Obama contra Assad y el miedo a que estalle el polvorín en MO

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Internacional
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No habrá "otra Libia", dejó claro un representante del gobierno en el diario "The New York Times".

Washington, EU.- El presidente estadounidense, Barack Obama, no escatima el acoso a su homólogo sirio, Bashar al Assad. Pero hasta ahora, a las palabras apenas les siguieron hechos. La comunidad internacional parece paralizada por miedo a que se incendie la situación en la región de Cercano Oriente. Y la pregunta parece ser: ¿cómo salir de la encrucijada?

Cuando el ex líder libio Muamar al Gadafi reprimía brutalmente a los rebeldes sublevados en su contra, para Obama no había alternativa: "Algunas naciones pueden quizá ignorar las atrocidades de guerra en otros países", dijo el pasado marzo en un discurso para justificar la posición de su país. "Estados Unidos es diferente. Como presidente no pude esperar tanto hasta que hubo imágenes de matanzas y fosas comunes".

Pero ahora que Bashar al Assad lleva protagonizando desde hace casi un año una escalada de la violencia contra la oposición y cada mes mueren cientos de opositores, Obama mide sus palabras de entonces. El mandatario estadounidense ha pedido sanciones, una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU contra Siria e incluso ha exigido claramente al presidente sirio que deje el poder, pero hasta ahora no ha hecho nada más para frenar la brutalidad con medidas militares.

No habrá "otra Libia", dejó claro un representante del gobierno en el diario "The New York Times", algo que los analistas interpretaron como la esperanza de Washington de que Assad se marche voluntariamente y los problemas se solucionen solos. "Ese descuido frente al derramamiento de sangre en Siria es extraño, sobre todo si se tiene en cuenta lo perjudicial que podría ser esa actitud para los intereses estadounidenses", opina Robert Danin, del instituto de investigación Council on Foreign Relations en Washington.

Las reservas estadounidenses se explican, según los analistas, sobre todo por el miedo a que una injerencia en Siria pueda desencadenar un polvorín en la región. Al Assad es el aliado más estrecho de Irán en el mundo árabe y Estados Unidos no quiere dar ningún motivo al régimen de los atayolás para que entren en el conflicto.

Los nervios están además a flor de piel en el marco del conflicto por el controvertido programa nuclear iraní y una chispa podría bastar para desatar el caos. La Casa Blanca teme una "enorme explosión" con consecuencias devastadoras en países como Israel, Líbano, Jordania o Irak.

En vista de esa encrucijada, a los estadounidenses les gusta llenarse la boca, como cuando la secretaria de Estado, Hillary Clinton, prometió que Estados Unidos doblaría los esfuerzos para frenar la violencia en Siria. Pero la cuestión clave es qué medios no violentos puede utilizar Washington contra un dictador que durante meses "ni se plegó ni se quebró ante la presión internacional", señala el instituto político Brookings en Washington.

Para el experto Danin, Estados Unidos tiene alguna palanca para doblegar a Al Assad sin necesidad de bombas. La retirada de todos losdiplomáticos de Damasco y el cierre de su embajada parecen sólo el inicio de una serie de pasos que podrían seguir ahora, como lograr que la ONU apruebe un embargo de armas a Siria contra el que ni Rusia pueda oponerse. Y es que Danin cree que el tema seguirá estándo en al agenda del Consejo de Seguridad.

Para aumentar la presión a Al Assad, Clinton ya llamó a la creación de un grupo de contacto "Amigos de Siria" que incluya a Estados árabes como Qatar, Turquía o Arabia Saudí, así como aliados occidentales, como Francia, Reino Unido o Estados Unidos. Juntos podrían aprobar nuevas sanciones contra el país y los fieles del régimen.

Por último también sería posible una denuncia contra Al Assad ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya, como ya mostró el caso Gadafi.

Pero principalmente, Estados Unidos y otros países tendrán que fortalecer a la oposición siria, por desmembrada y a falta de liderazgo que esté, con medidas que vayan desde el reconocimiento diplomático del Consejo Nacional Sirio hasta la formación para el combate de milicianos, pasando por el suministro de armas.

Pero en el marco de todos los intentos, más bien carentes de riesgos hasta ahora, para derrocar a Al Assad, no puede excluirse nunca la opción militar para no parecer ante Damasco un tigre sin dientes. "Al final tendrá que debatirse también una intervención militar, para dejar claro que el régimen no puede reprimir a la oposición con violencia", añade el experto Daniel Byman, del instituto Brookings.


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