Opinión: EU se enfrenta a su cuarta gran crisis

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Un aspecto que ha caracterizado al país desde su independencia es la resiliencia con la que ha combatido sus periodos de tensión

Internacional
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Ha habido tres grandes crisis en la historia de Estados Unidos: la Guerra Civil, quizás el acontecimiento definitorio de nuestra historia después de la propia Revolución, la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Estos acontecimientos pusieron a prueba nuestra república y nuestra determinación de maneras fundamentales, pero el centro siempre se mantuvo: hubo elecciones, se realizó una transferencia pacífica del poder y el poder judicial siguió siendo independiente. Nuestras instituciones democráticas fundamentales se mantuvieron esencialmente fuertes, respetadas tanto por el público como por nuestros líderes. Las salvaguardas de nuestra democracia resistieron e incluso se fortalecieron a medida que emergimos de cada una de ellas.

Mientras acudimos a las urnas el martes en estas trascendentales elecciones intermedias, enfrentamos la cuarta gran crisis de nuestro país. Debido a la desinformación que el gobierno actual fomenta, miedos y conspiraciones ancestrales han creado una sensación de “nosotros contra ellos” que es fundamentalmente incompatible con una sociedad democrática sana. Las elecciones están en duda, el máximo tribunal parece estar comprometido, la historia ha sido distorsionada, se han prohibido libros y se ha consentido a dictadores mientras que a nuestros aliados más cercanos se les ha ridiculizado y desestimado. A la gente le preocupa, con razón, que nuestras instituciones se encuentren en un punto de quiebre.

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He pasado la mayor parte de los últimos dos años recorriendo el país de punta a punta, hablando sobre el estreno de nuestra serie de PBS sobre la Revolución estadounidense. Sin importar a dónde iba o con quién hablaba, la gente me hacía las mismas preguntas: ¿Qué aprendí sobre nuestra complicada y frágil república a lo largo de los casi 10 años que tomó hacer la película? ¿Un país tan dividido como el nuestro puede sobrevivir? ¿Qué pensarían nuestros fundadores de nosotros estos días?

Creo que los fundadores estarían sumamente decepcionados de que tantos miembros del poder legislativo hayan cedido tanto poder al poder ejecutivo, el cual ha llenado ese vacío con corrupción y ataques al Estado de derecho, incluso socavando el derecho fundamental al voto. John Adams, quien insistió en que una república no podía funcionar sin líderes virtuosos, estaría horrorizado ante la vulgaridad y la incompetencia imperantes.

Desde el principio, la creación de Estados Unidos era improbable. Durante la mayor parte de la historia humana, la gente había vivido bajo un régimen autoritario, pero en las 13 antiguas colonias británicas aferradas a la costa este, la gente (hombres blancos) crearía algo nuevo: ciudadanos.

$![AME2608. WASHINGTON (ESTADOS UNIDOS), 03/11/2026.- Una persona vota durante las elecciones de medio][mandato este martes, en Washington (Estados Unidos). EFE/ Octavio Guzmán]

“Toda la experiencia ha demostrado”, escribió Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia, “que la humanidad está más dispuesta a padecer, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia aboliendo las formas a las que está acostumbrada”. Mantener una democracia sería difícil, un ejercicio activo que intentaría honrar simultáneamente nuestras libertades individuales (lo que cada uno de nosotros quiere) y nuestras libertades colectivas (lo que necesitamos).

El gran logro de George Washington no fue solo ganar una guerra con todas las probabilidades en contra, sino persuadir a 13 nuevos estados con diferentes economías, creencias religiosas e intereses contrapuestos de que ahora formaban parte de algo nuevo en lo que las viejas animosidades cederían ante un sentido de unión individual, así como colectivo. Habría un “nosotros”, sin un “ellos”.

