En las elecciones de Suecia, la centroizquierda toma la delantera mientras la extrema derecha tropieza en unas votaciones muy reñidas

En las elecciones de Suecia, la centroizquierda toma la delantera mientras la extrema derecha tropieza en unas votaciones muy reñidas

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La autoridad electoral sueca prevé completar el proceso de escrutinio durante esta semana

Internacional
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Suecia podría estar a las puertas de un cambio de gobierno. La oposición de centroizquierda, encabezada por la socialdemócrata Magdalena Andersson, terminó la jornada electoral del domingo con una ventaja mínima sobre el bloque de derecha del primer ministro Ulf Kristersson.

Sin embargo, el margen es tan estrecho que la composición definitiva del próximo Parlamento todavía está pendiente del recuento de los últimos votos.

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Con alrededor del 95% de los distritos contabilizados, el bloque que respalda a Andersson proyectaba 176 de los 349 escaños del Riksdag, frente a 173 de las fuerzas de derecha.

La diferencia entre ambos bloques rondaba apenas las tres diputaciones y unos 28 mil votos, por lo que los votos anticipados y emitidos desde el extranjero podrían todavía modificar el reparto.

La autoridad electoral sueca prevé completar el proceso de escrutinio durante esta semana.

La eventual victoria de Andersson tendría un significado particular. Suecia se ha desplazado considerablemente hacia la derecha en materia migratoria durante los últimos años, incluso bajo gobiernos socialdemócratas.

Por ello, un regreso de la centroizquierda al poder no implicaría necesariamente el retorno al modelo de acogida relativamente liberal que caracterizó al país durante buena parte de la década pasada.

De hecho, uno de los principales resultados políticos de estos comicios es que la discusión sobre inmigración parece haberse desplazado de manera permanente hacia posiciones más restrictivas.

La preocupación por la delincuencia, la integración y el impacto de la inmigración ha obligado incluso a los socialdemócratas a endurecer su discurso respecto al que mantenían durante la crisis migratoria de 2015.

$!El resultado constituye un revés para una formación que había adquirido una influencia considerable sin necesidad de ocupar formalmente ministerios.

EL REVÉS DE LOS DEMÓCRATAS DE SUECIA

La otra gran noticia de la elección fue el retroceso de los Demócratas de Suecia (SD), la fuerza nacionalista y antiinmigración que durante años se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la política del país.

El partido, dirigido por Jimmie Åkesson, habría perdido alrededor de 11 escaños respecto de la elección anterior y, por primera vez desde su entrada al Parlamento, experimentaría un retroceso electoral.

Además, habría dejado de ser la segunda fuerza política del país, una posición que había ocupado en 2022.

El resultado constituye un revés para una formación que había adquirido una influencia considerable sin necesidad de ocupar formalmente ministerios.

Desde 2022, los Demócratas de Suecia respaldaron parlamentariamente al gobierno de Kristersson y ejercieron una influencia decisiva sobre su política migratoria.

Su pasado continúa siendo, sin embargo, uno de sus principales obstáculos.

El partido tiene sus orígenes en ambientes vinculados al nacionalismo extremo y al neonazismo, aunque sus dirigentes actuales aseguran haber expulsado a los elementos extremistas y haber intentado distanciarse de aquella etapa.

Los analistas consideran que su caída no necesariamente significa que la sociedad sueca haya abandonado las posiciones de derecha.

Una parte importante del electorado pudo haber votado estratégicamente para impedir una mayor influencia de la extrema derecha en el próximo gobierno.

$!El próximo gobierno, si finalmente es encabezado por Andersson, tendrá que gobernar desde esa nueva realidad política.

UN PARLAMENTO DIVIDIDO

El problema para Andersson comienza ahora. Ganar la elección no significa necesariamente que pueda formar gobierno con facilidad.

La centroizquierda sueca está integrada por fuerzas con diferencias importantes en asuntos como impuestos, energía, economía y, particularmente, la relación con el Partido de la Izquierda.

El Partido del Centro, pieza potencialmente decisiva para construir una mayoría, ha mostrado resistencia a gobernar junto a la izquierda.

Eso coloca a Andersson ante una negociación complicada. Necesitará mantener unidos a varios partidos que no comparten completamente su programa y, al mismo tiempo, evitar que la estrechísima mayoría parlamentaria se convierta en una fuente permanente de inestabilidad.

La propia aritmética electoral hace que cualquier deserción o desacuerdo pueda ser decisivo.

$!El problema para Andersson comienza ahora. Ganar la elección no significa necesariamente que pueda formar gobierno con facilidad.

KRISTERSSON NO CONCEDE

El primer ministro Ulf Kristersson tampoco ha dado por perdida la elección.

Con el recuento todavía abierto, el dirigente conservador ha evitado reconocer una derrota definitiva y ha señalado que analizará las posibilidades para formar el próximo gobierno.

La situación recuerda parcialmente a la elección de 2022, cuando las primeras proyecciones también apuntaron inicialmente a una ventaja de la izquierda que terminó revirtiéndose durante el recuento.

Esta vez, sin embargo, los Demócratas de Suecia llegan debilitados a las negociaciones. Su retroceso reduce su capacidad de imponer condiciones, aunque continúan siendo una fuerza parlamentaria importante.

POCO CAMBIARÁ EN INMIGRACIÓN

Paradójicamente, incluso si Andersson recupera el poder, no parece probable que Suecia deshaga el giro migratorio de los últimos años.

El gobierno de derecha ha endurecido considerablemente las condiciones de residencia, las prestaciones para inmigrantes y las políticas de expulsión. Como consecuencia, las solicitudes de asilo han caído hasta niveles que no se habían registrado en décadas.

La centroizquierda podría modificar algunos aspectos de estas políticas y adoptar un discurso menos confrontativo, pero difícilmente regresaría al modelo de inmigración de puertas abiertas de los años anteriores a la crisis de refugiados.

La inmigración y la seguridad se han convertido en asuntos centrales del debate político sueco y han alterado de manera profunda el consenso que durante años distinguió al país dentro de Europa.

EUROPA OBSERVA EL RESULTADO

El posible regreso de Andersson también tendría una consecuencia internacional limitada pero significativa. No se espera un cambio radical en la política exterior sueca.

Suecia mantendría su alineamiento con Occidente, su apoyo a Ucrania y su pertenencia a la OTAN. En estos asuntos existe un amplio consenso entre los principales partidos.

La verdadera incógnita está en la política interna: cuánto podrá modificar la centroizquierda las políticas económicas y sociales del actual gobierno y hasta dónde podrá revertir el endurecimiento migratorio.

Por ahora, la conclusión más clara de las elecciones suecas es menos espectacular que un simple “giro a la izquierda”: los suecos parecen haber reducido el poder de la extrema derecha sin abandonar necesariamente muchas de las políticas que llevaron al país hacia posiciones más restrictivas en inmigración y seguridad.

El próximo gobierno, si finalmente es encabezado por Andersson, tendrá que gobernar desde esa nueva realidad política.

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Egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de la carrera de Periodismo y Comunicación, con una especialidad en Fotografía y Producción Audiovisual, y en Geopolítica.

Ha trabajado para diversos medios y ONGS en Europa y México por más de 15 años. Su enfoque y especialidad son las noticias de Política Internacional y Nacional y conflictos, buscando la veracidad, objetividad y la investigación periodística.

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