‘La zona de la muerte’: cómo Rusia atrae africanos a Ucrania
James Kamau Ndungu solo les dijo a unos cuantos amigos que se iba a Rusia, les dijo que le habían prometido un trabajo como jornalero en ese país, tenía 32 años, no tenía empleo en Kenia y necesitaba trabajar
Por: Matthew Mpoke Bigg, John Eligon, Zimasa Matiwane and Ed Ram
En junio pasado, Kamau les envió una foto a sus amigos desde el aeropuerto de Estambul, diciendo que iba en camino, según comentó uno de los amigos. Unas semanas después, envió otra foto. Esa vez lucía un uniforme de combate y sostenía un arma. En agosto escribió diciendo que estaba en una trinchera en Ucrania. Las cosas iban mal. Pidió que rezaran por él.
Fue lo último que se supo de él en Kenia.
Cada vez son más los africanos que terminan en la primera línea de la guerra de Rusia en Ucrania. Algunos van voluntariamente como mercenarios, pero muchos más son como Kamau, hombres jóvenes atraídos por la promesa de empleos civiles normales —desde guardaespaldas a cocineros— solo para terminar siendo obligados a unirse a las fuerzas rusas en la batalla.
Por todo el continente se ha establecido una serie de empresas fantasma para reclutar a estos hombres. A menudo se presentan como agencias de viajes o empresas de colocación y se anuncian por WhatsApp o Telegram.
The New York Times entrevistó a varias víctimas y reclutadores. Las entrevistas dan a entender que los reclutadores no trabajan de manera directa con el Ministerio de Defensa en Moscú. Los contratos vistos por el Times estaban en ruso, lo que significa que los africanos no podían leerlos.
Los empleos formales son escasos en África, por lo que la promesa de un trabajo en el extranjero ejerce una poderosa atracción. Y África tiene la población juvenil de más rápido crecimiento del planeta. Muchos jóvenes están desempleados, lo que hace que el continente sea un objetivo ideal para el falso reclutamiento de soldados involuntarios.
“¿Por qué Rusia se llevó a mi hijo?”, gritaba Hannah Wambui Kamau entre sollozos al desplomarse en brazos de sus familiares durante la ceremonia en su memoria, en marzo, en una ladera lodosa localizada a las afueras de Nairobi.
No está claro cuántos hombres han sido reclutados de forma engañosa en África, aunque las autoridades de al menos nueve países han reportado casos. Y en Kenia, el Servicio Nacional de Inteligencia descubrió que hasta ahora unos mil kenianos se fueron a Rusia y terminaron en Ucrania. Solo 30 han regresado con vida. Para frenar la cantidad de hombres atrapados en esta red, el gobierno dijo que había reforzado los controles sobre jóvenes que salen del país en vuelos internacionales.
Okoiti Andrew Omtatah, un senador de Kenia, utilizó una metáfora para describir la desesperación creada por la crisis del empleo en toda África. “Si un barco negrero atracara hoy en Mombasa con una pancarta que dijera: ‘Se necesitan esclavos en Occidente’”, dijo, refiriéndose a la ciudad costera de Kenia, “no habría espacio en ese barco”.
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, reconoció en marzo que había extranjeros participando en lo que Moscú denomina su operación militar especial en Ucrania, pero dijo que el gobierno no contrata ni recluta a personas para que luchen contra su voluntad. “Los voluntarios llegan allí cumpliendo plenamente la legislación rusa”, dijo en Moscú en una conferencia de prensa.
Cuando se le preguntó si algún africano había ido a Rusia con la promesa de un trabajo civil solo para verse presionado a realizar el servicio militar, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, le dijo al Times a través de su servicio de prensa la semana pasada: “No tenemos conocimiento de ningún caso así”.
Olexander Scherba, embajador de Ucrania en Sudáfrica, acusó a Rusia de aprovecharse de los jóvenes africanos que buscan trabajo. “Me asombra hasta qué punto la gente puede ser tan retorcida, tan inhumana y tan imperialista con africanos que simplemente necesitan dinero”, dijo.
