Polémica en el Premio de la Juventud CDMX: reggaetón, twerk y letras que dividieron opiniones
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Fueron principalmente las letras de algunas de las canciones interpretadas las que provocaron cuestionamientos entre usuarios de redes sociales
Una presentación de música urbana, baile y letras de contenido sexual durante una ceremonia oficial abrió un debate sobre los límites de la expresión artística juvenil en eventos institucionales.
La celebración del Premio de la Juventud de la Ciudad de México 2026 quedó envuelta en una controversia luego de que una presentación protagonizada por jóvenes vinculados con el Instituto de la Juventud de la Ciudad de México (Injuve CDMX) generara críticas debido al contenido de algunas de las canciones y a la coreografía presentada durante el evento.
El número artístico, realizado en el Museo de la Ciudad de México, incorporó elementos característicos de la música urbana contemporánea, entre ellos reggaetón, baile y movimientos de twerk y perreo. Sin embargo, fueron principalmente las letras de algunas de las canciones interpretadas las que provocaron cuestionamientos entre usuarios de redes sociales.
De acuerdo con los videos y testimonios que comenzaron a circular, durante la actuación se escucharon fragmentos con referencias sexuales, consumo de marihuana y expresiones consideradas por algunos usuarios como poco apropiadas para una ceremonia de carácter institucional.
Entre las frases identificadas durante el espectáculo se encuentra “una gatita que le gusta el mambo”, además de otras expresiones de contenido explícito. También se señaló la interpretación de temas de música urbana como “Gatita”, cuya letra contiene referencias sexuales.
UNA CEREMONIA PARA RECONOCER A LAS JUVENTUDES
La polémica adquirió especial relevancia por el contexto en el que ocurrió la presentación.
El Premio de la Juventud de la Ciudad de México no es solamente un espectáculo artístico, sino un reconocimiento institucional destinado a distinguir a personas jóvenes, colectividades y organizaciones por sus aportaciones en diferentes áreas.
La convocatoria oficial de la edición 2026 establece categorías relacionadas con actividades académicas, científicas, tecnológicas y profesionales, pero también contempla actividades culturales y artísticas, deportivas, mérito cívico, derechos humanos, igualdad de género y diversidad sexual.
El reconocimiento contempla además diferentes rangos de edad: de 12 a 17 años, de 18 a 23 y de 24 a 29 años, de acuerdo con las categorías establecidas en la convocatoria.
Por ello, para algunos críticos el problema no radicó en que jóvenes interpreten reggaetón o desarrollen propuestas relacionadas con la cultura urbana, sino en que una presentación con determinadas letras y movimientos formara parte del programa de una ceremonia oficial.
¿QUIÉNES PARTICIPARON EN EL ESPECTÁCULO?
La presentación estuvo relacionada con jóvenes participantes de actividades impulsadas por el Injuve CDMX, particularmente dentro de espacios de formación y participación juvenil.
Entre ellos se encuentran participantes vinculados con Aldea Juvenil, un espacio que busca acercar a jóvenes a distintas actividades y procesos de creación.
La actuación fue presentada desde esa perspectiva: como una muestra del trabajo artístico desarrollado por jóvenes que han participado en talleres de composición y creación musical.
En ese sentido, el espectáculo puede interpretarse como parte de una política de promoción de la participación juvenil y de las expresiones culturales contemporáneas.
El propio concepto del Premio de la Juventud contempla precisamente las actividades artísticas y culturales como uno de los ámbitos susceptibles de reconocimiento.
REGGAETÓN, PERREO Y CULTURA URBANA FRENTE A UN ESCENARIO INSTITUCIONAL
El punto que generó mayor discusión fue el contraste entre el lenguaje habitual de determinados géneros urbanos y el carácter formal de una ceremonia gubernamental.
El reggaetón y otros géneros urbanos forman parte de la cultura popular contemporánea y son utilizados por numerosos jóvenes como una vía de expresión artística, social y personal. Sus letras pueden abordar desde relaciones amorosas hasta sexualidad, violencia, consumo de drogas, vida cotidiana y experiencias de barrio.
Sin embargo, trasladar ese tipo de expresiones a un acto institucional plantea una pregunta diferente: ¿debe una institución pública adaptar el contenido artístico cuando el escenario es una ceremonia oficial?
Esa fue precisamente una de las principales discusiones generadas en redes sociales.
