No más ‘era de hielo’: el Reino Unido y China acuerdan fortalecer relaciones

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El viaje del primer ministro británico a Pekín es la más reciente de una serie de visitas de dirigentes a China, diseñadas para proyectar al país como la alternativa estable a un Estados Unidos impredecible

Internacional
/ 30 enero 2026
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Por: David Pierson

El primer ministro británico, Keir Starmer, está en busca de oportunidades comerciales que ayuden a revitalizar una economía estancada. El presidente de China, Xi Jinping, busca una apertura estratégica para cortejar a un aliado estadounidense clave.

El jueves se reunieron en Pekín, y ambos líderes acordaron sacar su relación de una “era de hielo” de varios años, un restablecimiento impulsado por necesidades diferentes pero coincidentes de lidiar con un Washington cada vez más volátil.

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Para Starmer, el primer dirigente británico que visita China desde que Theresa May lo hiciera en 2018, el viaje representa una apuesta pragmática: estrechar lazos con China impulsará el crecimiento de su país. Para Xi, la apertura británica ayuda a Pekín a demostrar que es un socio esencial para Occidente, independientemente de los esfuerzos de Washington por aislarlo como parte de una rivalidad cada vez más profunda.

Durante la reunión en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, Xi y Starmer alabaron los beneficios de la cooperación. Xi dijo que China estaba dispuesta a “trascender las diferencias” con el Reino Unido, y trató de presentar a China como una potencia mundial fiable. “Por mucho que China se desarrolle y se haga más fuerte, no supondrá una amenaza para otros países”, dijo, según un resumen oficial.

En el pasado, ambos países se han enfrentado en temas como los derechos humanos y la injerencia china en la política británica. La preocupación por el espionaje chino fue la causa principal de años de retrasos en la aprobación de una nueva megaembajada china en Londres, que, según los críticos, facilitaría a Pekín la realización de operaciones de espionaje.

Starmer, quien realizó el viaje con una amplia delegación que incluyó ejecutivos de empresas bancarias, farmacéuticas y automovilísticas, describió China como vital para los intereses británicos.

Dijo a Xi que las empresas británicas estaban deseosas de aprovechar cualquier oportunidad disponible en la segunda mayor economía del mundo. Pidió una “relación más sofisticada” que permita al Reino Unido y a China cooperar económicamente al tiempo que gestionan sus desacuerdos.

Starmer anunció después de su reunión con Xi que China había flexibilizado las normas sobre visados para los ciudadanos británicos en viajes de menos de 30 días, equiparando así a los visitantes del Reino Unido con los de otros países europeos, como Francia, Alemania e Italia.

Al darle más importancia a los negocios que a la seguridad y los derechos humanos, Starmer, político del Partido Laborista, rompe con años de sucesivos primeros ministros del Partido Conservador. “Durante años, nuestro acercamiento a China ha estado marcado por la incoherencia: caliente y frío, de la Edad de Oro a la Edad de Hielo”, dijo Starmer en un anuncio oficial sobre la visita. “Pero nos guste o no, China es importante para el Reino Unido”.

Starmer intenta cortejar a Pekín sin provocar al presidente Trump. Hace solo unos días, Trump amenazó con imponer un arancel del 100 por ciento a Canadá si el primer ministro, Mark Carney, llegaba a un acuerdo comercial con Pekín. No hay indicios de que tal pacto esté en marcha, aunque Carney aceptó rebajar los aranceles a la importación de algunos vehículos eléctricos chinos durante una visita a Pekín a principios de este mes.

Las tensiones entre Estados Unidos y Europa también han aumentado por las amenazas de Trump de apoderarse de Groenlandia, la cual pertenece a Dinamarca, miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, liderada por Estados Unidos. A principios de mes, Trump advirtió que impondría aranceles al Reino Unido y a otros países europeos a menos que Groenlandia fuera vendida a Estados Unidos. Desde entonces se ha retractado de dichas amenazas.

El viaje de Starmer es el más reciente de una serie de visitas de dirigentes occidentales a China, diseñadas para proyectar a China como la alternativa estable a un Estados Unidos impredecible bajo la presidencia de Trump. El lunes recibió al primer ministro de Finlandia, Petteri Orpo. En diciembre, recibió al presidente de Francia, Emmanuel Macron, y dentro de aproximadamente un mes se espera que el canciller alemán Friedrich Merz viaje a China.