Kenia, Tanzania, Zambia, Sudáfrica, Nigeria, Ghana, Togo, Botsuana y Mali han reportado los casos de hombres que han sido reclutados de forma engañosa por el ejército ruso. En febrero, la fiscalía de Kenia acusó a un hombre de reclutar a 22 kenianos para Rusia. Ese mismo mes, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, habló por teléfono con el presidente de Rusia, Vladimir Putin, sobre el reclutamiento de sudafricanos. Una semana después, 17 sudafricanos que estaban en el frente regresaron a casa. La fiscalía está investigando el involucramiento de un político sudafricano en el engaño a los hombres.
Vincent Odhiambo Awiti dijo que fue reclutado el año pasado por un agente que conoció en la calle en el centro de Nairobi, la capital de Kenia. El hombre le dijo que trabajaba para la Agencia de Recursos Humanos Global Faces y le prometió un empleo en una tienda en Rusia. Le pagó a él y a otros cuatro hombres un vuelo a San Petersburgo el 14 de julio, dijo Awiti.
“Al final nos dejamos llevar por la idea porque no tenía nada más que hacer”, dijo. “Pensamos que era una gran oportunidad”.
Awiti dijo que a él, y a los demás, les dijeron que firmaran un contrato para alistarse en el ejército ruso cuando llegaran. Al principio se negaron, explicó, pero luego les dijeron que la única manera de regresar a Kenia era devolver el dinero que había sido gastado para llevarlos a Rusia. Ninguno de los hombres tenía los recursos económicos necesarios. Todos firmaron el contrato, dijo.
El grupo fue enviado en tren para recibir cuatro días de entrenamiento militar en un campamento cercano a la ciudad de Shebekino, cerca de la línea del frente, al sur de Bélgorod, Rusia, dijo Awiti. Ahí se encontró con un recluta egipcio que le dijo que él y los demás “ya están muertos”.
Awiti dijo que lo enviaron a combatir cerca de la ciudad de Vovchansk, en la provincia ucraniana de Járkov, que durante el verano pasado fue el escenario de importantes combates. A su pelotón le ordenaron cruzar dos pequeños ríos y un descampado para llegar a una trinchera. El comandante de su escuadrón murió antes de que llegaran al primer río, dijo.
“Su cabeza se separó de su cuerpo”, recordó Awiti. “Lo llaman la zona de la muerte”.
Dijo que, cuando llegó al segundo río, estaba prácticamente solo. El campo de batalla estaba lleno de cadáveres, y los muertos flotaban en el río “como nenúfares”.
Cuando llegó a la trinchera, apestaba a muerte. Los soldados rusos que se habían refugiado allí lo golpearon por abandonar su arma en uno de los ríos. Dijo que le dieron otra y que, durante los 20 días siguientes, fue obligado a dispararle a un enemigo invisible. Mostró al Times fotografías de lo que dijo que eran gusanos que infestaban sus heridas.
Awiti dijo que escapó con un desertor ruso que se disparó en la pierna para que lo declararan inválido. Relató que contempló horrorizado cómo el ruso cerraba los ojos, apuntaba a la parte carnosa de la parte inferior de su pierna y apretaba el gatillo dos veces.
Awiti dijo que en Bélgorod le atendieron las heridas de la mano y la cadera causadas por el ataque de un dron y que luego fue trasladado a un hospital militar de Moscú. Los médicos le dijeron que cuando estuviera recuperado lo enviarían de vuelta al frente, pero se las arregló para llegar a la embajada de Kenia y abordar un avión de regreso a Nairobi. La embajada en Moscú no respondió a una solicitud de comentarios.
Awiti ahora está sin trabajo, sin dinero, herido y gravemente traumatizado. “Es mejor estar aquí. Aquí tienes mucha libertad”, dijo, reflexionando sobre su experiencia. “Yo luchaba por Rusia. Tenía un uniforme ruso. Pero no era mi lucha”.
Según estudios, al menos 25.000 rusos murieron o resultaron heridos durante la guerra cada mes del año pasado. El país ha respondido reclutando a presos, ofreciendo incentivos en efectivo e instituyendo un impopular servicio militar obligatorio. Pero con una tasa de bajas tan descomunal, aún se necesitan más hombres.
En el último año, las redes sociales africanas se han visto inundadas de anuncios para el servicio militar ruso; algunos prometen sueldos mensuales de hasta 3000 dólares, pagos únicos de 18.000 e incluso la ciudadanía rusa después de seis meses de servicio. Los intermediarios que buscan sacar provecho han convertido estos llamados al servicio militar ruso en oportunidades de negocio.
