México declara la guerra al sargazo
Desde enero hasta finales de septiembre, la Armada recogió casi 25 mil toneladas de sargazo en el mar, más del doble de la cantidad recogida durante el mismo periodo del año pasado
CIUDAD DE MÉXICO- El comandante Álvaro Villanueva y su tripulación estaban a poco menos de un kilómetro de la costa mexicana el mes pasado cuando avistaron su objetivo: unas algas de color marrón mostaza conocidas como sargazo que se habían acumulado hasta alcanzar dimensiones imponentes.
Hacía horas que la Armada mexicana perseguía esa masa, vigilando su aproximación vía satélite y siguiéndola con un dron para determinar su rumbo con mayor precisión.
Después de poner en marcha las cintas transportadoras que se extendían desde la popa del barco hasta el agua, la tripulación comenzó a recoger corrientes de algas y a verterlas en el casco, donde el personal las apilaba con una excavadora. Fue uno de los mejores días de la temporada de caza de sargazo de la Armada de México: más de 400 toneladas de algas retiradas en tan solo unas horas.
El operativo constituye la primera línea en la guerra de México contra el sargazo, declarada a principios de este año cuando las algas asfixiaron la industria turística del país.
“Todo eso se junta y se va uniendo”, dijo Villanueva en otra reciente salida al mar. Se encontraba en el puente de mando de su barco, el Natans, un antiguo buque de recogida de basura que fue adaptado para aspirar el sargazo del agua. “La llamamos aglomerados cuando se hace una mancha en el campus del tamaño de un campo de fútbol”.
Desde la primavera, cuando la floración del sargazo inicia su periodo anual de crecimiento, miles de toneladas de estas algas han llegado a las costas caribeñas de México cada día, asolando una zona del país cuya economía se sustenta en sus aguas color turquesa y su arena blanca y fina.
Dado que el cambio climático está contribuyendo a una expansión sin precedentes de estas algas por todo el Caribe y a lo largo de la costa de Estados Unidos, llegando este verano hasta Carolina del Norte, los esfuerzos mexicanos se están presentando como un posible caso de prueba para una solución sostenible.
“Nuestras playas están sucias, el olor es horrendo”, dijo este mes Santia Bradshaw, ministra de Medioambiente, Embellecimiento Nacional y Pesca de Barbados, en una conferencia mundial sobre el sargazo celebrada en Cancún, una ciudad turística en México. “Los pequeños Estados insulares en desarrollo necesitan el apoyo de nuestros hermanos y hermanas de la región”.
El sargazo es una macroalga de origen natural que sirve de hábitat para la vida marina en el Atlántico Norte. Cristóbal Colón fue el primero en documentar su presencia en esa zona durante un viaje en 1492.
Sin embargo, desde 2011, las corrientes oceánicas y los vientos han arrastrado estas algas fuera de su hábitat natural hacia mar abierto, donde las condiciones ideales, el aumento de la temperatura del océano, la luz solar directa y la abundancia de nutrientes, incluidos los residuos de productos químicos agrícolas, han provocado que su volumen se duplique cada cinco años. El Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, como se conoce a esta proliferación, se extiende ahora desde el golfo de México hasta Brasil y la costa occidental de África.
“Nada crece tan rápido”, dijo Chuanmin Hu, director del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida. “El territorio se ha ampliado, lo que significa que hoy en día hay más países que sufren la plaga de sargazo, y la intensidad de la inundación de sargazo en una región determinada también ha aumentado”.
La Riviera Maya, el destino de playa más popular de México, que se extiende desde Cancún hasta Tulum, ha sido la más afectada por este crecimiento, ya que las corrientes oceánicas dominantes arrastran las algas hacia sus costas en cantidades enormes.
En lo que va de año, casi 23 millones de toneladas de sargazo han llegado al mar Caribe occidental, según los datos satelitales recopilados por el laboratorio de Hu, la mayor cantidad registrada en la región.
Esta temporada récord, que se espera que remita en noviembre, se suma a una lista de factores que están lastrando las cifras del turismo en todo el país, entre los que se incluyen el aumento de los costos de viaje provocado por la guerra en Irán y un episodio de violencia de los cárteles en febrero que paralizó el destino playero de Puerto Vallarta, en la costa del Pacífico.
En los primeros siete meses de este año, el tráfico aeroportuario en todo el estado de Quintana Roo, en el que se encuentra la Riviera Maya, disminuyó en torno a un 6 por ciento, y la ocupación hotelera, en casi un 4 por ciento, según los datos estatales más recientes. Los proveedores del sector turístico, desde el personal de servicio hasta los proveedores de bodas, han notado las consecuencias.
En pleno apogeo estival de la temporada de sargazo en Puerto Morelos, una pequeña localidad costera situada a una hora al sur de Cancún, “no se veía azul el mar, era color chocolate”, dijo Mirta Miranda, empleada de una tienda de recuerdos.
