Tras una agonizante semana de amenazas, Rusia bombardea Kiev
Las advertencias reiteradas de Moscú de un gran ataque, y el retraso en su ejecución, parecieron querer infligir un daño psicológico a la capital de Ucrania
Por: Maria Varenikova and Kim Barker
Más de una semana después de que Rusia advirtiera de un ataque contra Kiev que sería tan grande que los diplomáticos y otros extranjeros deberían huir, Moscú finalmente atacó en la madrugada del martes. Sus fuerzas lanzaron cientos de drones y decenas de misiles contra la capital y otras ciudades de Ucrania, y mataron al menos a 16 personas, dijeron las autoridades ucranianas.
El bombardeo en Kiev fue similar en escala a otros dos ataques del mes pasado. Moscú ha continuado su campaña aérea contra la capital incluso cuando el ejército ruso atraviesa su peor periodo en años en la línea del frente, en términos de territorio ganado.
Lo que parecía ser diferente en el último ataque contra Kiev era el elemento psicológico. El mes pasado, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso advirtió de que tomaría represalias por lo que, según funcionarios rusos, fue un ataque ucraniano con drones contra una residencia universitaria en la región de Luhansk, en el este de Ucrania, controlada por Rusia, en el que murieron 21 estudiantes. El número de víctimas no pudo verificarse de forma independiente.
Después de que Rusia amenazara con otro gran ataque contra Kiev, incluso contra “centros de toma de decisiones”, y pidiera a los extranjeros que evacuaran el país, los enviados occidentales se unieron al gobierno ucraniano y dijeron que se quedarían allí y no cederían a las tácticas de intimidación.
Sin embargo, las advertencias de Moscú y el largo tiempo transcurrido antes de que Rusia atacara realmente afectaron a los habitantes de Kiev. Durante días, Rusia lanzó aviones que simulaban un gran ataque, lo que hizo activar las alarmas y causó agotamiento entre la población.
Muchas familias acabaron durmiendo en el metro de Kiev y en estacionamientos durante varias noches. El martes por la mañana, cuando los primeros drones rusos cruzaron la frontera con Ucrania, los refugios estaban llenos, algo menos habitual que al principio de la guerra, ya que la gente se había acostumbrado a la amenaza de los ataques rusos. Quienes llegaron en mitad de la noche, tras los primeros avisos de misiles, lucharon por encontrar un lugar donde acostarse.
Los suelos de las estaciones de metro estaban cubiertos de tiendas de campaña y esterillas de yoga. Los perros ladraban. Los niños lloraban, luchando por conciliar el sueño.
Cuando se levantó la alerta, las familias somnolientas se fueron a casa mientras el sol atravesaba las espesas nubes de humo sobre Kiev. Pero poco después de las 7 a. m., con algunas personas ya de camino al trabajo, Rusia atacó la ciudad con misiles balísticos hipersónicos, dijeron funcionarios ucranianos, dejando poco tiempo a la gente para buscar refugio de nuevo.
Tras las decenas de explosiones que sacudieron Kiev durante la noche, varios lugares seguían ardiendo el martes por la mañana. Al menos cinco personas murieron y tres niños se encontraban entre los 65 heridos, dijo el alcalde Vitali Klitschko. Dijo que se había derrumbado parcialmente un edificio de viviendas de nueve plantas en el distrito de Podilskyi, al oeste del río Dniéper.
En la ciudad de Dnipró, en el centro de Ucrania, murieron 11 personas, entre ellas dos niños, y 37 resultaron heridas como consecuencia de un ataque nocturno, según las autoridades locales.
En total, Rusia lanzó 656 drones y 73 misiles en la oleada nocturna de ataques, según la Fuerza Aérea de Ucrania, la cual informó de que 33 misiles habían alcanzado sus objetivos.
Fue quizá el ataque más publicitado de la guerra.
Rusia advirtió el 25 de mayo de su plan de atacar “centros de toma de decisiones” en Kiev. El lunes, el presidente Vladimir Putin presidió una reunión en el Kremlin sobre el ataque ucraniano con drones a la residencia universitaria de Luhansk, y declaró que el ataque había añadido “una nueva cualidad al conflicto en su conjunto”.
El gobierno de Ucrania ha calificado de desinformación las afirmaciones rusas sobre el ataque, pero un medio de comunicación ucraniano identificó víctimas civiles, entre ellas estudiantes. El Ministerio de Defensa ruso dijo en un comunicado el martes que los ataques nocturnos eran una respuesta a lo que calificó de “actos terroristas” contra objetivos en Rusia.
