Crisis política en Bélgica comienza a sentirse en la economía

Internacional
/ 7 diciembre 2007

    Bruselas.- La parálisis política en Bélgica comienza ya a tener un impacto en la economía, donde las señales de alarma comienzan a aparecer, como por ejemplo la falta de medios y efectivos en los servicios de bomberos, los socorristas o la policía y el recelo de inversores y empresarios.

    Seis meses después de las elecciones, Bélgica no tiene todavía un gobierno debido al conflicto entre partidos flamencos y francófonos por el grado de autonomía otorgado a Flandes, una región del norte del país. El gobierno de transición del primer ministro saliente belga, Guy Verhofstadt, se limita a resolver los asuntos corrientes, pero el país permanece en un limbo político.

    Sin embargo, la estructura muy descentralizada de este reino, en el que las regiones tienen poderes importantes, le permite paliar el choque de la crisis federal. Al mismo tiempo, su pertenencia a la zona euro le protege de una tormenta monetaria que hace diez años habría hundido el franco belga. No obstante, entre algunos sectores, la preocupación va en aumento.

    Los bomberos y socorristas por ejemplo, esperan en vano los fondos federales aprobados en mayo por el Parlamento. Sin embargo, el gobierno no puede entregarlos por ahora debido al bloqueo institucional.

    La situación es idéntica en la policía belga. El Estado, que garantiza la formación de los agentes, no puede poner a disposición de las ciudades los efectivos necesarios.

    Al mismo tiempo, los servicios de asistencia social tampoco pueden atender como debieran a los hogares más modestos debido a la falta de fondos públicos. Ante este panorama preocupante, los principales empresarios no esconden su creciente preocupación. "Perdemos terreno en el extranjero y los inversores dudan antes de venir a Bélgica. El mundo exterior piensa que el fin de Bélgica como Estado está cerca", advirtió la Cámara de Comercio e Industria belga.

    "Hay pocas posibilidades de resolver la crisis belga rápidamente y la economía podría pagar las consecuencias", confirmó Stephane Deo, economista del banco UBS.

    El Banco Central belga se preocupa sobre todo por el impacto en las cuentas públicas nacionales, que comienzan a estar en rojo, ya que el Estado no puede tomar iniciativas presupuestarias en un contexto de desaceleración general del crecimiento.

    La institución previó esta semana un déficit de 0,1% del Producto Interior Bruto (PIB) este año, cuando se esperaba un resultado positivo, y de 0,3% en 2008.

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