Heridas que deja la guerra en Siria
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Al menos 800 sirios han cruzado la frontera con Israel para recibir atención médica ante el desmoronamiento de los servicios hospitalarios dentro de su territorio
México, DF. La crueldad de una guerra que consume Siria desde marzo de 2011 parece ya no tener cabida para los miles de heridos que deja en todos los rincones donde hay un frente de combate abierto.
La guerra civil en Siria ha dejado hasta el momento 202 mil 354 muertos y más de un millón y medio de heridos, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, conteo al que deben sumarse 22 mil 624 militantes de grupos yihadistas caídos en combate y tres mil 111 personas cuya identidad es desconocida.
La contabilidad de muertos y heridos resultado de los combates entre el Ejército Libre Sirio (ELS) y las fuerzas fieles al régimen de Bashar al-Assad, suma también a los que ha dejado la expansión del autodenominado Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés, y Daesh, por sus siglas en árabe), en territorio sirio; grupo que asedia desde el 16 de septiembre pasado la ciudad de Kobani, de mayoría kurda, localizada en la frontera norte con Turquía.
La expansión de los combates hacia el suroeste de esa nación árabe ha orillado a cientos de sirios a tomar una decisión que podría costarles la vida, a ellos y a sus familias: cruzar la frontera con Israel en dirección a un país enemigo en busca de atención médica.
Desde finales de septiembre pasado, cuando se recrudecieron los combates en esa zona, al menos 800 sirios, entre civiles y combatientes del ELS, cruzaron la frontera con Israel para recibir atención médica ante el desmoronamiento de los servicios hospitalarios dentro de su territorio.
Ahmed, un menor de 12 años habitante de Damasco, fue uno de los que llegó a Israel arrastrando las heridas que le causó la guerra. Él se encontraba jugando en las inmediaciones de su casa, en las afueras de Damasco, cuando cayó una bomba. Su hermano mayor lo encontró y lo llevó a lo que quedó de un hospital cercano para que fuera atendido. Pero a las pocas horas, los médicos le dijeron que no podían hacer más y se tenía que ir, contó Fares Isa, trabajador social del ZIV Medical Center (ZIV), localizado en la ciudad de Safed, en el norte del Israel.
La imposibilidad para ser atendido en Siria llevó a Ahmed, cuya identidad fue protegida por el equipo médico que lo atiende, a cruzar la frontera con Líbano para buscar un hospital en la región del Valle de Beqqa.
Cuando lo recibimos, el niño llegó con lo que conocemos como una carta de referencia del médico que lo atendió en Líbano y que dirigía a quien pudiera atenderlo. No era más que una hoja de cuaderno de espiral manchada con sangre, no llevaba la firma del médico en Líbano, sí la del que lo atendió en Damasco. Todo estaba en árabe, por supuesto, relató Oscar Embon, ahora exdirector del ZIV.
Alexander Lerner, jefe del Departamento de Ortopedia del ZIV, explicó a Excélsior que la mayoría de las heridas que dejan las guerras modernas son resultado de traumas de alto impacto. Al menos 80 por ciento de los heridos sufren traumas ortopédicos que afectan principalmente las extremidades superiores e inferiores, la región de la pelvis y en ocasiones la columna vertebral.
Montado en un burro, Ahmed y su hermano cruzaron el Valle de Beqqa y buscaron la frontera con Israel a través del Monte Hermón. Después de siete horas de trayecto, los dos alcanzaron la línea que marca el ingreso a territorio israelí, en una zona prácticamente militarizada en la que existe la presencia de milicianos del grupo terrorista Hezbolá.
Los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF, por sus siglas en inglés) que resguardaban la frontera vieron que se acercaban dos heridos. Estos soldados consultaron a sus superiores y permitieron que el menor ingresara a Israel, el hermano tuvo que esperar en la frontera.
Nosotros recibimos el comunicado de que llegarían siete heridos, de los cuales, seis eran graves y uno moribundo. Llegaron un sábado. Así empezó de nuevo el flujo de heridos de la guerra civil de Siria para Israel. Al menos 800 heridos llegaron desde finales de septiembre arrojados por la guerra, indicó el exdirector del centro hospitalario.
