Stalin, héroe o verdugo, protagonista de la guerra de los símbolos

Internacional
/ 6 mayo 2010

    El Día de la Victoria es la única festividad local que logra que los rusos de toda clase, ideario político o condición social dejen a un lado sus diferencias para rendir tributo a los 26,6 millones de soviéticos que murieron en la guerra contra el fascismo.

    Moscú, Rusia.- Los rusos se han enzarzado en una incruenta guerra de símbolos cuyo principal protagonista es Stalin y su polémico papel en la victoria sobre Hitler, en vísperas de los festejos por el 65 aniversario del fin de la contienda mundial.

    "Los rusos somos maximalistas. Para unos Stalin es un Dios, para otros un verdugo. No hay término medio", aseguró a Efe Serguéi Dorenko, popular periodista y presentador de radio, miembro del Partido Comunista Ruso (PCR).

    Las ciudades rusas se preparan estos días para conmemorar por todo lo alto el 9 de mayo la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania nazi en la Gran Guerra Patria (1941-1945), episodio soviético de la Segunda Guerra Mundial.

    El Día de la Victoria es la única festividad local que logra que los rusos de toda clase, ideario político o condición social dejen a un lado sus diferencias para rendir tributo a los 26,6 millones de soviéticos que murieron en la guerra contra el fascismo.

    No obstante, la figura del dictador soviético Iósif Stalin se ha colado este año de imprevisto en los festejos, debido a la insistencia de algunos sectores de que se cuelguen sus retratos en las calles.

    "Un 9 de mayo sin Stalin es simplemente ridículo. La historia de la victoria tiene muchas caras y sin recordar a Stalin difícilmente será completa", afirmó Iván Mélnikov, número dos de los comunistas y vicepresidente de la Duma (cámara de diputados).

    El alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, anunció hace unos meses que en la capital aparecerían con motivo del Día de la Victoria carteles con retratos del conocido como "padre de los pueblos", iniciativa que fue muy criticada por los liberales y defensores de derechos humanos, que amenazaron con arrancarlos.

    Éstos recuerdan que Stalin logró que la Unión Soviética se mantuviera al margen de la contienda mundial merced al polémico tratado de no agresión soviético-alemán Mólotov-Ribbentrop (1939), por el que se repartió Europa del Este con Hitler.

    Los liberales también critican a Stalin por ser poco previsor, debilitar al Ejército con continuas purgas y no reaccionar a la creciente amenaza hitleriana hasta que las tropas alemanas invadieron territorio soviético el 22 de junio de 1941.

    "Stalin tiene que existir. No podemos dejar vacía una de las tres sillas de la conferencia de Yalta, donde Stalin se sentó junto a Roosevelt y Churchill. Al mismo tiempo, para millones de rusos, su mismo nombre causa dolor", añadió Dorenko.

    "No somos como los chinos. Los rusos somos muy temperamentales. No podemos juzgar a Stalin con porcentajes, como ellos hicieron con Mao. Un 70 por ciento bueno, un 30 por ciento malo", indicó.

    En vísperas de los festejos, Luzhkov se echó atrás después de ser criticado por el partido del Kremlin, Rusia Unida, y el presidente de la Duma, Borís Grizlov.

    "Luzhkov no es un historiador, sino el alcalde de la ciudad. La valoración política de Stalin nunca puede ser positiva", dijo.

    Por ello, los veteranos y nostálgicos que quieran rendir memoria a la figura de Stalin en su faceta militar tendrán que acudir a los museos.

    Según la encuesta del Centro Levada, la mayoría de los rusos (51 por ciento) es contrario a la presencia de carteles de Stalin en las calles de las ciudades y sólo una minoría (12 por ciento) apoya la iniciativa.

    El Kremlin se mantuvo al margen de la polémica, aunque en las últimas semanas tanto el presidente ruso, Dmitri Medvédev, como el primer ministro, Vladímir Putin, criticaron públicamente las represiones, deportaciones y matanzas estalinistas, como la de miles de oficiales polacos en Katyn.

    Y eso que los comunistas se las prometían felices cuando las autoridades locales restauraron en la estación de metro Kúrskaya un relieve con una frase del antiguo himno soviético -"Stalin nos crió en la lealtad al pueblo, nos inspiró al trabajo y al heroísmo"- que había sido retirada en los años 50 del siglo XX en el marco de la campaña contra el culto a la personalidad.

    No obstante, su alegría duró poco, ya que el Ayuntamiento decidió retirar el escudo soviético de la nueva fachada del legendario teatro Bolshói y sustituirlo por el águila bicéfala rusa.

    Los comunistas no se rinden y han adelantado que portarán retratos de Stalin y el fundador del Estado soviético, Lenin, durante el Día de la Victoria en Moscú, y colgarán carteles en San Petersburgo.

    En Vladivostok, capital del Extremo Oriente ruso, las autoridades locales no han ignorado las peticiones de los veteranos y colgarán carteles de Stalin para el 9 de mayo.

    Los nostálgicos de la URSS también insisten en devolver a Volgogrado, ciudad que fue escenario de una de las batallas más importantes de la Segunda Guerra Mundial, el nombre de Stalingrado, pese a que el 59 por ciento de los rusos se opone, según Levada.

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