Sé a qué sabe el bizcocho y el corbacho
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El Quijote I, 22
El capítulo 22 de la primera parte de El Quijote trae el interrogatorio que el caballero manchego hace en el camino, donde los encuentra, a los galeotes. Se trata de delincuentes que “llevaban a donde no quisieran ir”. Llenos de cadenas y candados éstos, en número de hasta doce, son conducidos por “dos hombres de a caballo y dos de a pie” armados con escopetas y espadas. Van a remar a las embarcaciones o galeras del rey, como pena en castigo por sus delitos. Don Quijote quiere saber en cada caso cuáles fueron sus delitos.
Uno de los interrogados es Ginés de Pasamonte, también conocido con el sobrenombre de Ginesillo de Parapilla, que mucho le molesta. Le pregunta a su vez a don Quijote para qué quiere saber vidas ajenas. Y le dice que la de él está en un libro que escribió intitulado “La vida de Ginés de Pasamonte”, que comprende desde que nació hasta la última vez que fue llevado a galeras.
“¿Luego otra vez habéis estado en ellas? dijo don Quijote. Para servir a Dios y al rey, otra vez he estado cuatro años, y YA SÉ A QUÉ SABE EL BIZCOCHO Y EL CORBACHO”, respondió Ginés.
El bizcocho, pan de doble cocimiento (bis, coctus) se preparaba así para que se conservara sin enmohecerse en las largas travesías marítimas. Este tipo de pan es hoy más conocido con el nombre de galleta.
Y el corbacho era el azote con que se golpeaba la espalda de los galeotes para que no dejaran de remar.
La expresión proverbial “conocer a qué sabe el bizcocho y el corbacho”, usada en este pasaje por Pasamonte, se dice de alguien que ha tenido experiencias desagradables o dolorosas y las ha sabido sobrellevar.
La moderna crítica literaria identifica a este personaje Ginés de Pasamonte con quien en la vida real se llamó Gerónimo de Pasamonte, (casi) seguro autor del Quijote apócrifo, publicado en 1614 con el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda.
@jagarciavilla