Kiev, corazón de la resistencia pacífica contra Yanukóvich

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Internacional
/ 3 diciembre 2013

El "Euromaidán" (maidán es plaza en ucraniano), como se conoce a las protestas en la Plaza de la Independencia de Kiev no piensa marcharse de las calles.

Kiev, Ucrania.- Ni las temperaturas gélidas, ni las amenazas veladas del Gobierno ni las malas noticias llegadas hoy del Parlamento enfriaron los ánimos de los manifestantes ucranianos concentrados desde hace días en la céntrica Plaza de la Independencia de Kiev, rebautizada como la "Euromaidán" (europlaza).

Un sol resplandeciente atenuó el frío durante una nueva jornada de las protestas populares en el centro de la capital ucraniana, mientras en la Rada Suprema (Parlamento) el Gobierno del primer ministro ucraniano, Nikolái Azárov, superaba una moción de censura.

El "Euromaidán" (maidán es plaza en ucraniano), como se conoce a la protesta indefinida que se ha instalado desde la pasada semana en la Plaza de la Independencia de Kiev, y que ha cristalizado en un movimiento de masas aparentemente espontáneo, no piensa marcharse de las calles.

"No nos iremos de aquí hasta que el tirano de (el presidente, Víctor) Yanukóvich deje el poder. La mayoría de los que estamos aquí somos estudiantes y tenemos todo el tiempo del mundo", dijo a Efe un joven manifestante que prefirió guardar el anonimato.

Los más idealistas salieron a las calles porque quieren estar en Europa, y exigen la dimisión del presidente ahora que creen que le ha dado la espalda a la UE al negarse a firmar el Acuerdo de Asociación, un documento en el que muchos vieron una puerta que se abría por el oeste y otra que se cerraba por el este.

Otros, como Vasili, decidieron dejar el calor de sus casas después del violento desalojo de la plaza en la madrugada del pasado sábado, cuando la policía antidisturbios irrumpió en un campamento montado en ella y barrió a palos a la gente que pasaba allí la noche, la mayoría jóvenes.

"Pegan a nuestros hijos, esto ya no lo podemos permitir", asegura Vasili, quien no duda en decir que "todo Kiev apoya esta revolución".

La ciudad se organiza para resistir con el vivo recuerdo de la Revolución Naranja de hace diez años, cuando tres semanas de concentración pacífica en la misma Plaza de la Independencia lograron forzar la convocatoria de nuevas elecciones después de que el propio Yanukóvich ganara unos comicios denunciados como fraudulentos por la oposición.

Los provocadores y los violentos ya no se dejan notar en el centro de la ciudad, criticados con dureza y denostados por los propios manifestantes después de las batallas campales del pasado domingo entre policía y radicales, que se saldaron con dos centenares de heridos de ambos bandos.

Retirada también la Policía, a la que ya ni se ve en el corazón de la resistencia pacífica de Kiev, el Euromaidán recuerda como nunca a lo ocurrido en 2004.

Y como hace diez años, el frío es el principal obstáculo para permanecer en la plaza, aunque también en esto ya están curtidos los opositores y así lo demuestra la forma en que se organizan.

El olor a leña invade todo el maidán, y como en las películas que llevaban al espectador a las calles más marginales de Nueva York, los manifestantes se calientan con el fuego de las hogueras que muchos han encendido dentro de unos barriles.

"Tomad ropa, tomad ropa para abrigaros", grita un chico sentado frente a una montaña de mantas y prendas de todas las tallas y colores.

La Plaza de la Independencia de Kiev vuelve a ser un hervidero, con miles de personas decididas a permanecer aquí hasta el final.

Entre mitin y mitin, a cuyos oradores pueden ver todos los congregados en una pantalla gigante colocada sobre un edificio, la gente se calienta con sopa, té y café, y también con la música que en ningún momento deja de sonar sobre el escenario levantado en el centro de la plaza. 

