Monterrey, arrodillado ante el crimen

Nacional
/ 24 agosto 2010

    Si intentaban el plagio de una menor o fue una confusión de las bandas criminales, es lo de menos. Los hechos violentos del Colegio Americano sólo vienen a confirmar quiénes tienen la última palabra en las calles de Monterrey

    El enfrentamiento de ocho escoltas de seguridad de Femsa con 20 sicarios del crimen organizado en el Colegio Americano es la última escena en la escalada de violencia y psicosis social que se vive en Nuevo León.

    Y las versiones contrapuestas sobre el enfrentamiento despiertan más dudas que respuestas. Sobre todo cuando lejos de aclarar, se crea la confusión en un desfile de comunicados contradictorios.

    Para Femsa y sus escoltas, se trató de un error de los criminales, que los confundieron con una banda rival de sicarios.

    Pero su cadena de comunicados, hablando primero de heridos y luego reconociendo muertos, sembró más dudas que respuestas.

    Para el Consulado de Estados Unidos, sin embargo, existen sospechas suficientemente fundadas para presumir el intento de plagio de un familiar de un alto ejecutivo empresarial.

    Y por eso emitió un comunicado al que se adhirió la directiva del colegio. Para alertar a la comunidad norteamericana en Monterrey.

    Pero éste no sería el primer incidente que enfrentarían los escoltas de seguridad de Femsa. Meses atrás, otro familiar de un ejecutivo fue "asustado" por un comando de criminales que lo interceptaron. El hecho, se dijo entonces, era un mensaje.

    Pero que sea una confusión o un intento de secuestro es lo de menos. Lo que el crimen organizado exhibió en este episodio del Colegio Americano fue la superioridad y la impunidad con la que pueden operar a sus anchas en Monterrey.

    Primero, porque "no se llevaron a nadie".

    Simplemente secuestraron a los seis escoltas dedicados en cuerpo y alma a cuidar a ese "alguien" indefenso. Si eso sucede con quienes tienen la posibilidad de pagar protección, qué puede esperar el ciudadano común y corriente.

    Y segundo, porque el enfrentamiento se prolongó por 20 minutos, y ninguna fuerza de seguridad pública, municipal, estatal o federal, se hizo presente. Operaron con libertad en una de las horas críticas del colegio. El drama pudo ser peor.

    Más aún, devolver a cuatro de los seis escoltas levantados con vida es una muestra más de la afrenta de poder de un comando que envía un mensaje. "Podíamos haber matado a todos, pero se los devolvemos con vida".

    Y ese riesgo de que los escoltas vivos puedan identificar a sus peligrosos captores sólo puede obedecer a que los sicarios buscaban algo superior. Y esa intención es que los elementos de seguridad privada llevaran un mensaje de regreso a sus jefes.

    Coincidencia o no, el hecho del Colegio Americano sucede a 48 horas de que las cúpulas del sector privado de Nuevo León, lideradas por el Ccinlac, Coparmex y Canacintra, publicaran un desplegado exigiendo un "¡Ya basta!" contra la ola criminal en Nuevo León.

    Exigían al presidente Felipe Calderón el envío de más tropas del Ejército y la Marina para reforzar el combate a la delincuencia organizada. Y al gobernador Rodrigo Medina, su apoyo total a la petición.

    El desplegado fue publicado el miércoles por la mañana en los principales diarios locales y nacionales. Fue la mañana en que apareciera muerto el alcalde de Santiago, Edelmiro Cavazos, secuestrado por sicarios la madrugada del lunes.

    Los hechos, aunque aislados, podrían presumir la emergencia de una escalada de violencia tendiente a crear un clima de inestabilidad que propicie una crisis de gobierno.

    El hecho de que los últimos sucesos que han conmocionado a Nuevo León se hayan dado en enclaves donde se mueven ejecutivos, extranjeros, hombres de empresa y sus familias, eleva el nivel de intranquilidad.

    El Colegio Americano es una emblemática institución en la que cursan sus estudios de primaria a preparatoria los hijos de los ejecutivos estadounidenses que viven o trabajan en Monterrey.

    Ahí también estudian los hijos de los ejecutivos y empresarios de las grandes y medianas empresas locales.