Mykhailo Samus, director de la Red de Investigación Nueva Geopolítica independiente en Kiev, afirmó que uno de los aspectos más importantes de esta ola de amenazas y ataques rusos era “el componente cognitivo”. Añadió que esto implica “cambiar el estado psicológico de los ucranianos y obligarlos a salir a las calles” para exigir el fin de la guerra.
“Es probable que Rusia continúe aumentando la magnitud de los ataques y, al mismo tiempo, haga hincapié en el componente cognitivo”, dijo Samus.
Rusia lleva años bombardeando Kiev y otras ciudades, desde mucho antes de que Ucrania desarrollara la capacidad de contraatacar. Pero en los últimos meses ha intensificado sus ataques.
Cada gran asalto a ciudades ucranianas parece alcanzar un récord de un tipo u otro: el mayor número de drones utilizados, el mayor número de misiles balísticos disparados.
El 14 de mayo, Rusia lanzó más de 1400 drones contra ciudades ucranianas en 24 horas, el mayor ataque con drones de la guerra, según un conjunto de datos creado por The New York Times utilizando cifras extraídas de la Fuerza Aérea Ucraniana. Un solo misil balístico disparado como parte de ese bombardeo mató a 24 personas en Kiev.
El martes, Rusia disparó un número récord de misiles de crucero hipersónicos con capacidad nuclear conocidos como Zirkons. Lanzó cuatro durante la noche y el mismo número por la mañana.
Los analistas dijeron que los ataques rusos estaban dirigidos en parte a agotar las limitadas reservas ucranianas de misiles interceptores Patriot, su única defensa probada contra las armas balísticas rusas.
Funcionarios ucranianos han advertido en las últimas semanas de que el país se está quedando sin Patriots, incluso cuando Rusia ha disparado más misiles balísticos que nunca. En lo que va del año, Rusia ha atacado ciudades ucranianas con 374 misiles balísticos, más del doble de los que disparó en el mismo periodo del año pasado.
Ucrania utilizó Patriots para derribar aproximadamente uno de cada tres de ellos.
En los días posteriores a otro gran ataque contra Kiev, el 24 de mayo, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, envió una carta al presidente Donald Trump y a todos los miembros del Congreso en la que pedía más Patriots de fabricación estadounidense. Zelenski describió los misiles balísticos rusos como la “última gran ventaja de Putin en el campo de batalla”.
Ucrania ha parecido tomar la delantera en la guerra en las últimas semanas, ya que las conversaciones de paz se han estancado. Las fuerzas ucranianas han atacado cada vez más instalaciones petrolíferas rusas e incluso ciudades como Moscú con drones de largo alcance. La línea del frente sigue en gran medida congelada, puesto que los drones dificultan el movimiento de ambas partes, y la esperada ofensiva de primavera de Rusia aún no se ha materializado.
Mientras Rusia sigue atacando ciudades ucranianas desde el aire, Pete Hegseth, secretario de Defensa estadounidense, declaró a la prensa el viernes que Estados Unidos “encontraría la manera” de ayudar a Ucrania a defenderse, pero no ofreció detalles concretos.
Los Patriots avanzados escasean cada vez más en todo el mundo, en gran parte porque muchos se han utilizado en la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Pero también son difíciles de producir. El año pasado, Lockheed Martin construyó 620 de ellos, un récord.
Según analistas ucranianos, Rusia también tiene limitaciones en cuanto a la cantidad de armas que puede desplegar. Moscú espació sus tres últimos ataques contra Kiev con unos diez días de diferencia entre cada uno, lo que permitió el reabastecimiento. Y a pesar de la retórica rusa, el ataque del martes no fue de mayor envergadura que los anteriores.
“A simple vista se puede ver que Rusia claramente no tiene un número suficiente de misiles y drones para sostener ataques masivos, al menos en un periodo de tiempo corto”, dijo Vitalii Portnikov, analista político ucraniano.
Según Portnikov, el principal indicador es el uso que Rusia hace de los misiles Zircon. Moscú los emplea para agotar los sistemas de defensa aérea, no para atacar objetivos terrestres, ya que son misiles navales.
Analistas señalan que, si Rusia pudiera producir más misiles balísticos, los habría utilizado para atacar objetivos terrestres.
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