Juárez. ¿Cuántos muertos más?

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Opinión
/ 1 febrero 2010

En Ciudad Juárez no hay gobierno. No existe autoridad, no se respeta la ley y nadie castiga -ni castigará-, a los responsables de masacrar a decenas de jóvenes. La madrugada del lunes fueron 15 asesinados durante una fiesta; semanas atrás 18 en un centro de rehabilitación; meses antes cientos de jóvenes, adultos, hombres y mujeres, asesinados. No para la ola criminal, a pesar de que el Ejército entró a Juárez y -luego de meses-, comenzó a salir para dejar en su lugar a cientos de policías federales que nada pudieron hacer para impedir la nueva masacre. En Juárez el miedo ya es terror, porque las bandas criminales han recurrido al terrorismo.

¿Qué es, si no terrorismo, el más reciente ataque a un puñado de jóvenes que se divertían en una fiesta privada? ¿Qué significa que una caravana de camionetas llegue a una reunión privada, que bajen una veintena de sicarios que separan a hombres -de mujeres y niños-, y los masacran? ¿Qué entender cuando a dos o tres días del crimen, no existe ninguna pista para detener a los responsables y hacerlos pagar por sus crímenes? ¿Cuál es el mensaje -además del impacto de muerte-, que envían los barones del crimen? El mensaje es claro para todo aquel que quiera verlo. En Juárez mandan las bandas criminales, en Juárez no existe el alcalde, ni la policía local, tampoco la estatal y menos la federal. En Juárez impera la ley del crimen, gobierna el crimen, y manda el crimen. La gran pregunta es si ante la monumental incapacidad de los gobiernos municipal, estatal y federal -y ante la fuerza de la costumbre-, tendremos que aceptar que Juárez es el gran fracaso del Estado mexicano.

Pero el de Juárez no es sólo el fracaso del Gobierno Federal azul o el estatal tricolor. En Juárez presenciamos todos los días el fracaso de la clase política en su conjunto, toda, cuyos partidos, gobiernos, legisladores y líderes han sido incapaces de construir las nuevas fortificaciones jurídicas y políticas que garanticen la salud y eficacia de los gobiernos y sus instituciones. Todo ello ante el embate criminal. Juárez se ha convertido en crisol de la miopía de la clase política -sea azul, tricolor o amarilla-, de la pequeñez de sus dirigentes, la timorates de sus gobiernos
y la mezquindad de sus políticos. ¿A quién, de entre los señores César Nava y Jesús Ortega, y de la señora Beatriz Paredes, les importa lo que pasa en Juárez? Les importa sí, que el monigote gobernante -el que se va o el que llega-, sea tricolor, azul o amarillo, pero nada les importa lo que sufre la gente. Juárez, y todo Chihuahua, viven ya la disputa política para renovar gobiernos municipales y el estatal.

¿Pero qué elegirán los habitantes de Chihuahua y -sobre todo-, de Ciudad Juárez, si el verdadero poder y la ley rebasan a los partidos, los candidatos, los puestos de elección popular. Los electores de Chihuahua y de Juárez saben a quiénes podrían elegirán en las urnas -sea por el PRI, PAN y PRD-, para los cargos de gobernadory alcaldes. Pero no sabrán para qué los elegirán. ¿Por qué? Porque el nuevo alcalde o el nuevo gobernador nada podrán hacer frente al poder real en Juárez y en Chihuahua. como nada podrán hacer los nuevos gobernadores en Durango, Michoacán Sinaloa... ¿Qué hicieron el gobernador y el alcalde salientes de Chihuahua y de Juárez, para combatir al crimen organizado? ¿Qué harán el gobernador entrante y el alcalde saliente? La respuesta es aterradora. Nada. ¿Qué hizo la Sedena, que hace la SSP? Hasta hoy muy poco. El rescate de Ciudad Juárez, de Chihuahua -y de otras regiones completas del país que están en manos del narcotráfico-, reclama políticas de Estado que vayan más allá de los rencores y las rencillas políticas, que trasciendan las mezquindades políticas y las venganzas de poder.

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