¿Hidratación o negocio?

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Fútbol
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Las pausas de hidratación implementadas fueron justificadas por la FIFA como una medida para proteger a los jugadores del calor, pero la autorización para vender publicidad durante esos minutos abrió un negocio que podría dejar hasta 250 millones de dólares

Hay decisiones que se explican mejor siguiendo el dinero que escuchando los comunicados oficiales.

La FIFA asegura que las pausas obligatorias de hidratación implementadas durante el Mundial 2026 buscan proteger la salud de los futbolistas. Nadie podría cuestionar ese objetivo. Sin embargo, esas mismas pausas podrían generar alrededor de 250 millones de dólares en ingresos publicitarios para las televisoras que transmiten el torneo.

https://vanguardia.com.mx/deportes/futbol/paises-bajos-vs-brasil-en-monterrey-el-mundial-2026-podria-regalar-un-partido-de-lujo-EF21534536

Cuando una medida deportiva produce semejante cantidad de dinero, resulta inevitable preguntarse si la hidratación es toda la historia.

Durante décadas, el futbol fue una rareza dentro de la industria global del entretenimiento. Mientras el futbol americano, el béisbol y el basquetbol construían enormes negocios alrededor de tiempos fuera y cortes comerciales, el futbol preservaba algo casi sagrado: 45 minutos continuos de juego sin interrupciones.

Esa continuidad era parte de su esencia.

Por eso resulta tan relevante lo que estamos viendo hoy.

Las pausas de hidratación nacieron como una medida excepcional para enfrentar condiciones extremas de calor. En Brasil 2014 fueron utilizadas después de una controversia legal relacionada con los horarios de los partidos y las altas temperaturas. Posteriormente aparecieron de manera limitada en otros torneos.

Pero en este Mundial ocurrió algo distinto.

La FIFA decidió hacer obligatorias las pausas en los 104 partidos del torneo, incluso cuando muchos encuentros se disputan en estadios techados o en condiciones climáticas que difícilmente justificarían una emergencia por calor.

Y poco después autorizó a las televisoras a vender publicidad durante esas interrupciones.

De pronto apareció un activo extraordinariamente valioso.

Cada pausa representa minutos de atención cautiva frente a audiencias de millones de personas. No se trata de comerciales que pueden saltarse en una plataforma digital ni de anuncios que compiten con otros contenidos. Son espacios insertados en medio del evento deportivo más visto del planeta.

Según estimaciones publicadas en Estados Unidos, solamente Fox podría recaudar cerca de 250 millones de dólares por la venta de anuncios durante estas pausas. Para dimensionar la cifra, equivale a más de la mitad de lo que pagó por los derechos de transmisión del Mundial.

Desde una perspectiva empresarial, es una obra maestra.

La FIFA creó inventario publicitario donde antes no existía.

Y en el negocio de los medios, el inventario es dinero.

Lo interesante es que este fenómeno trasciende a Fox, a Estados Unidos o incluso al propio Mundial. La verdadera pregunta es qué sucede cuando una modificación reglamentaria incrementa de manera tan significativa el valor económico de un producto.

La respuesta suele ser sencilla.

Se vuelve permanente.

Las organizaciones pueden cambiar de discurso, de dirigentes o de prioridades, pero rara vez renuncian voluntariamente a una fuente de ingresos tan rentable. Más aún cuando beneficia simultáneamente a federaciones, patrocinadores, anunciantes y cadenas de televisión.

Por eso el verdadero examen no será este verano.

La prueba llegará en los próximos mundiales.

Si dentro de cuatro años seguimos viendo pausas obligatorias en partidos disputados bajo temperaturas moderadas en España o Portugal, o si continúan apareciendo en estadios climatizados donde el calor dejó de ser un problema, entenderemos que la discusión nunca fue exclusivamente médica.

Porque una pausa de hidratación ocasional es una medida razonable.

Una pausa obligatoria en todos los partidos es una decisión de negocio.

Y cuando una decisión de negocio tiene el potencial de generar cientos de millones de dólares adicionales, conviene observarla con el mismo escepticismo con el que observamos cualquier otro modelo de monetización.

La FIFA afirma que estas pausas existen para proteger a los jugadores.

Quizá tenga razón.

Pero si algo nos enseña la historia de los grandes negocios es que cuando aparece una oportunidad de generar 250 millones de dólares, el agua rara vez es el único motivo.

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Armando Castilla Galindo es un periodista y empresario saltillense, reconocido por su liderazgo en el periodismo regional y su trayectoria en el sector editorial. Es el director general de Grupo Vanguardia, uno de los medios de comunicación con mayor trayectoria en el noreste de México, fundado en 1975 por la familia Castilla y pionero en cobertura local, nacional e internacional. Cuenta con formación en Contaduría y Finanzas por el Tecnológico de Monterrey y una maestría en Dirección de Empresas por la IPADE.

A lo largo de su trayectoria ha impulsado la innovación editorial, la transformación digital y la defensa de la libertad de expresión, consolidando a Vanguardia como un referente informativo con independencia editorial y rigor periodístico. Castilla Galindo ha defendido la libertad de expresión y la independencia editorial, valores clave en el ejercicio del periodismo, posicionando al medio como referente informativo a nivel nacional.

Es miembro del comité LATAM de WAN-IFRA.

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