Foto: Vanguardia/ Especial
El Universal
El 15 de octubre de 2009 empezó la persecución contra María, una emboscada que no cesó hasta que la encontraron
CIUDAD DE MÉXICO.- El 15 de octubre de 2009 empezó la persecución contra María, una emboscada que no cesó hasta que la encontraron.

Egresada de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, la otrora funcionaria aún aparece sonriente en su cuenta de Facebook, con un saco blanco, orgullosa de ser oriunda de Tiquicheo y de vivir ahí, pese a los atentados.

Hoy, su cuerpo fue identificado en el Servicio Médico Forense (Semefo) local. María Santos Gorrostieta, quien fue alcaldesa de Tiquicheo, Michoacán, murió con las manos atadas, por un golpe en la cabeza.

Todo empezó un jueves por la madrugada. Un comando atacó el auto donde viajaba María cuando se dirigía la presidencia municipal de Tiquicheo, una zona enclavada en la Tierra Caliente, donde el crimen organizado actúa entre Guerrero y Michoacán. Las imágenes de una helicóptero durante el rescate conmovieron a la opinión pública, pues varios ediles había caído de la misma manera

Sin embargo, la aeronave ya no rescató al esposo de María, José Sánchez. Él murió en el ataque y María quedó viuda con sus tres hijos.

"Pero ahora, no, no es posible que yo claudique cuando tengo 3 hijos, a los cuales tengo que educar con el ejemplo, además del recuerdo que poseo del hombre de mi vida, del padre de mis pequeños, aquel que supo enseñarme el valor de las cosas y a luchar por ellas", dijo María, luego de uno de los atentados.

La pérdida de sumarido no fue menor, pero la entonces funcionaria aseguraba que "aunque ya no esté con nosotros, sigue siendo la luz que guía mis decisiones, que sobra decir que cada una de ellas va encaminada a sacar a mi municipio del rezago en el que se encuentra".

De extracto priísta, María cambió su militancia al PRD, luego de los atentados y pese a los cuales, no dejó su encargo como funcionaria.

Luego del último ataque, María mostró su cuerpo, herido, con la marca de la muerte en la piel y un parche para resanar las vejaciones que le causaron sus agresores.

"Quise mostrarles mi cuerpo herido, mutilado, vejado, porque no me avergüenzo de él, porque es el resultado de grandes desgracias que han marcado mi vida (...) es testimonio vivo de que soy una mujer con fuerza y entereza, de que a pesar de mis heridas físicas y mentales, sigo de pie", dijo la ex alcaldesa  en una carta que envió con fotografías a los medios en el 2011, justo un año después del segundo ataque.

Una emboscada que no cesó hasta que la encontraron.