La nueva táctica con drones de Ucrania está dañando a Rusia
Ucrania ha cambiado la dinámica de la guerra al enfocar sus drones en el alcance medio (de 30 a 160 km del frente), una estrategia que denomina “bloqueo logístico”
Por: Marc Santora
Primero, Ucrania reunió un arsenal de millones de drones que, junto con el despliegue de Rusia, convirtieron una franja de unos 40 kilómetros de ancho a lo largo de la línea del frente en un campo de batalla. Luego, Kiev amplió su alcance hasta el corazón de Rusia al atacar infraestructuras petroleras y fábricas militares, con lo que convirtió la violencia de largo alcance en la guerra en una calle de doble sentido.
Ahora, Ucrania se está enfocando en el terreno intermedio: las carreteras y vías férreas importantes, en algunos casos a más de 160 kilómetros del frente, que llevan soldados y material ruso al campo de batalla. Kiev denomina esta iniciativa un “bloqueo logístico” y está reconfigurando sistemáticamente el campo de batalla, al menos hasta que las fuerzas rusas encuentren la manera de adaptarse.
Ucrania está causando estragos en camiones y trenes sin blindaje en la retaguardia del campo de batalla con drones con motores y baterías mejorados, sistemas de comunicación Starlink integrados y nuevas capacidades de inteligencia artificial. La intensificación de los ataques está provocando escasez de combustible, lo que complica la rotación de soldados y reduce la actividad militar rusa en el frente.
Mayo fue el primer mes desde 2023 en el que Rusia sufrió una pérdida neta de territorio, según el grupo de investigación ucraniano DeepState. El lunes, el general Oleksandr Syrsky, el máximo comandante militar ucraniano, dijo que Ucrania había recuperado en mayo unos 100 kilómetros cuadrados más de los que había perdido.
Los ataques contra la logística rusa forman parte de una campaña sincronizada y de múltiples frentes que abarca la “zona de muerte” cercana, la zona de reabastecimiento en el alcance medio en las zonas de Ucrania ocupadas por Rusia y el territorio en el interior de Rusia donde Ucrania ha atacado instalaciones que producen tecnología armamentística crucial.
“Eso es lo nuevo, y eso es lo que está dañando realmente a los rusos”, dijo Mick Ryan, un general australiano retirado que es investigador en el Lowy Institute, un grupo de investigación en Sídney.
La campaña coordinada ha dificultado que Moscú cobre impulso, ya que sus ofensivas de primavera y verano no han logrado hasta ahora resultados destacables.
Ucrania produce tantos drones en sus propias fábricas que ahora puede lanzar más de 5000 ataques de alcance medio y largo cada mes, según funcionarios ucranianos. A finales de la semana pasada, el ministro de Defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov, dijo que las fuerzas ucranianas llevaron a cabo el mes pasado el doble de ataques al menos a 50 kilómetros de la línea del frente comparado con abril.
El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, concluyó en un análisis reciente que esos ataques estaban contribuyendo a llevar el conflicto a una nueva fase.
Dado que las fuerzas operan con sistemas “capaces de desorganizar a las fuerzas rusas en toda su profundidad operativa”, según los investigadores del centro de estudios, Ucrania tiene una “oportunidad única y limitada en el tiempo” para lanzar el tipo de ofensivas mecanizadas que se han vuelto muy difíciles debido a la amenaza de los drones.
Jack Watling, investigador principal del Royal United Services Institute, un grupo de investigación en Londres, escribió en Foreign Affairs que la guerra había llegado a un punto de inflexión, y argumentó que, a medida que empeoraba el rendimiento de Rusia en el campo de batalla, Ucrania tenía la oportunidad de empujar a Moscú hacia un alto al fuego.
En un campo de Ucrania a finales del mes pasado, el comandante del Segundo Batallón del Primer Centro Independiente de Sistemas Aéreos No Tripulados dijo que era fundamental aprovechar el momento porque la ventaja del ejército ucraniano podría no durar.
Pero mientras lo haga, “la idea principal es que Rusia sienta de verdad la guerra, que sepa que la distancia no ofrece seguridad”, dijo el comandante, quien, según el protocolo militar ucraniano, solo dio su distintivo: Ballena.
Mientras hablaba, los soldados garabateaban mensajes de represalia en las alas de una decena de drones, cada uno cargado con explosivos termobáricos.
Al día siguiente, el Estado Mayor de Ucrania anunció ataques exitosos contra refinerías de petróleo, almacenes y sistemas de defensa aérea rusos, tanto en Rusia como en la Ucrania ocupada.
Aunque Ucrania se encuentra en un momento esperanzador, siguen existiendo grandes retos.