    El levantón y muerte de los guardias es el evento más violento de su larga y respetada historia como uno de los mejores colegios de México.

    El Tecnológico de Monterrey es el otro ícono educativo con presencia nacional que en los últimos meses se vio envuelto en una crisis de seguridad, cuando fueron asesinados dos de sus estudiantes de excelencia en medio del fuego cruzado entre el Ejército y un grupo de sicarios.

    Y ni qué decir del secuestro y asesinato de Edelmiro Cavazos, el alcalde de Santiago, el pueblo mágico que es sede de decenas de fincas campestres de la clase media, media alta y alta de Monterrey.

    Asestar golpes en el Colegio Americano, en el Tecnológico de Monterrey y en Santiago equivale, para un vecino de la Ciudad de México, a que le vulneren el Colegio Cumbres, la Universidad Anáhuac o la Ibero, y le asesinen al alcalde de Valle de Bravo. Ése es el nivel de crispación social.

    Por eso comienza a hablarse de que no existen casualidades. Y que detrás de estos hechos presuntamente aislados, podría esconderse la estrategia de algunos políticos que, de la mano de la delincuencia organizada, buscarían recuperar privilegios perdidos.

    Y por ello buscarían la crisis de la todavía incipiente administración de Rodrigo Medina. Para que el descontento generado por la inestabilidad obligara a un relevo de mandos, al menos en áreas clave del gabinete, como la seguridad y el sistema judicial.

    La jugada final sería empujar el descontento popular para culminar, en el momento oportuno, con el relevo del mismo gobernador. Evaluemos.

     

    UN INTENTO DESESTABILIZADOR

    Si fue un intento de plagio o un encuentro armado, la amenaza a la iniciativa privada de Monterrey no fue fortuita.

    Apenas 48 horas después de que organismos empresariales publicaron un desplegado contra la inseguridad, el crimen organizado estaba a las puertas del Colegio Americano sobre la avenida Morones Prieto.

    El violento suceso ocurrió 24 horas antes de que personal del Consulado General de Estados Unidos visitara las obras de construcción de su nueva sede en Santa Catarina, muy cerca del Colegio Americano.

    Pero, sobre todo, esta amenaza, que muestra todas las características de ser un mensaje, parece ser un intento muy claro para desestabilizar políticamente al Estado.

    Porque flagrantemente, con lo sucedido el viernes a las puertas del Colegio Americano, los criminales ya golpearon tres áreas sensibles para las clases media y alta de Nuevo León.

    Al Colegio Americano, donde estudian los hijos de muchos empresarios y ejecutivos, los delincuentes llegaron armados justo a la hora de salida, cuando decenas de madres de familia, con choferes y guardias, esperan a sus hijos.

    Unos días antes habían secuestrado y asesinado a Edelmiro Cavazos, alcalde panista de Santiago, un poblado donde se ubican las residencias de fin de semana de las clases media, media alta y alta de Monterrey.

    Cavazos fue plagiado en las primeras horas del 16 de agosto y fue encontrado muerto la mañana del 18 en el camino a la Cola de Caballo, el mismo día en que apareció el desplegado que pedía más seguridad por parte del sector privado.

    Y en tercer lugar, el crimen organizado tendió hace tres meses una emboscada al Ejército a las puertas del Tec de Monterrey, donde estudian hijos de empresarios y ejecutivos no sólo de Nuevo León, sino de todo el país.

    Ahí, en medio del enfrentamiento, murieron dos estudiantes de posgrado sin que hasta hoy se conozcan más detalles que los reportes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que revelan la manipulación de la escena del crimen y la siembra de fusiles para hacer pasar a los alumnos por sicarios.

    Tres hechos que sacudieron y que buscan dividir al Estado en sus lazos fundamentales: en la educación, en la política y en la empresa.

    De paso, intentan crear una sensación de ingobernabilidad, que en estos momentos es la mejor opción para fomentar la delincuencia: "divide y vencerás".

    Hechos que son más peligrosos todavía si se presume la existencia de un grupo político que los alienta bajo la mesa porque sus intereses últimos están alineados con el control de la seguridad y de la política de la entidad.