En consecuencia, los turistas han dejado de acudir y las ventas se han desplomado, lo que ha obligado a restaurantes con larga trayectoria a cerrar y a los trabajadores a tomarse días libres sin sueldo. Las excursiones de buceo con esnórquel, un gran atractivo de la localidad, situada justo al lado del arrecife más importante de la región, han pasado de cuatro barcos al día el año pasado a uno solo, según dijo Israel Vázquez, un instructor.
Como resultado, ha pedido a “la renta, ‘espérame’, la disminución de alimentos, reducir gastos, ponerle más agua a los frijoles”, dijo Miranda.
A lo largo de toda la costa, las algas han invadido el pintoresco paisaje. Junto a hileras de lujosas tumbonas de hotel y palapas con bares, equipos de trabajadores recorren la playa con rastrillos y palas cargadoras, amontonando el sargazo en montones de 3 metros. Si se deja secar al sol, el sargazo empieza a descomponerse y desprende un hedor a huevos podridos. Con una exposición prolongada, los gases que libera el sargazo al descomponerse, principalmente sulfuro de hidrógeno y amoníaco, pueden ser nocivos para las personas.
Algunos turistas lo ignoran, pasan por encima de los montones para llenar cubetas con agua de mar y posando para fotos con matas de algas bajo los pies. Pero, para muchos, es un fastidio.
“¡Qué asco!”, dijo Nadia Roque, una asistente financiera de Toronto que estaba celebrando su luna de miel en un resort todo incluido en Playa del Carmen. “Hemos hecho todo este viaje hasta aquí solo para disfrutar del mar y, cuando nos encontramos con este tipo de situaciones, la verdad es que no resulta nada agradable”.
En julio, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció una inversión de 115 millones de dólares para ampliar los esfuerzos de la Secretaría de Marina en la recogida de sargazo en el mar. Está previsto que, a finales de año, entre en servicio un nuevo buque oceánico con una capacidad aún mayor que la del Natans, y el gobierno tiene previsto adquirir y equipar dos buques similares más en 2027, según el contralmirante Topiltzin Flores Jaramillo, que dirige los esfuerzos militares.
La Armada también está reforzando su flota de embarcaciones más pequeñas y ágiles, capaces de rastrear un tramo de las aguas más cercanas a la costa, dijo Flores.
“Todo el trabajo al rayo del sol”, dijo Flores. “Es muy desgastante”.
Desde enero hasta finales de septiembre, la Armada recogió casi 25 mil toneladas de sargazo en el mar, más del doble de la cantidad recogida durante el mismo periodo del año pasado, en medio de otra temporada intensa, según un informe del gobierno. Aun así, eso representa menos de un tercio del sargazo que llegó a la costa y fue recogido por trabajadores en la playa.
Con la llegada de nuevos buques el año que viene, según dijo Flores, la Armada espera dar vuelta a estas cifras: recolectar más sargazo en el mar que en tierra.
Queda por ver si la misión de la Armada podrá seguir el ritmo del calentamiento de los océanos y la expansión del cinturón de sargazo. Pero otros países de la región ya están adaptando sus prácticas a las de México. La República Dominicana, que también registró este año cifras récord de sargazo, ha expresado su interés en comprar un buque recolector de sargazo a México, según informó este verano la Secretaría de Medio Ambiente de México.
Qué hacer con todo el sargazo recolectado es el tema central de una industria en auge que atrajo a líderes medioambientales y empresariales a la conferencia de Cancún de este mes.
Entre puestos dedicados a las barreras de contención de última generación y a las embarcaciones autónomas de recogida, los expositores mostraron una amplia gama de productos fabricados a partir de sargazo reciclado: adoquines de hormigón utilizados en la construcción de una estación de tren de pasajeros, fertilizante líquido e incluso cremas y lociones.
La financiación de la Unión Europea, el Banco Mundial y otras organizaciones gubernamentales e internacionales ha ayudado a decenas de empresas a expandirse a los mercados globales. Están empezando a entrar en funcionamiento infraestructuras sofisticadas, como un centro de tratamiento con capacidad para procesar hasta 40 mil toneladas de sargazo al día que está desarrollando el gobierno mexicano.
El objetivo es crear una economía circular en la que la recogida de sargazo, una tarea costosa, resulte atractiva para los gobiernos y las empresas privadas, aliviando así parte de la carga de los países que no pueden permitirse poner en marcha sus propios métodos de recogida. Sin embargo, entre los asistentes a la conferencia también se percibían motivaciones más capitalistas.
“Hay un negocio global de gran volumen por explotar”, dijo Steven Keays, un canadiense cuya empresa, Thalasso, extrae de las algas del sargazo un compuesto que puede utilizarse en cosmética.
En la página web de la empresa, estas molestas algas han recibido un nuevo apodo, quizás un tanto ambicioso: “oro azul”. c. 2026 The New York Times Company.
Por David Shortell y Cristopher Rogel Blanquet, The New York Times.