Sin embargo, esa actitud de normalidad encubre un periodo de extraordinarios cambios políticos en China. Tras bastidores, China se ha visto sacudida por uno de sus mayores escándalos en años, tras la purga de su general de más alto rango, Zhang Youxia, durante el fin de semana. Aunque Xi parecía imperturbable en las imágenes de la reunión del jueves difundidas por los medios de comunicación estatales, la maniobra fue un recordatorio de la opacidad de la política de élite china, incluso cuando el Partido Comunista intenta proyectar un rostro más transparente al mundo.

UNA PROTECCIÓN CONTRA UNOS ESTADOS UNIDOS IMPREDECIBLES

Las potencias intermedias occidentales, como el Reino Unido, que se sienten cada vez más alienadas por Estados Unidos, ahora buscan proteger sus intereses económicos recalibrándose hacia China, dijeron los analistas.

“Durante los últimos años, las empresas se estaban diversificando y reduciendo su riesgo respecto a China. Ahora lo con Estados Unidos”, dijo Steve Okun, director de APAC Advisors, una consultora geopolítica.

En su reunión con Starmer, Xi lanzó una crítica poco sutil a la actual postura comercial de Estados Unidos. Advirtió que “el unilateralismo, el proteccionismo y la política de poder han proliferado”. Afirmó que las grandes potencias tienen la obligación de evitar que el mundo vuelva a la “ley de la selva”, en alusión al uso unilateral de aranceles por parte del gobierno de Trump.

Según los analistas, China quiere asegurarse de que el Reino Unido siga siendo un mercado de exportación fiable, especialmente para sus productos de mayor valor, como los vehículos eléctricos, los paneles solares y las baterías. Una persistente crisis inmobiliaria ha hecho que la economía china dependa más de las exportaciones para su crecimiento económico, lo que ha avivado las tensiones comerciales con China en todo el mundo.

Pekín también espera que Londres, la capital financiera de Europa, pueda desempeñar un papel más importante en la internacionalización del yuan, la moneda china. Las empresas financieras británicas ven con buenos ojos un mayor intercambio de yuanes, pues lo consideran una oportunidad para hacer más negocios con China.

$!Grupos de derechos humanos han instado a Starmer a que exija a Pekín la liberación del disidente, condenado en Hong Kong por delitos contra la seguridad nacional.

Xi pidió a los dos países que aumentaran la cooperación en finanzas, cuidado a la salud, inteligencia artificial, biociencia y energías renovables. Además, instó al Reino Unido a flexibilizar las restricciones y abrirse más a las empresas chinas.

Aunque Starmer intenta enfatizar las ventajas de cooperar con China en el ámbito comercial, está sometido a presiones políticas en su país para que aborde los informes sobre espionaje chino en el Reino Unido. Los grupos de derechos humanos también le han instado a que exija la liberación del disidente prodemocrático de Hong Kong Jimmy Lai, antiguo magnate de los medios de comunicación y ciudadano británico, quien fue condenado en diciembre por delitos contra la seguridad nacional.

“Es imperativo que Starmer no abandone los principios en busca de ganancias durante su visita a Pekín”, dijo en un comunicado Yasmine Ahmed, directora para el Reino Unido de Human Rights Watch. “Como mínimo, tiene que presionar públicamente a Xi para que libere a Jimmy Lai y pronunciarse sobre la dramática supresión de libertades en Hong Kong”.

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En declaraciones a la prensa después de la reunión, Starmer dijo que había planteado a Xi el caso de Lai, así como el trato que reciben los uigures, minoría étnica perseguida en la región de Xinjiang, en el extremo occidental de China.

A la pregunta de si Xi reconoció esas preocupaciones, Starmer dijo: “Sí, mantuvimos una respetuosa conversación al respecto”.

El resumen oficial de China de la reunión, como era de esperar, no mencionó a Lai. Sin embargo, señaló que Starmer dijo que Hong Kong era un “puente único e importante” entre China y el Reino Unido.

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