Rusia Unida, 25 años de mano de hierro en la Duma rusa
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Estas elecciones se ven afectadas por el hartazgo de la guerra, el déficit de gasolina, el bloqueo de internet y el creciente número de ataques ucranianos; provocado un desplome en los índices de popularidad de Putin, y del partido RU
MOSCÚ- El partido del Kremlin, Rusia Unida (RU), que aspira a revalidar su mayoría en las elecciones parlamentarias del domingo, controla con mano de hierro la Duma o cámara de diputados desde 2003, pero su monopolio contrasta con su pobre imagen entre muchos ciudadanos rusos.
“A menudo digo que Rusia Unida me recuerda al PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en sus peores momentos”, comentó una vez el último dirigente de la URSS, Mijaíl Gorbachov.
Y es que, después de unos años de gloria que coincidieron con la bonanza económica, la popularidad de la formación fue cayendo rápidamente y RU afronta estos comicios en uno de los momentos más delicados de su historia.
LAS TRES EDADES DEL PARTIDO DEL OSO
El partido, cuyo símbolo es un oso pardo, fue creado en diciembre de 2001, tras la fusión de la formación ‘Unidad’ con el bloque ‘Patria-Toda Rusia’.
El nombre actual del partido, que cuenta con unos 2,7 millones de miembros, data de 2003, cuando empieza la segunda etapa en la vida de RU en la que alcanzaría una fama envidiada por otros contrincantes políticos, incluidos los comunistas, que hasta los comicios legislativos de 2003 eran la fuerza más votada.
Entre 2003 y 2008 la popularidad de Rusia Unida crecía sin parar y muchos conocidos artistas y deportistas rusos se afiliaron. El presidente de Rusia, Vladímir Putin, lideró RU entre 2008 y 2012, cuando ocupaba el cargo de primer ministro del país, pero nunca llegó a tener el carnet del partido.
RU se posiciona como una formación conservadora de tinte social, aunque en los últimos 20 años sus enfoques han cambiado, dependiendo de la coyuntura, las decisiones del Kremlin y los vaivenes geopolíticos.
La crisis de la que la formación nunca se recuperó del todo llegó en 2011, cuando el líder opositor Alexéi Navalni la llamó por primera vez «partido de ladrones y sinvergüenzas», un nombre que se popularizó enseguida entre los detractores de la formación.
NAVALNI VS RUSIA UNIDA
Antes de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2011, Navalni pergeñó una estrategia para unificar a la oposición democrática, dividida desde hace años en luchas intestinas y sin representación parlamentaria.
El opositor, que falleció en 2024 en una prisión ártica, llamó también a los ciudadanos a acudir a las urnas y votar por cualquier partido que no fuera Rusia Unida, en lo que aún es conocido como Voto Inteligente.
El plan de Navalni funcionó y los resultados de RU en los comicios supusieron un auténtico batacazo, ya que perdió la mayoría constitucional entre acusaciones de nepotismo y rampante corrupción. No sólo eso. La oposición denunció el fraude electoral y salió en masa a las calles para protestar contra la actuación de las autoridades.
Esa situación dio lugar a las manifestaciones antigubernamentales más multitudinarias desde la caída de la URSS en 1991 y provocó una crisis política que dejó muy tocada a Rusia Unida.
GANADOR DE ANTEMANO
Aunque su imagen sigue siendo dudosa entre parte de la población, subida a lomos de la anexión de Crimea y la represión de la oposición, RU recuperó la mayoría constitucional en 2016. Y, a día de hoy, las encuestas oficiales no ponen en duda que en las próximas elecciones Rusia Unida logrará la mitad de los votos.
La intención de voto no supera un tercio de los encuestados, pero la baja participación entre los sectores más críticos con el Kremlin, sumado a su control absoluto de la política regional -en las últimas elecciones logró aproximadamente un 90 % de los escaños por circunscripciones-, garantizan su victoria.
Antes de los comicios, RU movilizó su ala juvenil en un intento de atraer a los votantes más apolíticos y que rechazan la guerra, al igual que el partido liberal Yábloko, que fue excluido de la carrera electoral por defender la paz.
Y es que el granero electoral de la formación del Kremlin son mujeres de más de 50 años, a lo que hay que sumar funcionarios, soldados, empleados de la industria militar, personal sanitario y profesorado.
RU se defiende arguyendo que sus buenos resultados desde hace un cuarto de siglo se deben a las políticas promovidas por la fuerza política, que, pese a las críticas de la oposición, han mejorado la vida de millones de rusos.
Se trata, según el partido oficialista, de la implementación de ayudas a las familias con niños, medidas de apoyo a los ancianos, desarrollo de la infraestructura de transporte, así como la construcción y renovación a gran escala de escuelas y centros médicos por todo el país, entre otras iniciativas. La duda radica en que son esos mismos rusos los que están pagando con su bolsillo la guerra, cuyo coste después de cuatro años y medio de combates es cada vez más alto.