Ucranianos libran en la calle una batalla por adelantar las elecciones

La oposición ucraniana, que se ha adueñado de las calles de Kiev desde hace diez días para vengar su "sueño roto" de acercarse a la Unión Europea (UE), libra ya una batalla preelectoral buscando el adelanto de las elecciones presidenciales de 2015.

Las protestas populares comenzaron el 21 de noviembre, cuando el presidente Víktor Yanukóvich echó un jarro de agua fría a los europeístas al anunciar que Ucrania no firmaría un Acuerdo de Asociación con la UE, negociado durante años y que supondría un paso de gigante hacia la futura integración.

Pero arreciaron desde que el viernes pasado concluyó en Vilna la cumbre entre la UE y los países de la Asociación Oriental -seis repúblicas ex sovieticas, entre ellas Ucrania- sin consumarse el que iba a ser el principal punto de la agenda, la firma del acuerdo con Kiev.

Al igual que las protestas y el número de manifestantes -que el domingo llegaron al medio millón de personas, según los cálculos de la oposición- también han ido creciendo en intensidad las exigencias de dimisión de Yanukóvich y su Gobierno, y los llamamientos a celebrar comicios presidenciales y parlamentarios.

Que en la calle se libra algo más que la eterna dicotomía Unión Europea-Rusia en la polarizada sociedad ucraniana lo expresó ayer el propio presidente ruso, Vladímir Putin.

Pero el jefe del Kremlin, virtual ganador en la pugna con Bruselas por la influencia sobre Ucrania, vio agriarse su victoria por el estallido de unas protestas ahora "descontroladas", según reconoció el primer ministro ucraniano, Nikolái Azárov.

En Armenia, otro de los países de la Asociación Oriental montada por Bruselas para propagar su ideario al Este, Putin dijo que las acciones de protesta "tienen poco que ver con las relaciones entre Ucrania y la UE", y en cambio obedecen a intereses de quienes "quieren agitar los procesos políticos internos".

"Se trata de una acción bien planeada de antemano" con la vista puesta en las elecciones presidenciales de 2015, afirmó el presidente ruso.

Demagogia o no, entre las decenas de miles de personas que se manifiestan estos días en Kiev resuenan con fuerza, en la plaza de la Independencia, las arengas de quienes serían los principales contendientes de Yanukóvich en unos comicios presidenciales.

Uno de ellos es Vitali Klitschkó, el campeón de boxeo de 42 años que encabeza el partido UDAR, un acrónimo que en ruso y ucraniano significa GOLPE, y que en el último año se ha perfilado como una alternativa real a Yanukóvich.

Su fama de proeuropeo y luchador anticorrupción ha traspasado las fronteras y ayer, el ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, anunció en una entrevista que había propuesto a Klitschkó "recibirlo en París" como representante de la oposición ucraniana para conocer lo que está pasando.

Y dijo de él que después de haber sido campeón de boxeo "construyó su fortuna con sus puños", es decir, que "es incorruptible" y además "cree en la democracia".

Otro dirigente opositor cuya voz resuena estos días en los mítines que se desarrollan casi sin interrupción en el "Euromaidán" (como se conoce a la asamblea popular europeísta en la plaza de la Independencia) es Arseni Yatseniuk, líder del grupo parlamentario "Batkivschina" (Patria), que encabeza desde la cárcel la exprimera ministra Yulia Timoshenko.

Yatseniuk, abogado y economista de 39 años, exministro de Exteriores y de Economía y expresidente de la Rada (parlamento), entre otros cargos, es uno de los políticos de la oposición más poderosos.

Las encuestas también le sitúan en la carrera presidencial, al igual que a Klitschkó.

Igualmente, crece en popularidad Oleg Tiagnibok, de 45 años, el más controvertido de los líderes opositores, quien encabeza el nacionalista "Sloboda" (Libertad).

Miembros de su movimiento fueron quienes tomaron el pasado domingo el edificio del Ayuntamiento de Kiev, y en los últimos días ha repetido que "la revolución ha comenzado en Ucrania". 




Por Arturo Escarda y Virginia Hebrero/EFE



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