El "Prestige": Diez años de la peor catástrofe ecológica en España
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El costo del derrame superó los 4.400 millones de euros.
Madrid, España.- El "Prestige", un inmenso y viejo buque con 77,000 toneladas de petroleo, navegaba frente a la costa de Galicia en medio de un temporal cuando se abrió una vía en su casco. Su capitán, el griego Apostolos Mangouras, lanzó una llamada de socorro. El hidrocarburo comenzaba a salir. El gobierno español ordenó arrastrar el buque a mar abierto. Era 13 de noviembre de 2002. Aquel día de hace 10 años comenzó la peor catástrofe ecológica en la historia de España.
Seis días después, aquel petrolero más largo que dos campos de fútbol se partió en dos tras 20 años surcando mares y, mientras seguía liberando fuel, fue hundiéndose a casi 4,000 metros de profundidad en el Atlántico, a unos 250 kilómetros de la costa gallega, donde hoy sigue sepultado por el agua.
Para entonces, la marea negra ya había golpeado. El 16 de noviembre, la Costa da Morte, zona cero del desastre, amaneció cubierta de chapapote. La capa era tan densa que ni las olas podían con ella. "Era como si el mar estuviera muerto. Apenas se movía", en palabras de un pescador gallego. La gente lloraba al mirarlo.
De las entrañas del "Prestige" salieron unas 60.000 toneladas de petroleo. Otras 13,000 se sacaron después del pecio hundido en una complicada operación. 1,600 kilómetros de litoral, con su fauna y su flora, se tiñeron de negro. 250,000 aves murieron, más de 1,000 playas quedaron contaminadas, porque el fuel no sólo azotó Galicia: alcanzó también las costas de las regiones españolas de Asturias, Cantabria y País Vasco, y llegó asimismo a las de Portugal y Francia.
En lo económico, el desastre atacó duramente la principal fuente de ingresos de la costa gallega: se prohibió la pesca y el marisqueo. "La gente salió con sus propios barcos, arriesgando las embarcaciones. Volvíamos con chapapote hasta en la boca", rememora otro pescador gallego.
El costo del derrame superó los 4.400 millones de euros. Es la cifra en la que la fiscalía ha fijado la reclamación de daños en el juicio por la catástrofe que arrancó el pasado 16 de octubre en La Coruña. El capital del "Prestige", el principal de los cuatro acusados por la catástrofe, declara mañana martes ante la Audiencia Provincial de La Coruña, justo el mismo día en el que se cumplen 10 años del accidente.
Junto a Mangouras, que se enfrenta a 12 años de cárcel por atentado contra el medio ambiente, daños y desobediencia, en el banquillo de los acusados se sientan el jefe de máquinas y el ex director de la Marina Mercante española José Luis López-Sors, el único cargo político acusado. Debería estar también el primer oficial del "Prestige", pero aún se encuentra en busca y captura.
"Las raíces del accidente siguen vigentes" y no ha habido una asunción de responsabilidades políticas, ha lamentado estos días la organización ecologista Greenpeace. "Se priorizan los intereses personales y políticos sobre los sociales y del medio ambiente", manifestó su director en España, Mario Rodríguez.
En lo político, el gobierno presidido entonces por José María Aznar sufrió uno de los mayores cuestionamientos sociales por su gestión del accidente. La decisión del Ejecutivo de arrastrar el pecio lo más lejos posible del litoral favoreció, según los expertos, que el buque se partiera y se hundiese.
Todavía hoy se recuerda cómo el entonces vicepresidente del gobierno y ahora jefe del Ejecutivo español, Mariano Rajoy, aseguraba en los primeros días de la catástrofe que del pecio salía poco fuel, apenas unos "hilillos de plastilina", mientras toda España veía por televisión la costa gallega teñida de color alquitrán.
Aquellos días fueron también los del nacimiento de la plataforma "Nunca Mais", una reacción ciudadana a la catástrofe y a cómo la gestionaron las autoridades que fraguó un sentimiento de pertenencia y de lucha que aún hoy sigue vivo.
Porque la catástrofe también sacó lo mejor de la gente. Unos 100.000 voluntarios -de Galicia, del resto de España e incluso del extranjero- corrieron a las playas gallegas para ayudar a limpiar el fuel y salvar aves enfangadas en petróleo, muchas veces sin más que instrumentos improvisados y sin apenas protección, una acción por la que aún hoy hay muchas personas que sufren problemas respiratorios.