Mientras México dice ‘no’ al celular en las escuelas; padres se oponen en las zonas más violentas del país
Según la coalición de la sociedad civil Red por los Derechos de la Infancia en México, en el primer semestre de este año uno de cada diez mexicanos de 0 a 17 años fue víctima de delitos en los que estaba involucrada la delincuencia organizada
CULIACÁN- Las escuelas mexicanas se disponen a sacar de las aulas los teléfonos móviles en un esfuerzo por poner un límite al uso que le dan los niños y adolescentes a los dispositivos electrónicos. Pero en un país afectado por la inseguridad, la medida enfrenta la resistencia de padres de familia que temen que sus hijos puedan quedar vulnerables ante cualquier hecho de violencia al perder el medio de comunicación con ellos.
La iniciativa, que se pondrá en vigor desde el martes e impulsada por la administración de Claudia Sheinbaum, ha sido respaldada por especialistas que la ven como una oportunidad para reducir la exposición de los jóvenes mexicanos a las tecnologías y hacer frente a los problemas de déficit de atención, estrés y ansiedad que generan.
Sumado a ello, las autoridades activarán a mediados de este mes una regulación que obligará a las plataformas digitales a retirar las publicaciones que tengan discursos de odio, abuso, violencia sexual, acoso, ciberbullying y conductas ilícitas.
Pero la prohibición de los teléfonos móviles dentro de los centros escolares ya está enfrentando resistencia en varias regiones de México, ya que hay padres que no están dispuestos a que sus hijos queden incomunicados ante la violencia de la que no escapan los niños y adolescentes.
Según la coalición de la sociedad civil Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), en el primer semestre de este año uno de cada diez mexicanos de 0 a 17 años fue víctima de delitos en los que estaba involucrada la delincuencia organizada.
Un ejemplo de ello se vivió hace escasos días cuando un autobús del transporte público repleto de estudiantes de una secundaria del violento estado de Sinaloa fue baleado en plena calle en un ataque dirigido al chofer de la unidad.
“No creo que los padres vayan a aceptar el no darles un medio de comunicación digital a sus hijos, especialmente cuando esos niños, cuando esos jóvenes, se apartan de la escuela hacia sus hogares”, afirmó Francisco Ortiz, representante estatal de la Unión Nacional de Padres en Sinaloa, al señalar al gobierno de desoír a los padres y aprobar regulaciones que “van en contra de la patria potestad, en contra de los derechos de los padres”.
El decreto emitido por Sheinbaum prohíbe el uso de los celulares y dispositivos electrónicos dentro de las escuelas de primaria y secundaria durante toda la jornada escolar, y solo permite su empleo con fines pedagógicos bajo la orientación de los docentes, o por emergencias personales, discapacidad y necesidades de salud. La restricción no incluye el transporte escolar.
Benigno Gómez, un padre de la localidad de Reynosa, en el estado norteño de Tamaulipas, expresó que aunque comprendía la necesidad de las autoridades educativas de que los alumnos no se enfoquen largos períodos en los celulares, admitió que le resultaba “un poco complicado” que no se les permita tener un celular para hacer frente a una eventual situación de riesgo.
Pese a las preocupaciones que ha generado la normativa, las autoridades mexicanas no se han pronunciado al respecto y se han centrado en los perjuicios que generan los celulares.
Durante una reciente intervención en la Cámara de Diputados, el secretario de Educación Pública de México, Mario Delgado, aseguró que el gobierno de Sheinbaum busca “prevenir la adicción a las plataformas digitales y los trastornos que provocan en menores de edad”.
Al hablar de los riesgos, Delgado planteó en julio pasado que, “mientras aprendemos a utilizarlos, los dispositivos aprenden de nosotros e intervienen en nuestros hábitos, capturan nuestra atención, modifican nuestras rutinas, conductas”.
