Conservación marina: México y el mundo, lejos de cumplir la meta 30x30 rumbo a 2030, alerta la COP17

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México
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En tierra firme, las reservas rondan 20% y se proyecta que alcancen 27% para 2030

A cuatro años de que venza el plazo del acuerdo global Kunming-Montreal para proteger 30% del planeta, la Conferencia de las Partes (COP17), celebrada del 19 al 30 de octubre en Ereván, Armenia, dejó una señal de alarma: la conservación en el mar va mucho más lenta que en la tierra.

En tierra firme, las reservas rondan 20% y se proyecta que alcancen 27% para 2030.

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En el mar apenas alcanzan 10%. Al ritmo de la última década, las promesas de los países apenas llevarían la protección marina global a 12% al cierre del decenio, dejando la meta a menos de la mitad del camino.

”El Examen Global ha emitido una advertencia clara: la implementación no avanza al ritmo ni a la escala necesarios, y en el océano estamos quedando especialmente rezagados”, advirtió Pauli Merriman, directora sénior interina de Océanos para la Práctica de Biodiversidad Global de WWF International (Fondo Mundial para la Naturaleza).

Aunque el compromiso internacional del 30x30 (proteger al menos 30% de la superficie marina del planeta para el año 2030) no exige cerrar por completo todo el mar a las actividades humanas, los científicos usan las zonas de protección total o estricta como el termómetro más fiable de la salud ecológica.

De acuerdo con el Ocean Protection Gap Report 2026, apenas 3.5% del océano cuenta con una protección activa que impida amenazas directas, como la pesca de arrastre.

El resto alimenta lo que los expertos llaman “parques de papel”: reservas que existen en leyes y decretos, pero no cuentan con barcos de patrulla, vigilancia ni fondos para operar.

MÁS ALLÁ DEL PORCENTAJE

El informe “Beyond the Percentage de WWF” advierte sobre el peligro de reducir la conservación marina a un mero trámite burocrático.

Caterina Quadrio Curzio, líder global de Hábitats Oceánicos en WWF y autora principal del informe, insiste en que una reserva sólo funciona si cumple con condiciones básicas: elegir zonas de alto valor ecológico, conectarlas entre sí, asegurar fondos para operarlas e involucrar de verdad a las comunidades costeras.

“La conservación efectiva requiere representatividad, conectividad e inclusión real de las comunidades locales como socias en la gobernanza”, apunta.

Vigilar millones de kilómetros de agua es un desafío logístico enorme. Lisa Speer, directora de Océanos del Consejo para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC), recuerda que las reservas totalmente cerradas a la pesca (“no-take”) facilitan detectar intrusos desde el espacio: “En un santuario totalmente protegido es mucho más sencillo detectar cualquier embarcación intrusa, lo que agiliza la fiscalización y asegura que las reglas se cumplan en el agua”, dijo.

EL CASO MEXICANO

Esa tensión entre decretar reservas y hacer que funcionen se vive de lleno en México. En el Pacífico norte, el país busca proteger los grandes bosques de macroalgas (“kelp”) de la península de Baja California, con la aspiración de establecer una alianza a lo largo del corredor biológico que se extiende desde Estados Unidos hasta Canadá.

La subsecretaria de Biodiversidad y Restauración Ambiental, doctora Marina Robles García, explica que la clave ha sido trabajar directamente con quienes viven del mar.

En Baja California, el gobierno apoya económicamente a los buzos locales para que, al extraer el erizo rojo de alto valor comercial, también extraigan el erizo púrpura.

Este último no tiene valor comercial ni depredadores naturales suficientes, y con el calentamiento del agua por “El Niño” se vuelve una plaga voraz que devora los bosques submarinos. México reporta que 23.7% de sus mares están bajo esquemas de conservación, una cifra que lo sitúa muy cerca de la meta mundial.

Sin embargo, un estudio publicado en la revista “Science Advances” documentó que sólo 4.6% de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de México está completamente protegida contra la pesca, y 95.4% de los mares mexicanos está abierto a la explotación pesquera.

Ese modesto 4.6% depende casi exclusivamente de un solo lugar: el Parque Nacional Revillagigedo, un archipiélago remoto y despoblado que concentra 4.2% del territorio marino nacional.

Revillagigedo demostró que la veda total funciona: cuando se creó en 2017, la flota industrial auguró una caída de 20% en sus capturas de atún, pero los datos satelitales y de desembarque confirmaron, cinco años después, que las capturas no cayeron y que el sector no perdió dinero.

No obstante, imponer una veda sin alternativas detona conflictos graves.

La propia Robles lo reconoce al recordar la experiencia de Cabo Pulmo, celebrado internacionalmente por su recuperación biológica, pero marcado en sus inicios por tensiones locales.

Para no repetir esa fractura, la funcionaria defiende transitar del decreto punitivo hacia acuerdos voluntarios de conservación (las llamadas OMEC).

Robles sostiene que este andamiaje busca respaldarse con un aumento de 50% en el presupuesto de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (conanp) y la expectativa de un incremento adicional el próximo año, aunque reconoce que vigilar el mar requiere algo que ningún presupuesto alcanza a cubrir por sí solo: “No tienes manera de tener un policía por persona. Si las comunidades ven que su bienestar depende de que el ecosistema esté sano, tienes a los vigilantes naturales en el agua”.

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