La sociedad civil en perspectiva
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Como dice Benjamin Barber (Jihad versus McWorld, New York, Ballantines Books, 1996, p. 281), la sociedad civil no es donde votamos ni donde compramos; es, más bien, donde nos organizamos con nuestros vecinos para procurar la seguridad mutua; donde planeamos los beneficios de nuestra comunidad.
México, D.F..- Convengamos en que el surgimiento de la sociedad civil, como concepto central de nuestra vida pública, se registró, emblemáticamente, con los terremotos del 19 y 20 de septiembre de 1985. Ante la ausencia, o por lo menos lentitud, del gobierno para responder a la contingencia, la gente optó por salir a las calles para auxiliar a sus familiares y amigos e incluso, en un impulso de hermandad para con los que habían caído en desgracia, a personas desconocidas.
Cómo no recordar aquellas cuadrillas de voluntarios que, encima de los escombros de los edificios derrumbados, con las herramientas que se tuvieran a la mano buscaban afanosamente salvar a quienes habían quedado atrapados o encontrar los cuerpos inermes de quienes habían perdido la vida para darles santa sepultura.
En paralelo se organizaron colectas y albergues para atender y alojar a los capitalinos que se habían quedado sólo con lo que llevaban puesto. La fraternidad comenzó a mostrar su rostro benéfico delante de la adversidad. Fluyó de vecino a vecino, de calle a calle, de colonia a colonia, de ciudad a ciudad e incluso de país a país.
Esa fue la manera en que los mexicanos descubrimos una fuerza que hasta entonces había permanecido en el interior de nuestras capacidades hasta que la furia de la naturaleza la obligó a mostrarse. Podíamos hacer las cosas por nosotros mismos sin esperar a que el Estado paternalista viniera a ver por sus hijos desamparados.
Han transcurrido 25 años y, en este lapso, la sociedad civil se ha abierto paso para hacer ver que en nuestro medio no sólo existe, por un lado, el Estado y, por otro, el mercado, como lo quiere una chata visión de las relaciones humanas. La sociedad civil ya tiene un lugar en el quehacer nacional y hoy se habla corrientemente de ella; los partidos políticos la cortejan e incluso el Presidente de la república le invita a las reuniones de Palacio.
La encontramos en las más diversas áreas: la defensa de los derechos humanos, la protección del medio ambiente, la vigilancia electoral, la organización vecinal, la lucha contra el cáncer y el sida, el auxilio a los menesterosos, los clubes deportivos, las asociaciones culturales. También la localizamos en agrupaciones filantrópicas y, últimamente, con gran fuerza, en las agrupaciones que luchan contra la inseguridad.
Como dice Benjamin Barber (Jihad versus McWorld, New York, Ballantines Books, 1996, p. 281), la sociedad civil no es donde votamos ni donde compramos; es, más bien, donde nos organizamos con nuestros vecinos para procurar la seguridad mutua; donde planeamos los beneficios de nuestra comunidad. En ese dominio nos convertimos en seres públicos y compartimos con el gobierno el sentido del bien colectivo, pero, a diferencia del gobierno, no buscamos el monopolio de la coacción física legítima. En la sociedad civil colaboramos voluntariamente y, en tal virtud, nos desenvolvemos en el terreno privado inclinado a la cooperación (no coercitiva). En esta esfera compartimos con el sector privado el don de la libertad, pero, a diferencia del mundo empresarial, no buscamos el lucro. La sociedad civil es voluntaria y está constituida por la libre asociación: "Ella es pública sin ser coercitiva, voluntaria sin ser privatista. Es aquí donde se encuentran nuestras instituciones civiles como fundaciones, escuelas, iglesias y otras asociaciones cívicas voluntarias. También los medios de comunicación son parte de la sociedad civil, siempre y cuando subordinen sus intereses comerciales a sus obligaciones civiles".
