Historia de un monedero
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A nuestro estado lo aquejan las dolencias endémicas de los regímenes totalitarios disfrazados de demócratas. En Coahuila, la demagogia y el populismo están metidos hasta el tuétano en el ejercicio de la función pública y lo más preocupante es que la gran mayoría de sus habitantes están acostumbrados a tan lamentables prácticas y las aceptan como un hecho irreversible.
Raya en lo grotesco lo que en estas latitudes ocurre. Hay un control férreo de todo cuanto se mueve. El peso del gobierno bicéfalo es de un rigorismo demoledor: "conmigo o contra mi". No hay de otra sopa. Se le repudia, pero es más el temor que se le tiene entre sus cómplices y/o beneficiarios. Y a la oposición -que sólo es una en Coahuila- le ha faltado inteligencia y determinación para confrontarlo, exhibirlo y desgastarlo.
La política comunicacional del moreirismo, alias priísmo, es parvularia, pero les funciona, las tres últimas elecciones las han ganado de calle y han dejado a sus adversarios políticos con un palmo de narices, y ni siquiera tuvieron que presentar en las contiendas candidatos brillantes, carismáticos, con trayectorias impresionantes, incluso algunas son cuestionables, y aun así lograron colocarlos.
Insisto, hay grave responsabilidad de la oposición en esto. La imaginación y la oportunidad han estado ausentes en el ataque y en el contraataque. Y el remate, haberles permitido a algunos de sus propios prospectos caer en la torpeza de emular y hasta de pretender superar las ofertas demagógicas y populistas en las que el tricolor es maestro, provocó que el elector, el que solía votar a favor, nos lo cobrara dándonos la espalda. Hicimos un boomerang. Cuando se vota por el retador, en este caso la oposición, el sufragante espera mucho a cambio; estoy clara de que hay carga emocional por toneles en la toma de esa decisión y que la reflexión no juega un papel relevante. Lo mismo ocurre cuando la frustración se hace presente provocando el retorno al pasado y si le añade al cóctel la desmemoria endémica que padecemos ¿a quién le extraña lo que está pasando? El PRI conoce esa anemia y desde el 2000 inició la reingeniería.
Sólo se recicló. El arsenal es el mismo. Los instrumentos ad hoc: el populismo y la demagogia. Los programas de "apoyo social" con su ultrajante carga de populismo constituyen su arma electorera de precisión. El "monedero de la gente" es el vehículo "estrella" que les permitió moverse a lo ancho y largo de Coahuila sin restricción alguna -¿cuáles reglas de operación?-, con todo el recurso público a disposición para repartir por y entre "sus bases" partidistas y arropados en la grosería de la opacidad institucional aquí instalada.
Los programas populistas nunca han resuelto la pobreza, sólo la palean. A los gobiernos demagógicos no les interesa que la gente salga del hoyo oscuro que es la marginación, porque un individuo bien comido, saludable, estudiado, informado, con techo y trabajo, es libre. Y el otro objetivo toralde programas como el "Monedero" que se les frustra de no aplicarse, es el fortalecimiento de la imagen mesiánica y el mito del gobernante preocupado por ayudar a los más pobres. Falacias y más falacias.
El dinero repartido es de los contribuyentes, es público. ¿No hay que informar cómo se distribuyó y a quiénes? ¿Hay que callarse ante semejante exhibición de corrupción y perversión en el ejercicio del poder público? ¿También es culpa de Calderón? ¿Y la oposición es taruga y no tiene mejores cosas que hacer, por cuestionar?
La solidaridad no significa crear programas populistas para satisfacer el ego y las aspiraciones de permanencia en el poder hasta la consumación de los siglos. Coahuila necesita un estadista con valor y con valores y con la suficiente inteligencia para resolver los problemas que la agobian, y la oposición volver a la calle para reconciliarnos con nuestros principios y empaparnos de realidad y dar la cara para que nos la conozcan y escuchar cuanto nos quiera decir y/o reclamar la ciudadanía, a la que nos debemos.