Solventes disuelven futuro de estudiantes
COMPARTIR
Alrededor de diez adolescentes de secundaria y preparatoria, cada mes, son enviados a rehabilitación por utilizar esta droga, que es barata, en sólo tres meses provoca daños irreparables en el cerebro y cuya venta, actualmente, nadie busca endurecer
Su éxito en la industria radica en ser altamente corrosivos. Sirven para aflojar tuercas, disolver pinturas y hasta para fabricar veneno para ratas: son los inhalantes. Pero también comienza a ser una droga muy popular entre los adolescentes de clase media, que durante los últimos cuatro años han elevado su consumo casi a la par de la mariguana, por ser una droga barata, de fácil acceso y sin un gobierno que persiga ni regule su venta.
La mona ya no es exclusiva de los niños de la calle. Desde 2006, resurgió una batalla que parecía ganada a principios de la década -cuando se registró el mayor descenso de consumo de inhalantes-, y esta droga ganó terreno entre estudiantes de secundarias y preparatorias públicas en pleno Distrito Federal, según la encuesta de consumo de drogas entre estudiantes, de la SEP.
Algunos maestros ya advierten el rastro de la mona en el propio salón de clases. Al final del curso, el solvente ya ha desvanecido el barniz de las paletas de las bancas de hasta atrás.
"Esto nos demuestra qué tan fácil es inhalar en la propia escuela y cómo ni siquiera existe el pudor ni la conciencia de no dejar evidencia", dice la doctora Silvia Cruz Martín del Campo, investigadora del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav del IPN.
En 2009 vino el mayor repunte de esta droga en estudiantes de secundaria. Así lo percibe Ileana Raigosa Garibay, directora del Centro de Integración Juvenil (CIJ) Cuauhtémoc Poniente, pues, de repente, las secundarias comenzaron a enviar hasta diez alumnos al mes para rehabilitación, porque los descubrieron moneando en las instalaciones.
"El perfil de estos pacientes es nivel económico medio bajo, entre 14 y 16 años, que aún ven como un juego drogarse con solventes", afirma.
Mientras de 2003 a 2006 cayó dos por ciento el consumo de cocaína entre estudiantes de la SEP, el consumo de inhalantes aumentó en el mismo porcentaje, según la última encuesta sobre adicciones de Juan Villatoro.
Alrededor de diez adolescentes de secundaria y preparatoria, cada mes, son enviados a rehabilitación por utilizar esta droga, que es barata, en sólo tres meses provoca daños irreparables en el cerebro y cuya venta, actualmente, nadie busca endurecer
Su éxito en la industria radica en ser altamente corrosivos. Sirven para aflojar tuercas, disolver pinturas y hasta para fabricar veneno para ratas: son los inhalantes. Pero también comienza a ser una droga muy popular entre los adolescentes de clase media, que durante los últimos cuatro años han elevado su consumo casi a la par de la mariguana, por ser una droga barata, de fácil acceso y sin un gobierno que persiga ni regule su venta.
La mona ya no es exclusiva de los niños de la calle. Desde 2006, resurgió una batalla que parecía ganada a principios de la década -cuando se registró el mayor descenso de consumo de inhalantes-, y esta droga ganó terreno entre estudiantes de secundarias y preparatorias públicas en pleno Distrito Federal, según la encuesta de consumo de drogas entre estudiantes, de la SEP.
Algunos maestros ya advierten el rastro de la mona en el propio salón de clases. Al final del curso, el solvente ya ha desvanecido el barniz de las paletas de las bancas de hasta atrás.
"Esto nos demuestra qué tan fácil es inhalar en la propia escuela y cómo ni siquiera existe el pudor ni la conciencia de no dejar evidencia", dice la doctora Silvia Cruz Martín del Campo, investigadora del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav del IPN.
En 2009 vino el mayor repunte de esta droga en estudiantes de secundaria. Así lo percibe Ileana Raigosa Garibay, directora del Centro de Integración Juvenil (CIJ) Cuauhtémoc Poniente, pues, de repente, las secundarias comenzaron a enviar hasta diez alumnos al mes para rehabilitación, porque los descubrieron moneando en las instalaciones.
"El perfil de estos pacientes es nivel económico medio bajo, entre 14 y 16 años, que aún ven como un juego drogarse con solventes", afirma.
