China reporta superávit comercial pese a los aranceles de Trump

Internacional
/ 17 enero 2026

Los resultados para 2025 corren el riesgo de inquietar aún más a las economías por las prácticas comerciales y el exceso de capacidad de China, y su propia dependencia excesiva de los productos chinos

China cerró 2025 con una paradoja que inquieta a sus socios comerciales: una economía presionada por la debilidad interna, pero un sector exportador más dominante que nunca. Los datos oficiales revelan que el país registró un superávit comercial sin precedentes, cercano a los 1.2 billones de dólares, mientras se prepara para convivir durante al menos tres años más con una Casa Blanca decidida a frenar su poder manufacturero.

Lejos de resentirse por el regreso de Donald Trump y la reactivación de la ofensiva arancelaria, las empresas chinas han respondido con una acelerada reconfiguración de mercados. Ante las barreras en Estados Unidos, los exportadores han intensificado su presencia en el sudeste asiático, África y América Latina, reduciendo su dependencia directa del consumidor estadounidense.

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Este viraje ha convertido a las exportaciones en uno de los principales amortiguadores de la economía china, en un momento marcado por la prolongada crisis inmobiliaria y una demanda interna que no termina de despegar. Sin embargo, el tamaño del superávit —equivalente al PIB anual de economías como Arabia Saudita— ha encendido alertas en otras capitales, preocupadas por el exceso de capacidad industrial chino y la creciente dependencia global de sus productos.

En conferencia de prensa, el viceministro de Aduanas, Wang Jun, reconoció que el entorno internacional sigue siendo “complejo y desafiante”, aunque defendió que la diversificación de socios comerciales ha fortalecido la capacidad de China para resistir choques externos. “Los fundamentos del comercio exterior siguen siendo sólidos”, sostuvo.

Las cifras respaldan ese optimismo oficial. En diciembre, las exportaciones crecieron 6.6% interanual, muy por encima de lo previsto por los analistas, mientras que las importaciones avanzaron 5.7%, reflejando una actividad más dinámica de lo anticipado. Los mercados reaccionaron con moderado entusiasmo: las bolsas de Shanghái subieron más de 1%, aunque el yuan permaneció estable.

El patrón se repitió a lo largo del año. En siete meses, el superávit mensual superó los 100 mil millones de dólares, un fenómeno inusual que evidencia que las medidas de Trump han tenido un impacto limitado en el comercio global de China, aun cuando sí han contenido los envíos directos a Estados Unidos.

De cara a 2026, los economistas prevén que China continúe ganando cuota en el mercado internacional. Una de las claves ha sido la instalación de plantas productivas en terceros países, lo que permite a las empresas chinas acceder a Estados Unidos y Europa con aranceles reducidos. A ello se suma la fuerte demanda de componentes electrónicos de gama media y productos tecnológicos menos sofisticados.

El sector automotriz es el ejemplo más visible. Las exportaciones de vehículos crecieron casi 20% en 2025, con un salto de casi 50% en los envíos de autos eléctricos. China se encamina así a mantenerse como el mayor exportador mundial de automóviles por tercer año consecutivo, tras haber desplazado a Japón en 2023.

No obstante, el propio liderazgo chino parece asumir que este modelo tiene costos políticos y comerciales. En semanas recientes, altos funcionarios han comenzado a reconocer abiertamente los desequilibrios que genera la avalancha exportadora. El primer ministro Li Qiang pidió públicamente impulsar las importaciones y avanzar hacia una relación más equilibrada entre compras y ventas al exterior.

En esa línea, Beijing eliminó incentivos fiscales a las exportaciones del sector solar —uno de los focos de fricción con la Unión Europea— y aceleró reformas a su ley de comercio exterior, enviando señales de mayor apertura a los miembros de acuerdos comerciales transpacíficos.

Todo ello ocurre pese a la tregua arancelaria pactada en octubre entre Trump y Xi Jinping. Aun con ese acuerdo, los gravámenes estadounidenses sobre productos chinos rondan el 47.5%, un nivel que, según analistas, sigue siendo incompatible con márgenes de ganancia sostenibles para muchas empresas.

Así, China enfrenta un dilema estratégico: su fortaleza exportadora le ha permitido sortear la desaceleración interna, pero al mismo tiempo amplifica las tensiones con un mundo cada vez más incómodo con su peso industrial y comercial.

Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

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