Las marcas dan el salto al mercado de los autos usados.
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La mayor parte del mercado de coches usados se desarrolla entre compradores y vendedores privados. Una alternativa cada vez mayor es la oferta de segunda mano de los propios fabricantes, con la ventaja de la garantía de los vehículos, aunque eso suponga un ligero aumento de precio.
El mercado de coches usados es pujante, por lo que los fabricantes no quieren mantenerse al margen y ofrecen a través de sus concesionarios programas especiales para autos de segunda mano.
Los garajes de los vendedores oficiales están repletos de coches usados, muchos de ellos de los entregados como pago, otros que proceden del leasing y por último vehículos que llegan de la flota comercial.
Algunas firmas, sobre todo socias de marcas premium, no aceptan vehículos ajenos en su programa de segunda mano, mientras que otras ofrecen un amplio espectro de marcas.
Factores limitadores son la antigüedad -de siete a diez años como máximo- y el kilometraje -no más de 150.000 kilómetros-, aunque cada programa es diferente.
Al contrario que muchos de los coches con los que se comercia en marcas privadas, en los programas de las marcas se realizan concienzudos chequeos técnicos.
Así, por ejemplo, Totoya comprueba hasta 30 puntos en su programa de coches usados y promete "un examen detenido de todas las funciones del automóvil". Mercedes, por su parte, sólo ofrece coches testados "en el máximo estándar de calidad".
Otros fabricantes se comportan de modo similar, como Audi, BMW, Ford y Volvo. No es raro ver ese tipo de vehículos relucir en la exposición, lo que hace pensar a los clientes de forma equivocada que están en la sala de coches nuevos.
Las medidas de los ofertantes para generar confianza van desde una financiación ventajosa hasta autos gratis de sustitución en caso de accidente y descuentos o trabajos de inspección sin coste hasta determinado plazo.
Volkswagen garantiza en su programa en Alemania hasta diez días para devolverlo si el cliente no está satisfecho, plazo que se aumenta a 14 días en el caso de Peugeot y de 30 en el de Volvo, tiempo durante el cual los compradores pueden cambiarlo por otro, aunque no hay derecho a que se devuelva el dinero.
El mayor plus de este tipo de programas es la garantía, ya que los fabricantes suelen ampliar el plazo de un año ya prescrito por ley. Citroën, Toyota y Renault lo aumentan dos años y Mercedes incluso 36 meses.
Por ello es una buena opción para quien no renuncie a la calidad del vehículo, pese a ser de segunda mano, ya que en muchos casos y a los pocos meses la compra privada genera algún tipo de coste, mayor que el que se genera con la compra en un concesionario oficial de una marca.
La desventaja es el precio, ya que puede haber diferencias de hasta un 30 por ciento entre la compra privada y la oficial.
Los concesionarios no hacen sus ofertas con fines altruistas. "También los vendedores se aprovechan de conseguir clientes a través de los coches usados", asegura Thomas Heidbrink, portavoz de Toyota, ya que los trabajos de inspección contribuyen a mantener la ocupación en los talleres. "Y el comprador de un coche usado quizás en un par de años se decida por uno nuevo", añade Heidbrink.