Sombra de la esclavitud asola a Portugal

Internacional
/ 17 junio 2011

    Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), unos 12 millones de personas son víctimas de trabajos forzados en todo el mundo.

    Lisboa, Portugal.- Cuando salió a caminar sin destino por las pequeñas calles de Fundao, Ricardo dos Santos no podía imaginar lo que le esperaba.

    En esta idílica pequeña ciudad portuguesa de poco más de 8000 habitantes, el joven menor de edad iba al encuentro de una terrible odisea.

    "¿No quieres ir a España? ¡Te puedo encontrar un buen trabajo, quieres?", fueron las preguntas que le lanzó aquella noche de octubre de 2003 un desconocido.

    Ricardo acabó en una quinta de Iscar, unos 150 kilómetros al norte de Madrid, donde pasó más de tres años sometido a trabajos forzados. Para que no escapara, le amenazaban y golpeaban brutalmente, y tenía que dormir en un viejo y sucio gallinero encadenado a otras víctimas.

    Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), unos 12 millones de personas son víctimas de trabajos forzados en todo el mundo. La mayor parte residen en regiones pobres de países del llamado Tercer Mundo. Pero la esclavitud asola también a Europa, y en Portugal, un país sacudido por una crisis económica que viene creciendo desde hace diez años, es donde la alarma suena más alto.

    La esclavitud "es un crimen cada vez más comun" en Portugal, advirtió estos días el diario luso "Público". Sin embargo, la banda que llevó a Ricardo y a muchos otros hombres por la fuerza a España ya ha sido  desarticulada.

    En abril pasado, el tribunal de justicia de Fundao decretó la primera y hasta ahora única sentencia por "práctica de la esclavitud" en la historia de Portugal.

    El jefe de la banda, António José Fortunato Maria, llamado "Tó Zé Cigano", que había sido detenido en 2007, fue condenado a 20 años de prisión. Su madre y su padre, que también integraban la banda y se acercan a los 70 años de edad, tendrán que pasar los próximos 12 y 8 años, respectivamente, detrás de las rejas.

    Recientemente, otra banda que llevaba portugueses a España fue desarticulada. En Coimbra se prepara el proceso contra siete acusados principales. Unas 20 víctimas están dispuestas a declarar ante la corte.

    Pero las plantaciones de cebollas, patatas, zanahorias y ajo en España no son, entretanto, el único destino de estos modernos esclavos portugueses. El Sindicato de la Construcción de Portugal (SCP) alertó hace unos días en Lisboa que la crisis financiera en el país más pobre de Europa ha creado un "nuevo tipo de esclavitud".

    Se trata, afirma el SCP, de portugueses desesperados que ya no encuentran trabajo en su país y son explotados descaradamente en países como Alemania o Francia. Allí, sin embargo, la situación no es, al parecer, tan grave como en algunas plantaciones españolas, donde los imigrantes a veces no reciben ni un mísero centavo, pero sí muchos golpes.

    En España y Francia "hay situaciones de portugueses a los que les prometieron 2.500 euros por mes y acaban recibiendo 700" en el sector de la construcción, reclama el presidente del SCP, Albano Ribeiro. "En los últimos 18 meses salieron de Portugal cerca de 35.000 trabajadores de la construcción civil", cuenta.

    Ribeiro constató en recientes viajes que muchos portugueses en Alemania y Francia trabajan 12 horas por día y "viven en condiciones infrahumanas", alojados de a 15 en pequeños cuartos. Pese a la crisis, se registran también en el Portugal en pleno siglo XXI formas de trabajo análogas a la esclavitud.

    El obispo de Beja, D. António Vitalino Dantas, denunció recientemente que "cientos de personas son utilizadas en forma abusiva en la cosecha de aceitunas" en Alentejo, la región ubicada entre Lisboa y los lujosos balnearios del Algarve en el sur luso.

    Esto también fue constatado por el diputado Mendes Bota, del Partido Socialdemócrata PSD, que formará el nuevo gobierno de Portugal tras triunfar en las elecciones del 5 de junio pasado. Mendes Bota, quien es también presidente de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades entre Mujeres y Hombres de la Asamblea Parlamentar del Consejo de Europa, reclamó:

    "(En el Alentejo) hay personas que trabajan descalzas (...) pasan frío y muchas fueron vistas buscando comida entre la basura, porque estaban muriéndose de hambre".

    Las víctimas, según Bota, no son solo portugueses. Hay, también, muchísimos ciudadanos pobres de Rumania, Bulgaria y Moldavia, atraídos bajo falsas promesas por mafias del este europeo que operan también en la península ibérica. Las mujeres son obligadas a ejercer en muchos casos la prostitución.

    No solo hay amenazas contra las víctimas directas, "sino a veces también contra las familias de los trabajadores engañados, para que estos no escapen", afirma Bota. Sin embargo, lo que más conmocionó recientemente a la sociedad y los medios lusos fueron los relatos de las víctimas de trabajos forzados en las plantaciones españolas, donde, según "Público", las personas viven "como bichos".

    Las víctimas son, en muchos casos, alcohólicos e indigentes de aldeas del interior del país. Pero la creciente pobreza hace de los hombres desempleados y desesperados el blanco predilecto de bandas como las de "Tó Zé Cigano".

    "Si alguien te ofrece trabajo, no preguntas por contrato ni nada, te vas corriendo a Lisboa, a Oporto, a España o a donde sea", contó a dpa un joven que trabaja en la pequeña ciudad de Idanha-a-Nova, en Beira Interior, región en la que actuaba "Tó Zé Cigano".

    El trabajo escasea cada vez más en Fundao, Idanha-a-Nova y otras municipalidades de esta región central de Portugal. Por ello, en la calle predominan los ancianos.

    "Los jovenes somos bichos raros aquí, no hay trabajo, todos se van, es que también empieza a haber hambre", dice una joven que trabaja en el modernísimo albergue de la juventud de Idanha, construido con dinero de la Unión Europea.

    Por ello, la promesa de un sueldo de 250 euros por mes, unos 350 dólares, y un pago de 50 euros fueron suficientes para que una madre "entregara" a su hijo menor, José Antonio, a "Tó Zé Cigano".

    En Iscar, sin embargo, prácticamente no se les pagaba nada a los "esclavos", según salió a la luz en el reciente proceso realizado en Fundao. A los esclavos se les retiraban los documentos y les daban un solo plato de comida por día.

    Descansaban solamente "los días en que las máquinas se rompían" y tenían que ser arregladas, consta en la sentencia del tribunal. Cuando alguien reclamaba, aparecía "Tó Zé Cigano" con su temido bastón de junco con porra y gritaba: "Te voy a quebrar las piernas".

    Ante el tribunal, el hombre de 35 años repitió esta amenaza, agregando un "cuando salga de la cárcel", para evitar que los 12 testigos de la fiscalía revelasen toda la dimensión de la tragedia.

    Los dueños de las plantaciones aseguran, según los medios portugueses, que confiaban en su capataz portugués y que no tenían idea de lo que estaba ocurriendo.

    Hoy en día, los ex esclavos Ricardo, José Antonio y decenas de otros pueden dormir tranquilos, sin cadenas alrededor de sus muñecas. Pero como escribió el diario "Público" este sábado: "El caso de Iscar está cerrado. Pero, entretanto, en otras zonas de Portugal se continúan realizando otras investigaciones".

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