Rusia sigue devastando las ciudades del este de Ucrania que constituyen la columna vertebral de su defensa del Donbás, la región más codiciada por el Kremlin. Tras una intensa campaña de ataques contra la infraestructura energética de Ucrania el invierno pasado, a Ucrania le preocupa que se produzca una catástrofe humanitaria si la guerra se prolonga hasta otro invierno brutal.
El presidente Volodímir Zelenski advirtió recientemente que las menguantes reservas de misiles interceptores Patriot de Ucrania habían alcanzado niveles críticos y que Moscú estaba aprovechando esa vulnerabilidad para bombardear Kiev y otras ciudades.
Los soldados dijeron que la capacidad de Ucrania para mantener su impulso depende de que se siga aumentando la producción de armas.
El ministro de Defensa, Fedorov, anunció en mayo planes para invertir más de 113 millones de dólares en el desarrollo de armas para la campaña de “bloqueo logístico”.
En términos más generales, los países europeos han destinado 1630 millones de dólares a la producción de drones ucranianos este año, con lo que superaron el financiamiento previsto para todo 2025, según el Instituto Kiel, un centro de estudios alemán.
Durante años, Ucrania suplicó a sus aliados que le proporcionaran armas capaces de atacar a distancia. Pero las plataformas occidentales que recibió se veían limitadas por la escasez de munición, las restricciones geográficas destinadas a evitar una escalada y la incapacidad técnica para rastrear y atacar objetivos en movimiento.
Así que Ucrania enfocó sus esfuerzos en desarrollar una industria de defensa propia.
Un ejecutivo de la empresa ucraniana que fabrica el dron propulsado por motor a reacción Bars dijo que en 2024 la empresa recibió un contrato para producir 112 drones de ataque de largo alcance ese año. Su contrato más reciente, dijo, es por 25.000 drones capaces de realizar ataques de alcance medio y largo.
El ejecutivo, quien habló bajo condición de anonimato por motivos de seguridad, dijo que, lo más importante era que todas las empresas ucranianas habían acordado compartir los avances tecnológicos y tácticos a través de un mecanismo creado por el Ministerio de Defensa.
La campaña dirigida contra la logística rusa está dando sus resultados más visibles en el frente sur, donde la geografía favorece a los ucranianos.
La zona incluye el llamado puente terrestre de Rusia hacia la Crimea ocupada, y Moscú depende de un tramo de unos 300 kilómetros de carreteras expuestas para abastecer a sus fuerzas. El lunes, el ejército ucraniano dijo que sus operadores de drones habían establecido el control aéreo sobre una sección de la ruta terrestre utilizada por las fuerzas rusas, lo que complica significativamente “la logística relacionada con el abastecimiento del ejército ruso y el suministro de combustible” a Crimea.
La única otra conexión entre Rusia y Crimea es el puente de Kerch, que ha sido objeto de repetidos ataques ucranianos.
A principios de este año, Ucrania elaboró un plan para aislar a las fuerzas rusas, dijo el comandante de las fuerzas de sistemas no tripulados del Primer Cuerpo del Ejército de Azov.
En primavera, dijo, pudo ver la ciudad capturada de Mariúpol —a más de 96 kilómetros del frente— a través de la lente de un dron piloteado.
Los ucranianos modificaron un dron conocido como Hornet para atacar la logística rusa. Como los Hornets llevan cargas explosivas relativamente pequeñas, no pueden penetrar en los almacenes de municiones rusos fuertemente fortificados o subterráneos. Pero, a diferencia de los misiles y las bombas, los drones los controla un piloto, lo que permite a los operadores de Azov atacar camiones de transporte y trenes sin blindaje.
Los emplazamientos fortificados son atacados con otras armas, como potentes bombas planeadoras. Ucrania anunció recientemente la primera prueba exitosa de una bomba planeadora de fabricación nacional, que, según dijo, era capaz de alcanzar objetivos, incluidos los fortificados, a “decenas de kilómetros” de distancia. Rusia ha utilizado este tipo de bombas con efectos devastadores al arrasar ciudades ucranianas.
El ejército ucraniano afirma haber atacado cientos de objetivos de alcance medio durante el último mes. Un proyecto de investigación ucraniano independiente y de código abierto, Tochnyi, geolocalizó en mayo 130 ataques contra vehículos militares e infraestructuras de la cadena de suministro en un rango de 30 a 160 kilómetros del frente.
El comandante de Azov dijo que era imposible que Rusia pudiera extender sus defensas aéreas y sus soldados a lo largo de las distancias cada vez más grandes que podían recorrer los drones pilotados por ucranianos.
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