St. Fortunes Travels and Logistics es una agencia de viajes propiedad del nigeriano Fortune Chimene Amaewhule. En entrevista con el Times, Amaewhule dijo que el año pasado empezó a recibir solicitudes de varios clientes africanos que buscaban ayuda para llegar a Rusia. Le dijeron que habían oído que se podía ganar dinero con el ejército ruso, dijo.
El pasado octubre, publicó un anuncio en Facebook: “Hay vacantes para conductores, cocineros, personal logístico y otros puestos para unirse al ejército ruso y obtener la ciudadanía automáticamente, con muchos beneficios”.
Ese mismo mes, publicó en Facebook una foto de dos personas y escribió que eran nigerianos que habían recibido bonificaciones de 30.000 dólares por unirse al ejército ruso. “No olviden que el reclutamiento sigue en curso”, decía el mensaje.
Un amigo nigeriano que vivía en Rusia y tenía ciudadanía allí fue el encargado de facilitar el viaje de los solicitantes de empleo, explicó Amaewhule. Sin embargo, Amaewhule negó haber enviado a clientes a Rusia para recibir entrenamiento militar y no respondió a las preguntas sobre la publicación que ofrecía una bonificación de 30.000 dólares.
A menudo, la vía de reclutamiento de África a Rusia parece depender de conexiones personales como la que Amaewhule tenía con su amigo en Rusia.
Una mujer tanzana que pidió ser identificada por su segundo nombre, Nyariwa, por temor a su seguridad, dijo que había puesto en contacto a un amigo malauí con un hombre ruso que conoció en internet años atrás a través de una aplicación de citas. Su amigo estaba interesado en servir en el ejército ruso, dijo.
Nyariwa dijo que creía que el hombre trabajaba para el ejército ruso. Después de que el hombre ayudara a su amigo a obtener los documentos necesarios para viajar a Rusia, otras personas empezaron a preguntarle por oportunidades similares, dijo. Con el tiempo, se puso en contacto con reclutadores en Rusia y le pagaron entre 150 y 1000 dólares por recluta, dijo.
En abril, el gobierno de Camerún dijo que 16 de sus ciudadanos habían muerto en Ucrania, mientras que Ghana informó en febrero que alrededor de 55 de sus ciudadanos habían sido asesinados. El ministro de Asuntos Exteriores de Botsuana dijo en marzo que unos 16 ciudadanos de su país fueron blanco de reclutadores que prometían empleos en seguridad y como guardaespaldas, y que cuatro de ellos efectivamente viajaron a Rusia.
Uno de ellos era Kgosi Pelekekae, de 25 años. El año pasado, Pelekekae regresó a su Botsuana natal tras pasar dos años en la cárcel en Sudáfrica por robos de vehículos a mano armada. Decidió que quería cambiar su vida y le envió un mensaje a un amigo para preguntarle si sabía de algún trabajo honesto.
Afirmó que, para su sorpresa, el amigo le contestó y le dijo que acababa de mudarse a Rusia, donde había muchos trabajos bien pagados. El amigo incluso le envió fotos de él jugando en la nieve. Al poco tiempo, Pelekekae estaba intercambiando mensajes a través de Telegram con un ruso llamado Dmitri, un conocido de su amigo. El ruso se identificó como agente de viajes y reclutador de empleo, pero no mencionó el ejército ni la guerra, dijo Pelekekae.
Pelekekae dijo que el 6 de diciembre le envió sus documentos de viaje a Dmitri. El ruso le compró un boleto a San Petersburgo, afirmó. Cuando llegó, lo llevaron en avión a un campo de entrenamiento en una ciudad alejada de San Petersburgo, donde le dieron uniforme militar y le enseñaron a usar un fusil, dijo.
Cuando se negó a firmar varios contratos escritos en ruso, Dmitri lo golpeó y lo presionó para que firmara, contó Pelekekae. Durante esa experiencia, las autoridades rusas le practicaron un examen médico y detectaron una afección cardíaca.
Explicó que por eso nunca fue enviado al frente. Dijo que escapó del campo y que un diplomático de Botsuana lo ayudó a regresar a su país.
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