Falsa epifanía
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Los Tres Reyes Magos eran cuatro: Melchor, Gaspar, Baltasar y Donatello.
Cuenta la tradición que, a falta de un Julio Cepeda o Toys R Us -y dado que fueron avisados de último momento- para no llegar al baby shower más famoso de todos los tiempos con manos vacías, los sabios de oriente hubieron de improvisar regalos con lo primero que tenían a mano en casa.
Melchor, de escasa imaginación, decidió hacer un obsequio en efectivo.
-"Es que es mejor, porque con oro se compran lo que le haga falta al Niño y se evitan los obsequios repetidos", argumentó.
-"Pero no es elegante, Melchor. Se ve mal", le recriminó Gaspar.
-"Di lo que quieras, pero a ver qué cara pones cuando te des cuenta de que todos le llevaron la misma bolsita de incienso que tú".
-Por lo menos sus regalos no son un `roperazo' como el mío", intervino Baltasar. "Yo llevo mirra que me dieron en el intercambio de la Navidad del año pasado. ¡Qué bueno que no la saqué de su empaque original!".
Gaspar demoró un minuto y hasta entonces reparó:
-"Baltasar, el año pasado no hubo Navi.".
-"¿Tú qué llevas, Donatello?", interrumpió Melchor.
-¡Uff! ¡Yo sí que estoy lucido! Les llevo una tarjeta del Monedero de la Gente".
 (NOTA: El Monedero de la Gente era un programa de asistencia social implementado en aquellos años por el Rey Herodes con el pretexto de paliar los efectos de la pobreza entre las clases menos favorecidas, sin embargo, estudios recientes han demostrado que sus reales objetivos eran eminentemente populistas. Aunque comparte nombre con un programa de la actual administración de Humberto Moreira Valdés, en Coahuila, no existe entre éstos ninguna relación; no debe buscarse vínculo, nexo o alguna otra semejanza porque no existe. Atte: El autor).
-"¿Alguien sabe cuánto nos falta para llegar?", preguntó Gaspar que, si bien su camello, a diferencia del caballo, el elefante y la jirafa de sus compañeros, le daba un mejor rendimiento por litro de agua, también era considerablemente más incómodo.
-"Ya deberíamos estar allí, según las indicaciones".
-"¿Qué indicaciones?".
-"Segunda estrella a la derecha y directo hasta el amanecer".
-"¡Zopenco! ¡Esas son las instrucciones para llegar al País de Nunca Jamás! ¡No vamos a adorar a Peter Pan!
-"¿Ah, no?".
-"¡Dios, estamos perdidos! ¡Dios!".
-"Por esta noche será mejor que descansemos. Mañana proseguiremos nuestro viaje para destruir ese anillo".
-"¡No hay ningún anillo!".
Y es por eso que los Reyes Magos no se aparecieron por Belén hasta seis días después del Año Nuevo, y su conmemoración no es sino el epílogo de todo el jaleo de la temporada... FIN.
No falta el obtuso y recalcitrante católico que pueda encontrar un oprobio mayúsculo en todo esto que no es sino un inocente divertimento (y eso que hoy no nos metimos con las creencias, apenas con una ingenua tradición).
Yo pienso que, si se va a tomar la molestia de creer en un Dios, es mejor que sea uno tal cual lo describe el cursi poeta de Jaime Sabines: "Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. Dios está siempre de buen humor".
Pero si le gusta creer en un Dios iracundo que manda al infierno a todo el que hace chistes irreverentes, allá usted.
Si algo como Dios existiera, creo que estaría más allá de las capacidades de cualquier ser humano el poder ofenderle con las minúsculas acciones de su insignificante existencia.
Pero entre los mismos hombres sí que podemos ofendernos, y esto se hace muchas veces, precisamente, en el nombre de Dios.
De esto hablaremos, con el favor de su lectura, en la siguiente entrega.
petatiux@hotmail.com   Â