LA TORMENTA PERFECTA GOLPEA LA POPULARIDAD DE PUTIN Y A RUSIA UNIDA
El hartazgo con la guerra, el déficit de gasolina, el bloqueo de internet y el creciente número de ataques ucranianos contra la retaguardia se han convertido en una tormenta perfecta que ha provocado un desplome en los índices de popularidad del presidente, Vladímir Putin, y del partido del Kremlin, Rusia Unida, antes de las elecciones legislativas de este fin de semana.
Putin, que cumplirá 74 años en octubre, ha intentado revertir la tendencia a la baja en las encuestas con una activa campaña electoral en Siberia que le ha llevado a 10.000 kilómetros de Moscú, ya que a la Rusia europea apenas ha podido viajar en los últimos meses debido a la amenaza de los drones enemigos.
¿El tándem invencible?
Cuando Rusia Unida apostó por Putin, el líder moral del partido, aunque no tiene carnet de miembro, como locomotora electoral por primera vez en 2007, lo hizo convencido de que apostaba por un caballo ganador.
Poco sospechaba que desde marzo la popularidad del jefe del Kremlin sufriría una sangría similar a la que experimentó en 2018 con la controvertida reforma de pensiones. Entonces, el apoyo del presidente se desplomó 18 puntos, mientras esta vez la caída ha sido de unos 15-16 puntos, según los sondeos de compañías oficiales.
Aunque ha mejorado un 2.4 % en las últimas semanas, según VTSIOM, a falta de diez días para la votación su aprobación es del 67.4 %, uno de sus peores resultados desde el comienzo de la guerra hace más de cuatro años y medio, cuando llegó a superar los 80 puntos.
Rusia Unida también vive su momento más bajo con poco más de un 20 % de intención de voto, según compañías demoscópicas independientes, y en torno al 35 %, según las oficiales.
El hartazgo con la guerra y la censura de internet
Los expertos hablan del hartazgo con la guerra, especialmente desde el tercer año de campaña militar en Ucrania. A día de hoy, según el Centro Levada, un 59 % de los rusos apoya el comienzo de negociaciones de paz.
Aunque dicha cifra ha caído un 8 % desde la última ronda de negociaciones con mediación estadounidense en febrero, los continuos rumores sobre una posible movilización tras las elecciones -la de 2022 provocó un éxodo de casi un millón de hombres en edad militar- han puesto muy nervioso al Kremlin.
«Esa es una soberana tontería. Es un ataque informativo contra Rusia», replicó Putin visiblemente irritado al referirse a ese tema.
Un factor que ha tenido un impacto muy negativo en la imagen del oficialismo, especialmente entre los más jóvenes y emprendedores, ha sido la ralentización de internet y el bloqueo de las redes sociales como WhatsApp o Telegram.
Nadie se creyó que el motivo del bloqueo fueran los ataques con drones, ni siquiera las estafas o los actos de sabotaje, sino el control del disenso en internet a imagen y semejanza del cortafuegos chino.
El fundador de Telegram, Pável Dúrov, declarado en busca y captura por Moscú, llamó a los usuarios a las barricadas virtuales, en alusión al empleo masivo de redes VPN, algo indispensable -casi la mitad de la población las utiliza- para acceder a muchos recursos como YouTube.
La gasolinera de Europa echa el cierre
A todo esto se ha sumado desde junio un déficit totalmente inesperado en la considerada ‘Gasolinera de Europa’ debido a los certeros ataques ucranianos contra las refinerías rusas, una veintena de las cuales fueron golpeadas en agosto.
Las largas colas ante las gasolineras han sido la norma en los últimos tiempos en toda la geografía nacional, ya que el volumen de refinado de crudo -menos de 4 millones de barriles diarios- ha caído a los niveles de hace 20 años, lo que también ha disparado los precios.
Putin asegura que sólo queda por reparar un 10 % de las refinerías alcanzadas -nueve de las diez mayores-, pero la realidad es que algunas de ellas han tenido que suspender sus operaciones durante un plazo de seis meses.
Por ese motivo, las gasolineras han recibido permiso para vender combustible de peor calidad -desgastan la maquinaria y aumentan las emisiones-, que ahora es importado de países como India, Kazajistán y Bielorrusia.
El líder ruso insiste en que el daño «no es crítico», pero, a renglón seguido, admitió que el costo de los ataques asciende a casi un 1 % del productor interior bruto.
Por todo ello, según los expertos, el Kremlin tendrá que movilizar como nunca el recurso administrativo para revalidar la mayoría constitucional de más de 300 escaños, para lo que le conviene más que nunca una baja participación electoral, especialmente entre los partidarios de la paz.