    Y no sería ésta la primera vez. Ya en otras latitudes de México, los criminales enviaron mensajes a la sociedad con actos de terror o con advertencias de que los grupos económicos no deben intervenir en una guerra que, dicen, es entre ellos y el gobierno.

    El terrorismo sacudió hace dos años a Morelia, Michoacán, cuando el 16 de septiembre de 2008, sicarios ligados al cártel de La Familia arrojaron granadas a la masa que celebraba el Grito de Independencia.

    Hace un mes, un coche-bomba activado por el grupo La Línea estalló en Ciudad Juárez, Chihuahua, dejando un saldo de tres muertos y elevando la psicosis de una localidad que creía que en materia de inseguridad ya lo había vivido todo.

    Y ni qué decir de la advertencia del año pasado en la región de La Laguna, en Coahuila, donde la delincuencia envió a los empresarios cartas en las que les pedía no intervenir en su guerra de cárteles. Y que si respetaban esa petición, los delincuentes solamente atacarían a sus grupos rivales.

     

    COMUNICADOS ENCONTRADOS

    El grupo del crimen organizado identificado con Los Zetas en Santa Catarina estuvo justo a la hora de la salida de los niños del Colegio Americano y devolvió con vida a quienes hoy los pueden identificar.

    Por ello, independientemente de un intento de plagio en el Colegio Americano o un enfrentamiento fortuito, la lectura del hecho es que el crimen organizado pretendió enviar un claro mensaje a algunas de las cúpulas del sector privado.

    Porque los empresarios publicaron un desplegado contra la inseguridad apenas 48 horas antes del enfrentamiento. Y los hechos hacen difícil pensar en que los delincuentes actuaron por equivocación o de manera fortuita.

    En la balacera, el comando armado tomó de rehenes a seis o cuatro guardaespaldas. No se sabe con exactitud porque hay una versión que indica que los seis iban con vida cuando los sometieron y secuestraron en el enfrentamiento.

    Lo único cierto es que el parte final reconoce que fueron devueltos cuatro escoltas vivos y dos muertos.

    Incluso, fuentes de la Procuraduría indican que los llevaron hacia la carretera a Saltillo y que pudieron rastrear parte de su huida porque el vehículo de los escoltas tenía GPS.

    Pero independientemente de si los dos guardias muertos fueron ejecutados, o murieron durante el enfrentamiento, para los criminales hubiera sido menos arriesgado eliminar a todos.

    Sin embargo, el reto es evidente. Cuatro escoltas llegaron con vida a las puertas de Femsa cerca de las 2:00 horas del sábado. Los dos que murieron fueron colocados en la cajuela del mismo vehículo, unFord Fusion blanco, placas SHC 4535.

    Por fortuna hubo escoltas que fueron devueltos con vida, porque, por otro lado, es una clara señal de que la decisión de devolverlos -vivos o muertos- sólo estaba en manos de los criminales.

    Con su liberación, los delincuentes dejan en claro que no tienen temor de que los escoltas los puedan identificar y declaren en su contra. Existiría algo superior a esas vidas, y es el mensaje que puedan llevar a sus jefes, los empresarios.

    Por eso los entregaron a la empresa. Y aquí habría que preguntarse, si existiera, ¿cuál fue el mensaje con el que los regresaron?

    Y los liberaron en el mismo lugar donde hicieron lo mismo con otros plagiados. Como el ex secretario de Vialidad y Tránsito de Monterrey, Enrique Barrios, o Abel Guerra Morales, hijo del esposo de la alcaldesa de Escobedo.

    Ambos fueron secuestrados y puestos en libertad casi al final de la avenida Leones, en Cumbres.

    También queda al descubierto otro mensaje relevante porque los escoltas de esta empresa privada pertenecen a un grupo élite de seguridad en esta ciudad.

    Tienen amplia preparación en el uso de la fuerza y de las armas porque han recibido cursos de militares de las fuerzas especiales de Israel.

    Y, sin embargo, no pudieron consumar su propia defensa. Fueron sometidos, golpeados y obligados a regresar con lo que se presume es un mensaje.

    También está claro que el Colegio Americano, al recibir un comunicado del Consulado estadounidense, lo replicó y envió el mensaje de que "aparentemente" se trató de un intento de plagio del hijo de un alto ejecutivo de Femsa.

