La otra inundación

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Opinión
/ 15 febrero 2010

El desbordamiento de la violencia tiene dos diques posibles. En la persona y en la sociedad.

En lo íntimo de la persona está la conciencia. Está la inteligencia que puede alcanzar la verdad. La voluntad que toma decisiones y la afectividad que puede enfermarse de egoísmo o llegar al verdadero amor.

Una educación valiosa es la que ilumina la conciencia con criterios sanos y nutre la inteligencia con nociones claras y objetivas. La que da a la voluntad motivaciones rectas y generosas y cultiva el corazón para buscar para todos el bien que se quiere para sí mismo.

Con una educación así el ser humano se capacita para una vida plena, libre y generosa, vivida en solidaridad y respeto a la humanidad y a la creación. Se levanta un dique interior que no es prisión sino defensa y límite que configura el mejor proyecto de sí mismo.

No se permite la irrupción de la violencia, de la fuerza ni para destruir ni para amedrentar. Se subraya la comprensión, la concertación, la complementación, con todo lo distinto, sin separarlo ni oponerlo.

Se tiene entonces la aptitud para enfrentar con madurez todas las diferencias y las disidencias, las contradicciones y las objeciones, sin declarar la guerra sino entablando el diálogo en que chocan las ideas sin que choquen las personas. Si la educación falla por no transmitir valores ni desarrollar las facultades ni mejorar las actitudes, el resultado es el egoísmo que sólo quiere gozar y tener y poder para una falsa autoafirmación que acaba negando la propia dignidad personal. Este es el trampolín para la delincuencia que esgrime la violencia como amenaza y agresión. Se levanta entonces el ídolo de sí mismo, al que se sacrifica lo trascendente para dejarse atrapar por lo inmediato.

La sociedad esgrime la sanción, que casi siempre es pagar o ser encarcelado. El sancionado es despojado de su dinero o de su libertad. Es el dique externo para contener una violencia que puede torpedear la paz social.

Sin educación suficiente y generalizada la violencia, sin dique interno, se desboca. Si el dique externo de la sanción es débil o tiene filtraciones y hoquedades, aparece la impunidad. La violencia entonces se vuelve pandémica como una inundación de aguas negras. Educar y sancionar serán verbos sin conjugación y serán incontables los damnificados...

El autor de Claraboya, quien ha escrito para Vanguardia desde hace más de 25 años, intenta apegarse a la definición de esa palabra para tratar de ser una luz que se filtra en los asuntos diarios de la comunidad local, nacional y del mundo. Escrita por Luferni, que no es un seudónimo sino un acróstico, esta colaboración forma ya parte del sello y estilo de este medio de comunicación.

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