Suicidio de Robert Enke es motivo de reflexión en Alemania

Deportes
/ 11 noviembre 2010

"Robert Enke. Ein allzu kurzes Leben" (Robert Enke. Una vida demasiado corta) es la biografía escrita por Ronald Reng, amigo de Enke, y se ha convertido en un éxito en Alemania desde su reciente publicación.

Fráncfort, Alemania.- "Si por una vez tuvieras durante media hora mi cabeza, entenderías por qué me estoy volviendo loco". Con esta escalofriante frase, el portero alemán Robert Enke reveló su depresión a su mujer, Teresa, la única con la que se atrevió a hablar de una enfermedad que le condujo al suicidio el 10 de noviembre de 2009.

Esa frase está contenida en la biografía del que era arquero de la selección alemana de fútbol y del Hannover, un deportista de éxito, enamorado de su mujer, que se negó a ingresar en una clínica. "Soy un portero internacional, no puedo ir a un hospital", le dijo a Teresa. Poco después, se lanzó a las ruedas de un tren en un paso a nivel en las inmediaciones de su domicilio en la localidad de Neustadt, cercana a Hannover, cuando tenía 32 años.

"Robert Enke. Ein allzu kurzes Leben" (Robert Enke. Una vida demasiado corta) es la biografía escrita por Ronald Reng, amigo de Enke, y se ha convertido en un éxito en Alemania desde su reciente publicación.

Hay afán por encontrar respuestas, por conocer qué había en la cabeza de un futbolista que escribía poemas, que regalaba guantes a los porteros rivales, que estaba desmoralizado por sus dudas.

En una de las últimas páginas del libro se explica lo que sucedió el 10 de noviembre de 2009, cuando Teresa se da cuenta de que su marido lleva fuera todo el día pese a que no hay entrenamiento del equipo.

"Busca inmediatamente en la habitación a ver si encuentras una carta de despedida", le dijo por teléfono a Teresa, que sufría un ataque de pánico, el manager y amigo de Enke, Jörg Neblung.

Ella corrió y encontró una hoja de papel. "Querida Terri (Teresa), siento que..."

Tras tres años felices jugando en Lisboa, Enke se hunde en Barcelona. Por primera vez visita a un psicólogo y psicoterapeuta. Pronto se va al Fenerbahce de Estambul, pero disuelve su contrato a los pocos meses.

Comienza a tratarse y su mujer se queda embarazada. Pero no resulta ser una buena noticia para él.

Tras pasar por Tenerife, regresa a Alemania, al Hannover, y más tarde, es llamado a la selección. Su hija Lara nace con problemas cardiacos y muere tras un operación de los oídos. Seis días después, Enke se sitúa de nuevo bajo los palos.

La segunda fase de depresión comienza en 2009 y será irreversible. "No siento nada, ni nervios, ni alegría, nada", dice a Neblung por teléfono. Todo le resulta una carga, hasta lo más nimio. Ni siquiera su padre, afamado psicoterapeuta, le puede ayudar.

"Robbi tenía dos sueños: el Mundial de Sudáfrica y hacer público su problema. Y sabía que las dos cosas a la vez eran incompatibles", cuenta su amigo Marco Villa.

Tras un viaje a Colonia, Enke le dice a Teresa: "He visto dónde podría matarme".

Neblung asegura que Teresa, un año después, "no está especialmente bien". Preside la fundación Robert Enke para combatir la depresión y vive alejada del foco mediático junto a su hija adoptada.

Pocos hablan de Enke. Tras su suicidio se suspendió el partido internacional previsto pocos días después entre Alemania y Chile. Los germanos jugaron luego contra Costa de Marfil, pero estaban aún en trance. En el funeral, ante 40.000 personas en el estadio del Hannover, se "espectacularizó" con el dolor.

"Ahora, con distancia crítica, recomendaría hacer las cosas de manera distinta", admite Martin Kind, presidente del club.

En el Mundial de Sudáfrica, en el que Alemania fue tercera, nadie se acordó públicamente del arquero.

El Hannover sufrió más. Tras la muerte del jugador, estuvo 13 partidos sin ganar. Cuando el 8 de mayo se aseguró la permanencia en la Bundesliga dedicaron el logro a Enke, "que seguro que está en el cielo".

La fundación de Robert Enke no es la única que se esfuerza por favorecer la aceptación que evite las tragedias. La Federación Alemana de Fútbol promovió acabar con el tabú de la depresión.

"Desde su muerte hay una mayor sensibilidad", afirma a la agencia dpa el filósofo del deporte Gunter Gebauer, que a pesar de todo, es pesimista. "Un caso como el de Enke podría volver a repetirse. No ha ocurrido nada que pueda evitarlo", dice Gebauer, que asegura que está en la propia naturaleza del fútbol el castigo de la inferioridad.

Neblung afirma que el suicidio de Enke sí ha sensibilizado a los dirigentes de fútbol. "Decir que la muerte de Enke no cambió nada es populismo. Ha habido cambios en los ámbitos más íntimos".

Sin embargo, sostiene que no se han modificado las estructuras básicas del fútbol: "Lo que cuenta es el rendimiento. Todos los jugadores son reducidos a su rendimiento en la cancha".

El ex futbolista del Sankt Pauli alemán Andreas Biermann, a diferencia de Enke, sí admitió sus problemas, pero aconseja ahora a sus colegas que sufren de depresión que no reconozcan la enfermedad en público para no perjudicar su carrera.

Biermann confesó al entrenador del Sankt Pauli, Holger Stanislawski, que sufría de depresión después de la muerte de Enke.

"Reconocerlo fue un error a nivel profesional, pero a nivel humano me ayudó", afirma el ex jugador.

Biermann, de 30 años, cuenta que la rueda de prensa ofrecida por la esposa de Enke después del suicido del guardameta del Hannover lo alentó a reconocer su enfermedad y a dirigirse a una clínica para ser tratado.

Biermann sigue en tratamiento médico y toma medicamentos antidepresivos. Su contrato con el Sankt Pauli expiró a mediados de año.

"Pese a la terapia, uno está en condiciones de hacer deporte de alto rendimiento al cien por ciento", aseguró.

Aún así, Biermann no pudo continuar con su carrera futbolística. Todas las negociaciones con clubes de segunda y tercera división fracasaron.

"La depresión es vista como una debilidad para la cual no hay lugar en el fútbol. Los temores que tenía antes de dar a conocer mi enfermedad se confirmaron. Por ello no recomendaría a ningún jugador profesional depresivo que reconociese públicamente su enfermedad", dijo.

Pero sí aconseja que se pongan en manos médicas. "La terapia me salvó".

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