Sobreprotección parental... cuando el “exceso” de amor y cuidados en la infancia daña a los hijos
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La sobreprotección parental puede afectar la autonomía y la salud emocional de los hijos. Expertos alertan sobre sus consecuencias a largo plazo
La sobreprotección parental surge del deseo genuino de evitar el sufrimiento de los hijos. Padres y madres intervienen en cada decisión, anticipan problemas y resuelven conflictos antes de que aparezcan.
Aunque la intención es positiva, el efecto puede ser contrario. Al no enfrentar retos, los menores no desarrollan habilidades básicas como la toma de decisiones, la tolerancia a la frustración o la resolución de problemas.
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Con el tiempo, este patrón genera niños dependientes del adulto, con dificultad para asumir responsabilidades y miedo constante a equivocarse, incluso en situaciones cotidianas.
IMPACTO EMOCIONAL Y SOCIAL EN LOS HIJOS
Especialistas advierten que los hijos sobreprotegidos presentan mayores niveles de ansiedad, baja autoestima y escasa confianza en sus capacidades. Crecen con la idea de que el mundo es peligroso y ellos no pueden enfrentarlo solos.
En el ámbito social, suelen mostrar dificultades para relacionarse, negociar o poner límites. La falta de experiencias autónomas reduce su capacidad para adaptarse a entornos nuevos como la escuela o el trabajo.
Durante la adolescencia, el impacto se intensifica. La necesidad de independencia choca con el control parental, generando conflictos, rebeldía extrema o, por el contrario, sumisión prolongada.
SEÑALES DE ALERTA EN LA CRIANZA
La sobreprotección no siempre es evidente. A menudo se disfraza de atención constante y cuidado responsable. Sin embargo, existen señales claras que alertan sobre este exceso.
Impedir que el hijo cometa errores, intervenir en conflictos escolares o decidir por él en todo momento son prácticas comunes que limitan su crecimiento personal.
Permitir que los niños enfrenten consecuencias acordes a su edad es clave para formar adultos funcionales, resilientes y emocionalmente sanos.
CÓMO PROTEGER SIN DAÑAR
El equilibrio entre cuidado y autonomía es fundamental. Acompañar no significa controlar, y guiar no es lo mismo que imponer. La crianza saludable fomenta la independencia progresiva.
Los expertos recomiendan establecer límites claros, permitir errores y promover la toma de decisiones desde edades tempranas. Así, el niño aprende que equivocarse también es parte del aprendizaje.
Criar con amor implica confiar en las capacidades del hijo y brindarle herramientas, no caminos resueltos. El verdadero cuidado prepara para la vida, no la evita.
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DATOS CURIOSOS
· La sobreprotección parental se asocia con mayor ansiedad en adultos jóvenes
· Niños sobreprotegidos presentan menor tolerancia a la frustración
· El exceso de control reduce habilidades sociales a largo plazo· La autonomía infantil fortalece la autoestima y la resiliencia