    Sin embargo, desde el viernes del incidente, que duró unos 20 minutos, se dieron distinta versiones. Unas por parte de Femsa, otras por los directivos del Colegio Americano y otras más.

    Y es que los errores de comunicación, principalmente por parte de la empresa, fueron constantes desde el viernes por la tarde, cuando los medios de comunicación buscaban afanosamente la información que parecía fluir con mayor facilidad de madres y conductores de vehículos que estaban presentes.

    Entre el viernes 20 y el sábado 21 de agosto, Femsa envió un comunicado en el que indicaba que había habido un enfrentamiento fortuito entre escoltas de la empresa que hacían un patrullaje por los alrededores del colegio y un grupo armado.

    Ese comunicado decía que tres de los escoltas habían sido heridos como consecuencia de la confrontación con los sicarios. Pero excluyó que había seis de ellos desaparecidos.

    Luego, el 21 de agosto por la tarde, Femsa envió un nuevo comunicado. Ahora sí, horas después de que durante la madrugada llegaron con vida cuatro de los guardias, señaló que habían muerto dos y que los otros estaban vivos.

    Pero la empresa reiteró que el enfrentamiento se debió a un encuentro fortuito entre un comando criminal y los guardias que patrullaban la zona.

    Hasta que en un comunicado con fecha del 22 de agosto, enviado alrededor de las 18:00 horas, el Consulado General de Estados Unidos dijo que había una investigación en curso y que aparentemente el objetivo de los criminales era el plagio de familiares de un alto ejecutivo empresarial.

    Incluso, en el mismo comunicado dirigido a los ciudadanos estadounidenses, el Consulado indicó que por el incremento en los niveles de inseguridad y porque los niños han sido cada vez más expuestos a la violencia, es mejor que se queden en casa.

    Jeff Keller, director del Colegio Americano, dice textualmente que no puede asegurar que los delincuentes trataron de plagiar a un niño, pero replica la tesis del Consulado General sobre esa posibilidad.

    Pero, de ser cierto, ese intento de rapto del hijo de un alto ejecutivo de Femsa no sería el primero.

    Hace algunas semanas, un grupo de la delincuencia organizada se enfrentó y sometió a escoltas de esa empresa en los alrededores del Estadio del Tec. Ocurrió durante un juego de los Rayados del Monterrey.

    Y en la balacera del viernes, además del mensaje que hizo llegar la delincuencia organizada cuando regresó a cuatro escoltas con vida, hay otro aspecto que pone en duda un enfrentamiento fortuito.

    Porque los hechos ocurrieron justo a la hora de la salida. Los padres de familia estaban haciendo fila en ambos accesos al colegio. En la avenida Alfonso Reyes saldrían los niños de los grados 1 al 3. Sobre Morones Prieto, los más grandes.

    Para los investigadores, resulta muy sospechoso que siendo justo la hora de salida, el comando hubiera llegado a las puertas del Colegio Americano, donde todo Monterrey sabe que escoltas adiestrados de corporaciones privadas aguardan la salida de los niños.

    Además, la salida donde fue el enfrentamiento está sobre la transitada avenida Morones Prieto, donde los escoltas regularmente no patrullan de un lugar a otro, como dice el comunicado de Femsa, sino que se estacionan y esperan a los niños.

    El Colegio Americano prometió una nueva comunicación. Entretanto, suspendió su open house, que sería el lunes 23 a las 20:00 horas, hasta nuevo aviso. Pero continuó con sus clases.

    Y mientras la delincuencia organizada y sus sicarios siguen atemorizando a todos los órdenes de gobierno y de la sociedad para enviar su mensaje de miedo, los grupos rivales continúan haciendo su guerra en la ciudad.

    Los cárteles de El Golfo, La Familia Michoacana y El Milenio ahora tienen más gente que nunca en la metrópoli regia. Su objetivo es acabar con Los Zetas, quienes históricamente controlaban esta plaza junto con El Golfo.

    Por ahora, lo único cierto es que Nuevo León continúa inmerso en una ola de violencia y de psicosis social que cada mañana obliga a repensar los limites de su inseguridad.

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