La prohibición de los teléfonos celulares en las escuelas ya se aplica en 114 países, según datos de la UNESCO. En Europa las restricciones han ganado creciente fuerza especialmente en Francia donde en agosto se amplió la prohibición a las instituciones de educación secundaria. En algunos países de las Américas como Ecuador, Brasil, Chile, Bolivia y Costa Rica también se han implementado controles, y en el caso de Estados Unidos solo mantienen prohibiciones en algunos estados.
LA REALIDAD QUE SE IMPONE
Cuando apenas comenzaba a despuntar el sol, los habitantes de Escuinapa, capital del municipio del mismo nombre situado al sur de Sinaloa, despertaron de golpe la mañana del 22 de octubre con una trágica noticia. Uno de los autobuses de pasajeros que suele atravesar el pequeño poblado, que vive de la producción de mango y camarón, fue baleado por un hombre que se trasladaba en una motocicleta.
Aunque en los últimos meses los ataques de motorizados solitarios se han vuelto cada vez más comunes en Escuinapa, el hecho conmocionó a la comunidad debido a que en la unidad iba más de una docena de adolescentes de secundaria. Tras el tiroteo se difundió un video en las redes sociales, que fue hecho por uno de los pasajeros, en el que se ve a niños en el suelo y otros escondidos entre las sillas del transporte mientras un adolescente le platica a otro:“¿tienes saldo (en el celular)?”.
En la agresión solo resultó herido el chofer del autobús, que se cortó con los vidrios de una de las ventanas que se partió por la balacera.
Pese a que el tiroteo sucedió a escasas calles de su casa, una de las habitantes de Escuinapa no se enteró del hecho porque en ese momento dormía, pero una llamada telefónica de un amigo la despertó de golpe y la alertó de lo ocurrido. Al colgar, su primera reacción fue llamar a su hija adolescente, que se había ido temprano a la secundaria en un automóvil conducido por su tía.
“El solo escuchar a mi hija y saber que estaba bien me tranquilizó”, dijo la mujer, que pidió la reserva de su nombre por temor a los delincuentes que azotan su comunidad. Reconoció que no le importó interrumpir a su hija en clases para saber cómo estaba.
Ahora que las autoridades se disponen a prohibir el uso de los teléfonos móviles en las escuelas, la madre manifestó dudas de que los padres la vayan a acatar ante el temor que la violencia ahora pueda llegar a las escuelas de Escuinapa, e insistió en que “la seguridad de los hijos es primero”.
EN DEFENSA DE LA REGULACIÓN
Mientras algunos se muestran reacios a la normativa, para Israel Sánchez, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), la decisión del gobierno mexicano representa un avance tras años de lucha que ha mantenido la organización civil, que agrupa a cientos de padres de escuelas públicas y privadas, en su mayoría católicas.
Uno de los mayores pasos en ese sentido se dio en el estado central de Querétaro, donde desde 2024 se prohibió el uso de los celulares en las escuelas. En otros 18 estados hay disposiciones e instrumentos normativos vigentes relacionados con el uso con fines educativos y recreativos de los teléfonos móviles y dispositivos inteligentes que tendrán un plazo de seis meses, contados a partir de noviembre, para acoplarse al decreto del gobierno federal.
Sánchez planteó que para lograr la implementación efectiva de la norma las autoridades deben hacer un “trabajo de sensibilización” de los padres y un entrenamiento de los docentes.
Para la doctora en neurodesarrollo Lucía Magis-Weinberg, investigadora de la Universidad de Washington, que ha estudiado por años los efectos que generan en los niños y adolescentes las tecnologías, México se suma en un “momento muy oportuno” al movimiento internacional para regular los celulares.
Magis-Weinberg descartó que se deba estigmatizar el uso de las plataformas digitales alegando que pueden tener beneficios en términos de “socialización” y “de acceso al conocimiento de la información”, pero dejó claro que la tecnología es “un arma de doble filo” por lo que se requiere regulaciones para evitar daños cognitivos, conflictos digitales, y los riesgos que traen las plataformas que “están diseñadas para mantener, para maximizar nuestra atención”.
Por Fabiola Sánchez y Aarón Ibarra, The Associated Press.