La sociedad civil, como concepto, surca la historia de la cultura occidental. Tradicionalmente fue contrapuesta a las sociedades salvajes (Adam Ferguson), a las sociedades militares (Herbert Spencer) y a las sociedades religiosas (Thomas Hobbes). El señalamiento es importante porque hoy en México la sociedad civil no sólo sufre el acoso del Estado y del mercado con fines de manipulación publicitaria y legitimidad inducida, sino también de lo que podríamos llamar la antisociedad civil representada por el crimen organizado, la militarización de la seguridad pública y la reversión clerical permitida por un gobierno de cepa confesional.
Considero que en lo futuro la sociedad civil mexicana tiene que actuar en dos frentes, el interno y el externo. En el plano interno llevando a cumplimiento el proyecto de la modernidad, es decir, reivindica la civilidad, en sus dos vertientes, como sociedad civilizada y no militarizada, y el laicismo. Ese es el legado, precisamente, de la Independencia y la Revolución.
En el plano externo hay mucho que hacer. Por ejemplo, extender las redes sociales, aprovechando las ventajas que brinda Internet, más allá de nuestras fronteras. El límite es la imaginación.
Hoy en la Historia de México
Raymundo Armijo Ortiz
13 septiembre de 1847
Cada día, al filo de las seis de la tarde, los cadetes del Heroico Colegio Militar recuerdan a sus hermanos caídos en un día como hoy, 13 de septiembre, pero del año 1847 en la lucha encarnizada por defender el célebre Castillo de Chapultepec; al ser pronunciados sus nombres a manera de homenaje en la lista de "presente", responden: "¡Murió por la patria!".
Los héroes niños caídos el 13 de septiembre de 1847 fueron:
* Teniente Juan de la Barrera. Nació en la Ciudad de México el 26 de junio de 1828. Se graduó subteniente de artillería el 18 de diciembre de 1841. Falleció heroicamente al rechazar el ataque inicial de las fuerzas militares norteamericanas al frente de 32 zapadores.
* Cadete Vicente Suárez. Nació en la angelópolis, Puebla, Pue., en 1823. Cubría el puesto de centinela en la entrada principal del Castillo y fue quien marcó el alto a la columna de asalto del Ejército enemigo; antes de caer lesionado en un costado y ser rematado a bayonetazos, hirió de muerte a un soldado de color y a otro le dio un bayonetazo en el estómago.
* Cadete Agustín Melgar. Nació en Chihuahua, Chih., el 28 de agosto de 1829. En la sala central de El Mirador del Castillo de Chapultepec, recibió dos heridas de bala además de un bayonetazo en el costado, en el cumplimiento heroico de su deber. Un médico norteamericano tuvo que amputarle una pierna; desangrado, fue encontrado muerto al día siguiente.
* Cadete Juan Escutia. Nació en Tepic, Nayarit, que por entonces pertenecía a Jalisco, el 22 de febrero de 1830. Vigilaba desde la azotea de El Mirador, cerca del torreón llamado Caballero Alto. Cuando se dio cuenta de que la bandera estaba en peligro de ser tomada por los norteamericanos invasores, se dispuso a arriarla, pero mientras realizaba la maniobra fue herido de gravedad; para evitar ser aprehendido se envolvió en el lábaro patrio y se lanzó heroicamente al abismo. Esa bandera la recogió el general Cadwalader, quien posteriormente la entregó como trofeo de guerra a la Academia Militar de West Point de Estados Unidos.
* Cadete Francisco Márquez. Nació en Guadalajara, Jal., a mediados de 1834. Su cuerpo fue hallado acribillado a balazos, a metros del lugar en que cayó Escutia.
* Cadete Fernando Montes de Oca. Nació en Azcapotzalco, DF, el 29 de mayo de 1829. Se asevera que murió durante la defensa del Jardín Botánico y que fue acribillado desde El Mirador; otros historiadores afirman que cayó en unión de Márquez cuando trataba de unirse al Batallón de San Blas, que hacía frente al enemigo invasor en la falda del cerro de Chapultepec.
Hoy serán recordados en el monumento a su hazaña levantado precisamente en el lugar de su sacrificio patriótico.