Las historias detrás de los tatuajes del Gato Ortiz

Deportes
/ 10 enero 2012

César Castillo dio color al cuerpo de Omar el Gato Ortíz, a quien le dedicó más de 100 horas para tatuarlo

CIUDAD DE MÉXICO.- La piel del Gato Ortiz comenzó a convertirse en un enorme mapa con muchos caminos e historias. La primera -platica su tatuador César Castillo- fue un sol en el hombro izquierdo. El entonces portero suplente del Monterrey tenía tan solo 20 años de edad y ganas de comerse el balompié mexicano a puños.

Omar Ortiz llegó por casualidad para marcar en su cuerpo el primero de 35 tatuajes que lleva desde el año del 96. Cabrito Arellano, otro elemento de La Pandilla, le había recomendado el sitio, donde también había sido su primera vez en esto de plasmar imágenes a puro dolor.

César Castillo es una celebridad del tatoo en Monterrey. Acuden a él personalidades del futbol y el espectáculo, desde Chupete Suazo, Matías Vuoso y Lucas Lobos hasta un Alejandro Fernández, Alicia Villarreal, Dalila Polanco e integrantes de El Gran Silencio y Plastilina Mosh. Pero ninguno tan obsesionado por los tatuajes como el portero que hoy se encuentra del otro lado del espejo.

"La primera vez llegó por el 96 y me pidió un sol. Lo trajo el Cabrito y decía que esa imagen le inspiraría lograr grandes cosas en la vida. Desde entonces se convirtió en cliente frecuente al grado de tener más de 35 tatuajes en todo el cuerpo".

Un dragón enorme cubre su espalda, en el pecho lleva los rostros de dos de sus seis hijos, caritas de gatos en los brazos, la Virgen María, San Judas, peces como su signo zodiacal, garabatos japoneses, estrellas, frases y lo que se le fue ocurriendo conforme pasó el tiempo.

El Gato siempre decía: "Uno nunca sabe dónde estará mañana. Hoy estás en un equipo, mañana quién sabe". De hecho, él pretendía ser delantero y terminó hasta el final de la cancha, justo bajo los tres palos. Él quería ser mundialista y terminó con un castigo de dos años por doping. También buscó otro modus vivendi y acabó muy lejos de volver a las canchas.

César Ritual es como se le conoce al tatuador regio, quien cuenta a Excélsior que el colombiano Hugo Rodallega tomó un avión desde Inglaterra para hacerse un par de tatuajes con el mexicano. También narra la tarde aquella en la que se asomó el argentino Matías Vuoso en su negocio para tatuarse una manga, todavía como jugador del Santos. "Tiempo después me pagaría el pasaje para viajar al Distrito Federal y hacerle la manga del otro brazo".

Con el Gato Ortiz fue una historia similar. "Omar llegó a pagar mis viajes a Chiapas y Aguascalientes, con tal de que siguiera tatuándolo".

César recuerda al portero de gran estatura y brazos musculosos, aquél que lo mismo se divertía poniéndose la máscara de Blue Demon que en comprar revistas de tatuajes e imaginar cuál sería el próximo rasgo que partiría su piel.

"Casi siempre venía solo para que lo tatuara y pocas ocasiones trajo a su esposa (Jessica) a la que también dibujé tribales, mariposas y alguna que otra figurilla. Era un hombre tranquilo, hablaba poco, pero te inspiraba confianza".

Castillo se pone a hacer cuentas. Cobra mil 500 pesos por dos horas de trabajo y en el cuerpo del Gato dice haber invertido más de 100 horas, repartidas en casi 16 años. "Hablamos de unos 75 mil pesos en tatuajes, aunque era tal la amistad que en ocasiones no le cobraba".

Explica el diseñador de tatuajes que a su negocio llegan más mujeres que hombres, en un 60 por ciento para el sexo débil. "Aunque en los futbolistas va creciendo la moda por tatuarse y esto ya es común en el futbol mexicano".

Si bien los futbolistas piden imágenes familiares, religiosas y balones, a César Ritual le han llegado a pedir rostros de muertitos y la Santísima Muerte, aunque no precisamente hablamos de futbolistas. "¿Si han venido personas extrañas o peligrosas? Sólo sé que hago tatuajes, pero muchas veces no sé con quién estoy tratando".

La última vez que estuvo con el Gato Ortiz fue hace aproximadamente un mes. "Después del castigo por doping, Omar dejó de venir. Sólo en dos ocasiones regresó:  para que le retocara algunos tatuajes y para que le hiciera una frase en el cuello, dedicada a su familia".

Confiesa que el Gato habló poco, se le miraba serio y con prisas. Después, como muchos mexicanos, César Castillo prendió su televisor el pasado sábado 7 de enero y observó a su cliente frecuente presentado como un secuestrador  en Monterrey. "Sigo sin poder creerlo".

Excélsior es el segundo periódico más antiguo de la Ciudad de México, después de El Universal. Fue fundado por Rafael Alducin y su primer número circuló el 18 de marzo de 1917.

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