Enfrenta Israel disyuntiva entre invadir Gaza y negociar con Hamás

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Internacional
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    <span style="font-weight: bold;">Jerusalén.- </span>El primer ministro israelí Ehud Olmert está ante una grave disyuntiva sobre sus próximos pasos en la Franja de Gaza porque cualquier tipo de negociación con Hamás acabaría con la gestión del presidente palestino Mahmud Abbas.<br>

    Una negociación con el movimiento islamista también daría entrada a Irán en el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

    Después de cuatro días de operaciones militares de 'tanteo' en el territorio, en las que han muerto casi un centenar de palestinos y tres israelíes, Olmert se debate entre distintas posibilidades para neutralizar los ataques contra territorio israelí desde Gaza.

    Desde 2001 más de siete mil cohetes Kassam han sido lanzados desde el territorio hacia Israel.

    'Israel no puede tolerar la situación actual en la que una gran parte de su población está expuesta a los cohetes día tras día", afirmó el columnista israelí Nahum Barnea, del diario Yediot Aharonot.

    'Es inmoral. Se les puede pedir a los israelíes que toleren un cierto grado de riesgo, pero no es justo pedirles que arriesguen sus vidas durante largos periodos sin que vean una salida a su situación', sostuvo.

    Hasta ahora, las únicas ciudades afectadas eran pequeñas localidades fronterizas como Sderot, unos 25 mil o 30 mil habitantes en total, pero el jueves Hamás desplegó sus nuevos cohetes Grad y dejó dentro de su alcance ofensivo la ciudad de Ashkelón, con 120 mil habitantes.

    Para poner fin al lanzamiento de cohetes, Israel 'enfrenta únicamente malas opciones', señaló el comentarista Amos Harel, del diario Haaretz, como lo indican también otros expertos en cuestiones militares.

    Básicamente, todos coinciden en señalar que el dilema del gobierno se reduce a dos alternativas: que el Ejército se haga de nuevo con el control de Gaza o de una gran parte de ella, o bien entrar a negociaciones abiertas, directas y serias con Hamás.

    Las consecuencias de la primera suponen para Israel un alto número de víctimas (tanto soldados como civiles palestinos), las inevitables condenas de la comunidad internacional y, lo que es peor, volver a ocupar físicamente a un millón y medio de palestinos de los que tendría que hacerse cargo.

    En Jerusalén, y particularmente Olmert, se muestran reacios a esta opción, pero las consecuencias de la segunda alternativa no son mucho mejores.

    Según Barnea, 'Israel puede aceptar al gobierno de Hamás en Gaza y negociar un acuerdo a largo plazo. Pero una de sus consecuencias es que dicta sentencia de muerte al gobierno de Abbas, con el que Israel aspira a llegar a un acuerdo de paz'.

    Sentencia de muerte porque probaría a los palestinos que la vía del diálogo que sigue Abbas no es la senda más beneficiosa para conseguir un Estado, y que sólo se puede derrotar a Israel mediante la opción militar, que Hamás defiende históricamente a capa y espada al negarse hasta ahora a reconocer a la 'entidad sionista' y suspender la lucha armada.

    Más aún, si Israel negocia con Hamás, la comunidad internacional
    -que boicotea a los islamistas desde que se sublevaron contra la ANP en junio de 2007- romperá también el aislamiento.

    La legitimación de un grupo subversivo yviolento por parte de Israel y la comunidad internacional debilitaría las posturas conciliadoras del presidente legítimo de los palestinos, quien podría verse obligado a dimitir.

    Peor aún, Abbas podría sentirse inclinado a satisfacer la presión popular para lanzar una nueva intifada (revuelta) contra la ocupación israelí, en lugar de negociar la paz.

    Otro peligro que ven los expertos lo constituyen las crecientes relaciones entre Hamás e Irán, y el hecho de que, de reconocer de facto a ese movimiento islamista, Israel estaría aceptando la existencia de una base iraní a sólo 80 kilómetros de Tel Aviv.

    Es un peligro no sólo para Israel, al que Teherán amenaza constantemente 'con borrar del mapa', sino para todos los gobiernos moderados de la región, entre ellos Egipto, Jordania y la propia ANP, que luchan denodadamente contra el islamismo radical.

    Los iraníes cuentan ya con otra base de apoyo al norte de Israel, la guerrilla libanesa Hezbolá -con la que el Estado hebreo se enfrentó en 2006 en una guerra-, y la opción de permitir un efecto de 'tenazas' sobre su territorio no es precisamente la más deseada.

    'Es como elegir entre la peste o el cólera', expresó Barnea, quien recuerda que la difícil elección de ir a una guerra en Gaza le ha tocado, por segunda vez en dos años, a 'un gobierno impopular y con poca línea de crédito en el público'.

    Un alternativa que por el momento no baraja la prensa local es la de que Israel lance la operación militar y devuelva el control de Gaza al gobierno legítimo de la ANP -ahora con sede en Ramala, Cisjordania-, opción que habría de contar con la connivencia, que no permiso, de Abbas.

    La pregunta es, en ese caso, cómo podría asumir de nuevo el poder en Gaza el presidente palestino cuando de por medio hay cientos de muertos de su propio pueblo. La acusación contra él de 'colaboracionismo' con Israel sería imborrable.

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