Mientras de 2003 a 2006 cayó dos por ciento el consumo de cocaína entre estudiantes de la SEP, el consumo de inhalantes aumentó en el mismo porcentaje, según la última encuesta sobre adicciones de Juan Villatoro.
De hecho, 11.3 de los estudiantes admitió haber fumado mariguana, mientras que diez por ciento acepta haber recurrido a inhalantes; esto significa que los solventes se han convertido en la segunda droga más consumida en este sector. Y aun con esta evidencia no existen políticas para regular la oferta y la demanda.
Las cifras concuerdan con los datos de los CIJ del Distrito Federal. Para 2008, el consumo de mariguana e inhalantes estaba casi al parejo. Y también con las estadísticas de los infractores remitidos a juzgados cívicos de la ciudad por inhalar solventes o ingerir alcohol en lugares públicos: mientras que en 2005 fueron remitidas 27 mil 183 personas, en 2008 fueron 31 mil 964, es decir, casi cuatro mil más.
El nuevo boom de los inhalantes llegó acompañado de una estrategia de márketing. La venta ha salido de las tlapalerías y se ha instalado en fiestas y narcotienditas. La presentación es menos corriente, los proveedores idearon una imagen menos agresiva para el PVC: las latas de metal y ordinarios galones se sustituyeron por los envases de aquellas mamilitas rellenas de minichicles de colores con las que las niñas juegan a ser mamás o por frascos de plástico más estilizados.
Después, para aligerar su penetrante olor y así evitar que su característico aroma delate a sus clientes, diluyeron con agua el inhalante y lo combinaron con el centro líquido de un chicle o con esencias de fresa, coco, canela, chocolate, etc. Eso depende del gusto del consumidor.
Es un fenómeno cíclico. En los años 80 se vendía el resistol y el cemento en bolsas de plástico decoradas con diamantina y esencia de naranja, cuenta Héctor Castillo, sociólogo de la UNAM. Lo incoherente, afirma, es que se regrese a ellos, pues hace 20 años no se sabía cómo actuaban las sustancias industriales en el cuerpo humano, pero ahora ya está demostrado que es la droga más dañina.
Y es que ni las más originales presentaciones, ni el sabor o color más concentrados son capaces de reducir los riesgos de estos derivados de petróleo.
Pero Angel, Uriel y Jonathan, estudiantes de secundaria, creen que el nuevo diseño les garantiza una sustancia menos nociva que la de la tlapalería.
"Yo consumo activo, no PVC", dice convencido Jonathan, y hasta burlándose de quien pudiera pensar lo contrario.
Y si la comparan con otras drogas como la cocaína, mariguana y mentafetaminas la perciben inofensiva, porque su efecto, dicen, "es efímero". Por esta misma razón recurren a varias monas, para prolongar "el placer".
Bastan 15 minutos para sentir su efecto, similar al que produce el alcohol: primero se ponen eufóricos, después se desinhiben y se vuelven dicharacheros, pero cuando la dosis aumenta terminan aletargados. Y así de rápido llegan los estragos al cuerpo: mareo, náuseas y dolor de cabeza.
En 30 minutos ya atravesaron barreras: atacan directo el sistema nervioso central y obstruyen el bombeo de oxígeno en la sangre. Además, el corazón se acelera y el riesgo de muerte súbita en la primera inhalada está siempre presente, advierte el doctor Raúl Fernández Jofre, director del Centro Toxicológico de la Secretaría de Salud del Distrito Federal.
Pero todavía hay más: en tres meses causa lesiones irreversibles en el cerebro, porque mata el recubrimiento de las neuronas "y te quedas ciego, sordo, con insuficiencia renal, neumonía, cáncer de hígado y huesos. En poco tiempo limitan un futuro".
Son drogas subestimadas, y más porque sus usuarios son niños, que no alcanzan a comprender las consecuencias de experimentar con sustancias industriales no aptas para consumo humano. En el IMSS, la mayor prevalencia de consumo se ha detectado entre niños de 12 años.
"Es la primera droga con la que niños y adolescentes tienen contacto, porque la pueden obtener hasta en sus casas", alerta Miguel Angel Andrade Padilla, pediatra toxicólogo del instituto.