Mientras algunos usuarios consideraron que la presentación refleja las expresiones culturales que consumen y producen actualmente las juventudes, otros cuestionaron que una institución pública haya permitido que se interpretaran canciones con lenguaje sexual y referencias al consumo de drogas dentro de un evento oficial.
LAS CRÍTICAS NO SE ENFOCARON ÚNICAMENTE EN EL BAILE
Aunque las imágenes de los jóvenes bailando fueron las que más rápidamente comenzaron a circular, los cuestionamientos estuvieron relacionados también con el contenido de las canciones.
La presencia de twerk y perreo, por sí misma, puede formar parte de una propuesta coreográfica asociada a la música urbana. El debate se intensificó cuando estos elementos aparecieron acompañados de letras explícitas.
Para los críticos, la combinación resultaba particularmente problemática debido al carácter institucional del evento y a la posibilidad de que entre los asistentes hubiera adolescentes.
Para quienes defendieron la presentación, en cambio, censurar automáticamente determinadas manifestaciones de la cultura urbana podría significar desconocer las formas de expresión utilizadas por una parte importante de las juventudes.
UNA DISCUSIÓN SOBRE LIBERTAD ARTÍSTICA Y RESPONSABILIDAD
Más allá de las opiniones sobre el reggaetón, el episodio plantea un debate más amplio sobre qué criterios deberían utilizar las instituciones públicas para seleccionar contenidos artísticos.
Una cosa es permitir que jóvenes desarrollen y presenten sus propias propuestas culturales y otra determinar qué contenidos resultan adecuados para un acto protocolario financiado y organizado con participación de instituciones públicas.
La pregunta, por tanto, no necesariamente consiste en decidir si el reggaetón es apropiado o inapropiado, sino en establecer qué tipo de contenido debe presentarse en determinados espacios y ante qué públicos.
Una institución puede respaldar la creación artística juvenil y, al mismo tiempo, establecer criterios de clasificación, advertencias o selección de repertorio para eventos oficiales.
EL CONTEXTO DEL INJUVE
El Instituto de la Juventud de la Ciudad de México desarrolla actividades dirigidas a la participación y formación de jóvenes en distintos ámbitos. Este tipo de iniciativas forman parte de una estrategia más amplia para generar espacios de convivencia, participación y expresión.
La participación juvenil también ha sido impulsada desde otras instituciones públicas mediante actividades culturales, deportivas y comunitarias. En 2025, por ejemplo, el Injuve participó junto con otras dependencias en actividades ambientales y comunitarias dirigidas a jóvenes, lo que muestra la diversidad de programas en los que participa el instituto.
En este contexto, una presentación musical puede entenderse como una extensión de los espacios de creación y participación juvenil que buscan promover las instituciones.
¿DÓNDE TERMINA LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA Y COMIENZA LA RESPONSABILIDAD INSTITUCIONAL?
La controversia deja abierta una cuestión que probablemente continuará generando opiniones encontradas: ¿hasta dónde debe llegar una institución pública al promover las expresiones culturales de las juventudes?
Quienes defienden el espectáculo pueden argumentar que las instituciones deben escuchar a los jóvenes y permitirles expresarse mediante los géneros musicales que forman parte de su realidad cotidiana.
Sus críticos pueden responder que la libertad artística no elimina la responsabilidad de seleccionar contenidos adecuados para cada espacio, particularmente cuando se trata de una ceremonia oficial y cuando participan o asisten jóvenes de distintas edades.
El debate, por tanto, no se limita a una canción o a una coreografía. También pone sobre la mesa la relación entre cultura popular, políticas públicas de juventud, libertad de expresión artística y responsabilidad institucional.
Por ahora, las imágenes de la presentación continúan alimentando la discusión en redes sociales, donde las opiniones se dividen entre quienes consideran que se trató de una muestra legítima de cultura urbana juvenil y quienes cuestionan la decisión de incluir canciones con referencias sexuales y al consumo de drogas dentro de una ceremonia oficial.
Lo que debía ser una celebración para reconocer el talento, trayectoria y aportaciones de las juventudes capitalinas terminó así convertido también en un debate sobre qué expresiones culturales tienen cabida en los escenarios institucionales y cuáles deberían reservarse para otros espacios.
Cabe señalar que la convocatoria oficial del Premio de la Juventud CDMX 2026 sí contempla expresamente las actividades culturales y artísticas entre las áreas de reconocimiento. La controversia descrita se refiere específicamente al contenido de la presentación artística y a su pertinencia dentro de la ceremonia, no al objetivo general del premio.