Durante la Convención Constitucional en el verano de 1787, los delegados entendieron que en los muchos acuerdos a los que llegarían, también tenían que diseñar defensas contra el surgimiento de un tirano. En una carta a James Madison, a Jefferson le preocupaba que un presidente que perdiera unas elecciones pudiera “fingir votos falsos” y “mantener la posesión de las riendas del gobierno”. A Alexander Hamilton también le preocupaba que un hombre “sin principios” fuera a “montar el caballo de batalla de la popularidad” y “sumir las cosas en la confusión”. “En un gobierno como el nuestro”, escribió, nadie está “por encima de la ley”.

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Hoy, a casi seis años de que una turba enfurecida irrumpiera en el Capitolio para anular los resultados de las elecciones de 2020, el negacionismo electoral sigue siendo parte del manual del gobierno actual. Solo cuatro de los 13 candidatos republicanos en las muy reñidas contiendas por el Senado han dicho que aceptarían el resultado de las próximas elecciones de manera incondicional.

No siempre ha sido así. Durante Watergate, a medida que se acumulaban pruebas contundentes, los miembros del propio partido del presidente Richard Nixon concluyeron que su obligación con la Constitución era mayor que su obligación con él o con el Partido Republicano. En agosto de 1974, los líderes republicanos del Congreso fueron a la Casa Blanca y le dijeron a Nixon que su apoyo en el Congreso se había derrumbado. Anunció su renuncia al día siguiente.

Los ciudadanos de hoy deberían recordar que nuestra democracia depende de una conversación continua entre ellos y el pasado. En Gettysburg, solo unos meses después de la batalla más grande jamás librada en territorio estadounidense, Abraham Lincoln pidió a los vivos que se dedicaran a “un nuevo nacimiento de la libertad”, reconociendo que cada generación debe renovar y ampliar las promesas hechas por primera vez en Filadelfia. Dwight Eisenhower, que conocía mejor que la mayoría el terrible costo de la guerra, nos recordó en su discurso de despedida que solo “una ciudadanía alerta y bien informada” podía preservar la libertad y la seguridad.

$![AME2608. WASHINGTON (ESTADOS UNIDOS), 03/11/2026.- Personas asisten a un centro de votación][durante las elecciones de medio mandato este martes, en Washington (Estados Unidos). EFE/ Octavio Guzmán]

Soy optimista y creo que el pueblo estadounidense reconoce que nuestras instituciones democráticas y nuestro sentido de la decencia pueden unirnos.

Ya nos hemos recuperado de crisis antes. Estuvimos más divididos de lo que estamos hoy durante la Revolución, la Guerra Civil, la Reconstrucción y Vietnam. Durante 250 años, nuestro país ha prevalecido con avances y retrocesos, forjando logros, por imperfectos que sean, relacionados con la raza y la igualdad en la vida estadounidense.

Pero dadas nuestras divisiones, al votar, cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Qué tipo de liderazgo nos sacará de la crisis actual? ¿Por qué seguimos apoyando a líderes que están empeñados en profundizar nuestras divisiones, que recurren a teorías conspirativas para asustar al público, niegan los hechos y, citando a Alexander Hamilton, sumen las cosas en la confusión, para poder “‘cabalgar la tormenta y dirigir el torbellino’”?

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La mayoría de las elecciones intermedias se consideran referendos sobre las políticas del presidente. Esta no es diferente. Pero aquí hay algo más fundamental en juego, más allá de las diferencias políticas. Esta elección se trata de la gente —que está facultada para servir de contrapeso a nuestro jefe del ejecutivo— y de los candidatos que se postulan al Congreso, quienes han prestado juramento a la Constitución o esperan hacerlo. El hecho de si están preparados para honrar su juramento debería importar muchísimo a todos los que valoran la idea del nosotros: la idea de Estados Unidos.

$![AME2608. WASHINGTON (ESTADOS UNIDOS), 03/11/2026.- Personas asisten a un centro de votación][durante las elecciones de medio mandato este martes, en Washington (Estados Unidos). EFE/ Octavio Guzmán]

c. 2026 The New York Times Company

Por: Ken Burns

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