Ya ni siquiera hay que hacerlo a escondidas, para monearse no importa quién esté a su alrededor. Los chavos han perdido hasta el pudor, insisten educadores, y es tan fácil como tener la mona en una mano y la chela en la otra.
"Ahora es más tolerado ver a un adicto consumiendo drogas, y eso sólo es parte del peligro, porque no hay que olvidar que en el país existe un ambiente muy especial por la guerra contra el crimen organizado que puede propiciar la descomposición social", concluye Martín Ponce, especialista en jóvenes y violencia.
Esto aún empeora: hasta las autoridades solapan este problema. En medio de un creciente problema de adicciones con estas sustancias altamente nocivas, no existe un discurso que abra el debate para regular su distribución, cuando ya está demostrado que cada día los jóvenes recurren más a los solventes, de manera más sencilla y desinformada.
De hecho, el mayor castigo legal que pueden recibir por inhalar activo en la calle es que las autoridades llamen a sus papás para que los vayan a recoger a un juzgado cívico por haber cometido una falta administrativa. Sin embargo, la verdadera consecuencia de un consumo crónico de estas sustancias viene después: condena a los adolescentes a futuros llenos de enfermedad, sin inteligencia, truncados.
Alrededor de diez adolescentes de secundaria y preparatoria, cada mes, son enviados a rehabilitación por utilizar esta droga, que es barata, en sólo tres meses provoca daños irreparables en el cerebro y cuya venta, actualmente, nadie busca endurecer
Su éxito en la industria radica en ser altamente corrosivos. Sirven para aflojar tuercas, disolver pinturas y hasta para fabricar veneno para ratas: son los inhalantes. Pero también comienza a ser una droga muy popular entre los adolescentes de clase media, que durante los últimos cuatro años han elevado su consumo casi a la par de la mariguana, por ser una droga barata, de fácil acceso y sin un gobierno que persiga ni regule su venta.
La mona ya no es exclusiva de los niños de la calle. Desde 2006, resurgió una batalla que parecía ganada a principios de la década -cuando se registró el mayor descenso de consumo de inhalantes-, y esta droga ganó terreno entre estudiantes de secundarias y preparatorias públicas en pleno Distrito Federal, según la encuesta de consumo de drogas entre estudiantes, de la SEP.
Algunos maestros ya advierten el rastro de la mona en el propio salón de clases. Al final del curso, el solvente ya ha desvanecido el barniz de las paletas de las bancas de hasta atrás.
"Esto nos demuestra qué tan fácil es inhalar en la propia escuela y cómo ni siquiera existe el pudor ni la conciencia de no dejar evidencia", dice la doctora Silvia Cruz Martín del Campo, investigadora del Departamento de Farmacobiología del Cinvestav del IPN.
En 2009 vino el mayor repunte de esta droga en estudiantes de secundaria. Así lo percibe Ileana Raigosa Garibay, directora del Centro de Integración Juvenil (CIJ) Cuauhtémoc Poniente, pues, de repente, las secundarias comenzaron a enviar hasta diez alumnos al mes para rehabilitación, porque los descubrieron moneando en las instalaciones.
"El perfil de estos pacientes es nivel económico medio bajo, entre 14 y 16 años, que aún ven como un juego drogarse con solventes", afirma.
Mientras de 2003 a 2006 cayó dos por ciento el consumo de cocaína entre estudiantes de la SEP, el consumo de inhalantes aumentó en el mismo porcentaje, según la última encuesta sobre adicciones de Juan Villatoro.
De hecho, 11.3 de los estudiantes admitió haber fumado mariguana, mientras que diez por ciento acepta haber recurrido a inhalantes; esto significa que los solventes se han convertido en la segunda droga más consumida en este sector. Y aun con esta evidencia no existen políticas para regular la oferta y la demanda.
Las cifras concuerdan con los datos de los CIJ del Distrito Federal. Para 2008, el consumo de mariguana e inhalantes estaba casi al parejo. Y también con las estadísticas de los infractores remitidos a juzgados cívicos de la ciudad por inhalar solventes o ingerir alcohol en lugares públicos: mientras que en 2005 fueron remitidas 27 mil 183 personas, en 2008 fueron 31 mil 964, es decir, casi cuatro mil más.
