El reciclado de desechos deja pasmados a los indonesios
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<span></span><span style="font-weight: bold;">Indonesia.- </span>Los contenedores selectivos de recogida de residuos instalados en la Conferencia sobre el clima de Bali no pasan desapercibidos en un país cuya población se desprende de la basura como buenamente puede, a menudo sin pararse a pensar en efectos medioambientales.
Con su césped impecable, Nusa Dua, la península al sur de Bali donde se desarrolla la reunión crucial sobre el cambio climático, poco tiene que ver con las demás ciudades del archipiélago, donde la basura, con frecuencia, se integra en el paisaje.
En el exterior del centro de convenciones, los balineses tienen su propio concepto del tratamiento de los desechos.
"Arrojamos todo a un agujero que comparto con mis vecinos y todos los días quemamos", cuenta Kadek Murtini, un vendedor de 17 años que reside en Denpasar, la principal ciudad de Bali.
Otros habitantes explican que, a falta de un servicio municipal eficaz, se ven obligados a contratar basureros y traperos para que se lleven sus bolsas de basura.
Romli, un adolescente, es uno de ellos. Su selección de los desperdicios no se ajusta a criterios medioambientales, sino a un magro interés económico.
"Doy la vuelta a la ciudad cada día, desde las 05H00 hasta las 15H00.
Recojo plástico, cajas de todo tipo, aluminio y papeles", relata a la AFP.
"Llevo todo eso a mi patrón, lo pesa y me da dinero", explica.
Nyoman Sudarna, comerciante de profesión, no ha oído en su vida a nadie hablar del reciclado de desechos.
"Jamás oí hablar de ello. Debe tratarse de tecnología puntera con grandes máquinas", se imagina.
Su ignorancia no es un hecho aislado. Varios millones de indonesios, generalmente los más pobres, tampoco conocen el reciclado. Para ellos la defensa del medio ambiente no es una prioridad.
Según una investigación de una ONG, en algunos barrios de la capital, Yakarta, casi el 80% de los residentes arroja sus desechos a los canales y a los cauces de agua que atraviesan la megalópolis.
Alrededor de 50 millones de indonesios carecen de acceso a agua potable, 90 millones no tienen suministro eléctrico y casi 200 millones se las arreglan sin alcantarillas, afirma por su parte el Banco Mundial.
Por eso llaman la atención las iniciativas ecológicas adoptadas para la Conferencia sobre el clima.
Para desplazarse de una sala de reunión a otra, en complejos hoteleros lujosos, los asistentes pueden usar las bicicletas puestas a su disposición.
"Las bicicletas, son muy prácticas, los delegados las usan, es más rápido que caminar y son ecológicas", explica Salwa Dallala, coordinadora de la conferencia onusiana.