Esta región del suroeste de Siria, que tiene frontera con Líbano e Israel, constituye un mosaico de facciones enfrentadas que continúa arrojando heridos y sumando muertos como resultado de los combates entre las fuerzas regulares fieles a Al-Assad, los combatientes del ELS y la expansión de militantes del ISIS y del Frente Al-Nusra, filial de Al-Qaeda en ese país.
El Centro Médico ZIV se ubica a tan sólo 20 kilómetros de la ciudad de Quneitra, última frontera de la guerra civil siria en el valle de las Alturas del Golán, punto desde el cual se escuchan claramente las explosiones de los combates y se dejan ver las columnas de humo que dejan los bombarderos.
Embon explica que 17% de los heridos que han llegado de Siria son niños, entre cero y 18 años de edad, civiles que quedaron atrapados entre la violencia que escurre por territorio sirio y que generalmente perdieron a uno o varios miembros de su familia.
Desde la sala de cuidados intensivos en la que se recuperan cuatro sirios, entre ellos Ahmed, Fares Isa, árabe cristiano encargado de su atención, explica que cada herido que procede de una zona de guerra afronta tres tipos de trauma: el que le deja la misma guerra, el que le genera su propia herida y el trauma de ser transportado a un país enemigo. Toda su vida se les ha inculcado que Israel es un país enemigo y al que entre aquí le irá mal, señaló el trabajador social.
Muchos tienen miedo de que sean identificados a su vuelta a Siria como pacientes que fueron tratados en Israel. Por eso protegemos sus nombres y cuando se les da de alta se les otorga documentos en inglés, nada que pueda identificarlos como pacientes de estos hospitales, agregó el exdirector del ZIV.
El hospital no investiga si los heridos por la guerra son civiles, pertenecen al ejército del régimen de Al-Assad o forman parte de las filas rebeldes, los médicos de ese centro los atienden por igual ante la emergencia que implican sus heridas, atención que ha tenido un costo de cinco millones de dólares para esa institución en los últimos tres meses.
Me preguntaban si eran soldados, si son rebeldes no lo sé. Al final, como no llegaban con uniforme suponía que eran civiles o rebeldes. Si el IDF tiene algún tipo de mecanismo o filtro para identificarlos tampoco lo sé. Supongo que los que más se acercan son rebeldes. El Ejército de Asad tenía un hospital en la ciudad más cercana que es Quneitra y que también está siendo bombardeada. No hay un patrón específico porque el dominio de la zona puede cambiar de manos muy rápido, comentó Embon.
Heridas más profundas
La marcas que deja la guerra en Siria no sólo son físicas, sino emocionales. Embon señaló que los heridos que llegan no quieren hablar, quieren dormir todo el tiempo. Esto pasa también con los soldados: gente que está involucrada en una situación extrema de ataques en los que no hay ni día ni noche. Generalmente cuando llegan a un hospital como éste dicen que están muy cansados y lo que quieren es dormir y comer.
Prácticamente cada sirio, haya cruzado o no la frontera para buscar ayuda, ha visto cómo sus familiares y amigos murieron en combate o fueron asesinados. El trabajador social Fares Isa aseguró que esto genera un trauma muy grande al que hay que dar soporte emocional y sicológico.
Cuando llegan están muy asustados, cada ruido lo interpretan como si fueran tiros o misiles o bombas. Todo lo preguntan en árabe y yo los acompaño todo el tiempo desde el primer momento para apaciguar ese trauma, explicarles dónde están y qué es lo que va a suceder. Ellos sólo preguntan si los israelíes les van a hacer daño, comentó.
De acuerdo con el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, del total de víctimas mortales que ha dejado la guerra civil hasta el 1 de diciembre pasado, al menos 63 mil 72 eran civiles, de los cuales diez mil 377 eran menores de edad y seis mil 603, mujeres.
Esta organización no gubernamental señaló en su último reporte que existe una cifra negra de víctimas que podría sumar 80 mil muertes más que no han sido contabilizadas oficialmente por la dificultad para acceder a zonas controladas por grupos como el ISIS y el Frente Al-Nusra.
Desde que comenzaron a llegar los heridos de Siria ha pasado ya más de un año y medio y es algo que sigue constantemente. Es algo que al parecer no tiene solución. Son tragedias que nos dan cuenta de que los seres humanos pueden ser muy crueles. No hay pautas, no hay leyes, se ataca y se mata a todos por igual. Los hospitales también son blanco, lamentó el exdirector del ZIV.