El nuevo boom de los inhalantes llegó acompañado de una estrategia de márketing. La venta ha salido de las tlapalerías y se ha instalado en fiestas y narcotienditas. La presentación es menos corriente, los proveedores idearon una imagen menos agresiva para el PVC: las latas de metal y ordinarios galones se sustituyeron por los envases de aquellas mamilitas rellenas de minichicles de colores con las que las niñas juegan a ser mamás o por frascos de plástico más estilizados.
Después, para aligerar su penetrante olor y así evitar que su característico aroma delate a sus clientes, diluyeron con agua el inhalante y lo combinaron con el centro líquido de un chicle o con esencias de fresa, coco, canela, chocolate, etc. Eso depende del gusto del consumidor.
Es un fenómeno cíclico. En los años 80 se vendía el resistol y el cemento en bolsas de plástico decoradas con diamantina y esencia de naranja, cuenta Héctor Castillo, sociólogo de la UNAM. Lo incoherente, afirma, es que se regrese a ellos, pues hace 20 años no se sabía cómo actuaban las sustancias industriales en el cuerpo humano, pero ahora ya está demostrado que es la droga más dañina.
Y es que ni las más originales presentaciones, ni el sabor o color más concentrados son capaces de reducir los riesgos de estos derivados de petróleo.
Pero Angel, Uriel y Jonathan, estudiantes de secundaria, creen que el nuevo diseño les garantiza una sustancia menos nociva que la de la tlapalería.
"Yo consumo activo, no PVC", dice convencido Jonathan, y hasta burlándose de quien pudiera pensar lo contrario.
Y si la comparan con otras drogas como la cocaína, mariguana y mentafetaminas la perciben inofensiva, porque su efecto, dicen, "es efímero". Por esta misma razón recurren a varias monas, para prolongar "el placer".
Bastan 15 minutos para sentir su efecto, similar al que produce el alcohol: primero se ponen eufóricos, después se desinhiben y se vuelven dicharacheros, pero cuando la dosis aumenta terminan aletargados. Y así de rápido llegan los estragos al cuerpo: mareo, náuseas y dolor de cabeza.
En 30 minutos ya atravesaron barreras: atacan directo el sistema nervioso central y obstruyen el bombeo de oxígeno en la sangre. Además, el corazón se acelera y el riesgo de muerte súbita en la primera inhalada está siempre presente, advierte el doctor Raúl Fernández Jofre, director del Centro Toxicológico de la Secretaría de Salud del Distrito Federal.
Pero todavía hay más: en tres meses causa lesiones irreversibles en el cerebro, porque mata el recubrimiento de las neuronas "y te quedas ciego, sordo, con insuficiencia renal, neumonía, cáncer de hígado y huesos. En poco tiempo limitan un futuro".
Son drogas subestimadas, y más porque sus usuarios son niños, que no alcanzan a comprender las consecuencias de experimentar con sustancias industriales no aptas para consumo humano. En el IMSS, la mayor prevalencia de consumo se ha detectado entre niños de 12 años.
"Es la primera droga con la que niños y adolescentes tienen contacto, porque la pueden obtener hasta en sus casas", alerta Miguel Angel Andrade Padilla, pediatra toxicólogo del instituto.
Ya ni siquiera hay que hacerlo a escondidas, para monearse no importa quién esté a su alrededor. Los chavos han perdido hasta el pudor, insisten educadores, y es tan fácil como tener la mona en una mano y la chela en la otra.
"Ahora es más tolerado ver a un adicto consumiendo drogas, y eso sólo es parte del peligro, porque no hay que olvidar que en el país existe un ambiente muy especial por la guerra contra el crimen organizado que puede propiciar la descomposición social", concluye Martín Ponce, especialista en jóvenes y violencia.
Esto aún empeora: hasta las autoridades solapan este problema. En medio de un creciente problema de adicciones con estas sustancias altamente nocivas, no existe un discurso que abra el debate para regular su distribución, cuando ya está demostrado que cada día los jóvenes recurren más a los solventes, de manera más sencilla y desinformada.
De hecho, el mayor castigo legal que pueden recibir por inhalar activo en la calle es que las autoridades llamen a sus papás para que los vayan a recoger a un juzgado cívico por haber cometido una falta administrativa. Sin embargo, la verdadera consecuencia de un consumo crónico de estas sustancias viene después: condena a los adolescentes a futuros llenos de enfermedad, sin inteligencia, truncados.