presidenta del comité organizador de Alemania 2011. Una declaración moderada si se la compara con el arriesgado pronóstico que lanzó ya en 2007 el presidente de la FIFA, Joseph Blatter: "El futuro del fútbol es femenino".
El sexto Mundial de la historia (26 de junio a 17 de julio) se presenta como una oportunidad inmejorable para demostrarlo. Comenzando por su sede: Alemania es uno de los países con más aficionados y su selección, campeona en los dos Mundiales anteriores, vuelve a ser gran candidata.
"El ambiente será maravilloso. Somos un país entusiasmado con este deporte", aventuró Jones.
"El Mundial masculino de 2006 (celebrado también en Alemania) nos ayudó realmente. Es otra dimensión, no podemos compararnos, pero la emoción y la fascinación son propios de todo acontecimiento deportivo. No importa si juegan hombres o mujeres".
El entusiasmo de Jones no oculta que países como Alemania, Brasil y Estados Unidos, las otras grandes potencias y favoritas, sean más bien excepciones.
El fútbol femenino sigue siendo un gran desconocido en buena parte del planeta y su mayor impulsor, el fútbol masculino, ha sido también su mayor obstáculo en el camino al éxito.
"Estamos un poco más allá del nivel amateur. Tenemos sobre todo el privilegio de sentir que alcanzamos hitos en la evolución del deporte", admitió Jones.
Las metas pasan ahora por "tener estructuras profesionales y que todos los países tengan una selección nacional para que en algún momento puedan competir en un Mundial".
Pero los retos deportivos no son los únicos. Los verdaderos desafíos del fútbol femenino, los más interesantes, van más allá del campo de juego.
La lucha de la mujer por jugar un deporte asociado a los hombres ha venido desnudando desde sus inicios los prejuicios y estereotipos en torno a la condición femenina. Y no sólo en el pasado.
"Sin duda hay funcionarios, también mujeres, que frenan el fútbol femenino. Es un hecho", acusó Jones. "El fútbol es más que ganar o perder. Es aprender respeto, 'fair play', integración. Son muchos mensajes que a algunos no les interesa transmitir".
El deporte puede convertirse así en una herramienta clave en un continente como Africa: "Allí damos a las mujeres la oportunidad de sentir que a través del fútbol pueden tener valor, confianza, autoestima, ayudar a otros mujeres..."
Pero también en potencias como Alemania sigue siendo un aporte trascendental, como lo demuestra el caso de Fatmire Bajramaj. La mediocampista, musulmana e hija de refugiados kosovares, es una de las grandes estrellas de la selección.
"Es una embajadora muy importante para nosotros", la elogió Jones. "Envía un mensaje de integración y esperanza a muchas otras jóvenes de origen inmigrante, hace sentir a sus padres que las hijas pueden jugar en la selección alemana".
La situación de la mujer en el siglo XX explica el lento desarrollo histórico del fútbol femenino. El primer partido del que se tenga constancia fue en 1892 en Glasgow, Escocia. Dos años más tarde, fue una activista de los derechos de la mujer, la británica Nettie Honeyball, quien fundó el primer club femenino.
La paulatina incorporación de la mujer al mundo laboral y la partida de los hombres a la Primera Guerra Mundial dio un impulso al fútbol femenino, pero la UEFA tardó hasta 1971 en encargar a sus respectivos socios su gestión y fomento.
Pese a su relativa popularidad, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) lo prohibió entre 1955 y 1970 con un argumento tajante: "En la lucha por el balón se pierde la elegancia femenina. Cuerpo y alma sufren daños innegables".
En Brasil, hoy la otra gran potencia y patria de la mejor jugadora del mundo, Marta, la dictadura militar lo vetó desde 1964 a 1981 con razones menos estéticas: el ejercicio del fútbol dañaba supuestamente la fertilidad de la mujer y, con ello, su principal fin.
La FIFA estima hoy que que 26 millones de mujeres juegan al fútbol en todo el mundo. El presupuesto dedicado a Alemania 2011 fue de 51 millones de euros (73 milones de dólares). Y está previsto que unas 800,000 personas sigan los 32 partidos del torneo.
Países como Italia, Estados Unidos o Japón tienen ligas profesionales muy populares. Para Jones, el fútbol femenino representa incluso una versión más auténtica y estética del deporte rey, frente a la tendencia a la fuerza y la velocidad del masculino y el negocio "casi inmoral" que se ha montado en torno a él.
La evolución del fútbol femenino dependerá, en última instancia, del interés que logre despertar en los aficionados. Y Alemania 2011 será a partir de este domingo un termómetro privilegiado para medir la temperatura de esa pasión.